Europa tiembla por su dependencia alemana

La canciller alemana, Angela Merkel. /efe
La canciller alemana, Angela Merkel. / efe

Alemania , cuyo PIB cayó el 0,2% en el tercer trimestre, es el gran socio comercial de 17 Estados miembros

ADOLFO LORENTE

Cuando en Europa se habla de Alemania conviene usar mayúsculas, sobre todo en la economía, esto es, las cosas del comer. Por eso hace un mes, el 14 de noviembre, Eurostat provocó más de un amago de infarto cuando adelantó el primer 'flash' de cómo había evolucionado el PIB de los países europeos en el tercer trimestre del año. Como de costumbre, datos modestos, aunque con el verde dominando la escena.

Sin embargo, un signo negativo convulsionó la estadística. La economía alemana, la locomotora, se había contraído el 0,2%. Nadie esperaba alharacas, cierto, pero tampoco eso. Preocupación, dudas, miedo... Los fantasmas del pasado resucitaban con fuerza. Alemania son palabras mayores. Pero, ¿por qué? La 'germanodependencia' que tiene el resto de países es enorme, como se evidencia en el capítulo comercial.

A la espera de que se despeje el sudoku del 'brexit' dentro de poco más de cien días, la Unión Europea sigue escribiéndose a 28 con un PIB que ya ha superado los 15 billones de euros (sí, con 'b'). De ellos, más de un 20% los aporta un único Estado miembro: Alemania. Y cuando se habla sólo de la Eurozona, de los Diecinueve, ese porcentaje supera incluso el 30%. De ahí que sea tan importante hablar de los grandes, del eje Berlín-París-Roma-Madrid, que aportan un 80% de la riqueza de la moneda común.

¿Por qué es tan importante Alemania? Entre otras cosas, porque diecisiete Estados miembros tienen al país liderado por Angela Merkel como principal socio comercial, ya sea en lo referido a las importaciones como, sobre todo, a las exportaciones. Esta es la clave de todo. Vender. Si tu cliente lo está pasando mal, deja de comprar y el temido efecto dominó pronto se traduce en un preocupante frenazo. He aquí el gran temor.

Que se lo pregunten a la República Checa, que exporta a la gran locomotora el 33% de sus ventas. Así lo constatan los últimos datos del departamento de Comercio de la Comisión Europea, que sitúan a Austria como el segundo país con mayor dependencia alemana, adonde se dirigen el 29% de sus exportaciones. Lo mismo sucede con Hungría (28%), Polonia (27%), Luxemburgo (26%), Países Bajos (24%) o Rumanía (23%).

Respecto a las grandes potencias, Francia (15%) e Italia (12%) también tienen a Alemania como principal destino de sus exportaciones. Por contra, Reino Unido tiene a Estados Unidos como el gran referente (13%) y España a Francia (15%). Sin embargo, en ambos casos, Alemania se sitúa en el segundo puesto a muy poca distancia de alcanzar el liderato.

En lo referido a las importaciones, Austria es el país más 'sensible' a los vaivenes económicos del gigante europeo. El 42% de sus compras llevan sello alemán. Le siguen República Checa (30%), Polonia (28%), Hungría (26%), Dinamarca (21%) o Rumanía (20%). En este capítulo, es llamativo cómo el resto de grandes países de la UE tienen a Berlín como referente y gran proveedor. Así sucede con Francia (19% del total de sus compras), Italia (16%), Reino Unido (14%) y España (14%). ¿Y Alemania? ¿Cómo queda su 'mix' comercial? Estados Unidos lidera la clasificación de exportaciones, con el 9%, y Países Bajos el de importaciones, con el 14%.

¿Resurreción a final de año?

Entonces, ¿qué está pasando en Alemania? ¿Por qué se contrajo el PIB? Primero, y sobre todo, por el impacto negativo que está sufriendo el sector automovilístico por la crisis del diésel y las distintas homologaciones. Segundo, la caída de las exportaciones fruto de la guerra comercial impulsada por el presidente estadounidense, Donald Trump, con China. El gigante asiático ha levantado el pie del acelerador en sus compras y Alemania lo está notando sobremanera. Ojo, que cuando se habla de guerras comerciales a tal escala se sabe cómo se empieza, pero nunca cómo se acaba. Hay dos opciones: o mal... o muy mal.

El 'shock' inicial parece haberse mitigado con el paso de las semanas. Los expertos insisten en aclarar que fue ocasional, algo así como un mal sueño motivado por una conjunción de factores que no tiene por qué repetirse. Así lo señala a este periódico el excomisario de Economía, Competencia y exvicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia: «Hace poco coincidí con un importante economista alemán en Londres y me dijo que la previsión es que la economía alemana pueda crecer en torno al 1%, o incluso algo más, en el cuarto trimestre gracias al efecto rebote de la caída del tercero», explica.

A la espera de que se materialice esta supuesta resurrección, el frenazo alemán llega, además, en un momento clave para el futuro de la Eurozona, con sus líderes políticos en huelga de brazos caídos instigados, paradójicamente, por Alemania. Pese a la guerra comercial o el creciente populismo, son incapaces de pactar un acuerdo mínimamente ambicioso para continuar la integración de la Unión Económica y Monetaria con la culminación de la unión bancaria.

Poco les importa que Mario Draghi se desgañite advirtiéndoles de que el Banco Central Europeo no puede hacer siempre el trabajo sucio, que el 'ahora o nunca' no es literatura barata. El viernes, de hecho, el BCE puso fin a la histórica era de los estímulos después de haber inyectado 2,6 billones. Es verdad que el italiano ha tejido una red de seguridad y que los tipos siguen al 0%, pero la incertidumbre ha llegado para quedarse.

 

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