El BCE desinfló el fichaje de Orcel por el elevado coste de 50 millones de euros

Andrea Orcel. /Reuters
Andrea Orcel. / Reuters

A la oposición de la autoridad monetaria, contraria al reparto de poder en la cúpula del Santander, se sumaron sus fricciones con UBS

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Los analistas no acaban de rascarse los ojos ante el cambio de criterio por el que Santander frenó en seco la contratación de Andrea Orcel como consejero delegado. Más allá de que el banco considera «inaceptable» pagar 50 millones de euros por ese fichaje cuatro meses después de que la entidad lo hiciera público con sesión de fotografías incluida, en el sector financiero reconocen que la sombra de los supervisores también ha influido en este cambio de opinión.

El Banco Central Europeo (BCE) ya se encontraba susceptible con el reparto de poder que tenía Santander, como la mayor parte de los bancos españoles, con un presidente ejecutivo y un consejero delegado. El supervisor prefiere un reparto mucho más claro de las competencias, con las que el poder se encontrara en manos del consejero delegado y no en las del presidente, para así mejorar el gobierno corporativo. La posibilidad de que Santander llegar a pagar una factura de 50 millones de euros por los servicios de Orcel «habría sido la gota que colmó la paciencia del supervisor», indican fuentes del sector.

En un momento en el que la reputación de la banca no pasa por su mejor estado, anunciar un fichaje millonario habría levantado muchas suspicacias en el BCE. Atrás quedaron los tiempos en los que el propio Santander pagó 88 millones en concepto de pensión para su exconsejero Alfredo Sáenz; 66 millones por la salida de Francisco Luzón, quien fuera número tres; o 108 millones a Ángel Corcóstegui en 2002.

La propia negociación entre Santander y UBS -el banco de inversión en el que Orcel era co-consejero- tampoco funcionó bien, a la vista del resultado final. En la carta que la presidenta Ana Botín remitió a su plantilla explicaba que era «inaceptable» pagar esa factura para «un banco comercial», considerando a UBS como una entidad de inversión y no como un competidor. Pero la firma de origen suizo no veía bien el fichaje precisamente por identificar al Santander como parte de la competencia que le robaba a su ejecutivo. Ni siquiera el mercado ha visto con malos ojos que Orcel no sea el consejero delegado, al estimar que habría sido un perfil poco ligado a la banca 'retail' característica del Santander cuyas acciones subieron este miércoles un 1%.

ERE y plan estratégico

Con la opción del banquero de origen italiano descartada será José Antonio Álvarez quien dirija el timón del banco, junto a Ana Botín. No será un puesto provisional: «Estoy segura de que seguiremos trabajando juntos», auguraba la presidenta en su misiva a la plantilla. Álvarez tendrá que afrontar el plan estratégico de la entidad para los próximos años, que se había quedado congelado a la espera de la llegada de Orcel.

Además, deberá iniciar en breve las negociaciones con los sindicatos para reducir la plantilla tras la integración entre Santander y Popular, una vez analizadas las sucursales que deben ser cerradas por solapamiento. Álvarez ya apuntó que espera que la mayor parte de las salidas sean acordadas y no traumáticas.

 

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