Adiós de Alonso a la F1

Fernando Alonso, un piloto de domingo por obligación

Fernando Alonso, durante la clasificación en Yas Marina./Srdjan Suki (EFE)
Fernando Alonso, durante la clasificación en Yas Marina. / Srdjan Suki (EFE)

El asturiano, que saldrá 15º en su último Gran Premio, 'sólo' consiguió 22 'poles' en su carrera deportiva, pero ha dejado su huella con memorables salidas y remontadas épicas

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Fernando Alonso se va este domingo de la Fórmula 1 tras una carrera con unos números que hablan por sí mismos: dos Mundiales, 312 Grandes Premios, 32 victorias, 22 'poles', 23 vueltas rápidas, 97 podios… Cifras que ya quisieran muchos pilotos, tanto presentes como pasados y futuros, cuando repasen su trayectoria en el 'gran circo'.

Porcentualmente, y teniendo en cuenta los años en el desierto con McLaren en los últimos tiempos, Alonso ha logrado casi un 11% de victorias con respecto a los Grandes Premios disputados, un 31% de podios y sólo un 7% de 'poles'. Es aquí donde, si hay que encontrarle una mancha al sol, se encuentra el talón de Aquiles del asturiano. Mientras hombres como Ayrton Senna, Michael Schumacher o el propio Lewis Hamilton han conseguido asentar su reinado bajo los cimientos de las 'poles', Alonso no lo necesitó nunca. Los esfuerzos se pusieron en carrera desde el principio, bajo esa máxima de «los puntos se dan el domingo».

Alonso siempre ha sido un piloto de los que dan el máximo en carrera. Sólo hay que considerar un factor por el que aún este domingo le van a temer los que arranquen por delante: sus salidas. Alonso es capaz de ganar en los primeros metros de un Gran Premio las dos, tres, cuatro o seis posiciones que no logró durante la clasificación del día anterior. Sólo hay que buscar en YouTube sus salidas de Singapur 2013, Italia 2011, Estados Unidos 2004 o incluso Bélgica 2015, con el paupérrimo McLaren Honda de esa temporada. Pero encima de todas ellas, el GP de España de 2011, cuando Alonso logró quitarse de encima a los dos Red Bull que luchaban entre ellos para pasar de la cuarta posición a la primera al adelantarles por el interior en la curva al final de la recta de Montmeló. Él mismo la considera la mejor de su carrera.

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Esta característica propia del pilotaje de Alonso hace que no haya sido necesario para él luchar tanto los sábados como el domingo. Es de Perogrullo concluir que si hubiera salido desde la 'pole' más veces, probablemente hubiera ganado más carreras: a menos coches que adelantar, más sencilla es la victoria. Sin embargo, el asturiano no lo ha necesitado, ni siquiera en sus años de dominio con Renault, cuando marcó seis 'poles' en 2005 y otras tantas en 2006. Eran sus resultados del domingo los que le han hecho marcar la diferencia.

De hecho, esta ha sido una de sus grandes quejas durante toda su carrera en Fórmula 1. Nunca ha tenido un coche dominante, algo que se nota especialmente a una vuelta cuando los pilotos deben jugársela en la clasificación. En 2010 y 2012, sus años de los subcampeonatos 'in extremis' frente al Red Bull de Sebastian Vettel, Alonso sólo marcó dos 'poles' en cada año, y sin embargo ganó ocho Grandes Premios (cinco en 2010 y tres en 2012). Vettel le ganaba el sábado, pero Alonso conseguía, sino ganarle, minimizar su rendimiento todo lo que podía para el domingo.

Las 'machadas' con McLaren

Si hubo una temporada en la que Fernando Alonso sí tuvo coche, más allá de los años 2005 y 2006, ese fue el 2007. La conjunción McLaren-Mercedes vivía un nuevo momento de esplendor antes de que Adrian Newey pergeñase unos imbatibles monoplazas en los años siguientes, previo estudio fehaciente de los dobles difusores que le dieron el solitario título al fugaz BrawnGP. En la temporada más tumultuosa de su carrera deportiva, y una de las más mediáticas y emocionales de la historia de la propia Fórmula 1, sólo marcó dos 'poles', pero acabó el año peleando con Lewis Hamilton y con Kimi Räikkonen, que se llevó el gato al agua.

En el epílogo de su carrera en el 'gran circo', en la caótica segunda etapa en el equipo de Woking, han sido sus labores al volante las que han salvado del ridículo a McLaren. Alonso pasó, como de la noche a la mañana, de pelear por verse en el 'top 5' a que esa zona fuese terreno vedado. Los motores Honda que llevó durante tres de sus últimas cuatro temporadas le mandaron al fondo de la parrilla: pasar de la Q1 era un éxito; hacerlo de la Q2, un milagro. En este último año, con una unidad de potencia Renault conseguida 'in extremis', la cosa no ha ido mucho mejor. Empezaron el año dentro de lo que cabe bien, consiguiendo que la Q2 fuese una zona de confort en la que la lucha por los puntos se hacía factible.

En las cinco primeras carreras, Alonso entró en el 'top 10', con un quinto puesto esperanzador en Australia que le hizo decir eso de «ahora podemos luchar», que muy pronto se convirtió en una frase que le ha perseguido durante toda la campaña. De esas cinco carreras, sólo en la última, el GP de España, consiguió pasar a la Q3 -fue 8º y acabó 8º-. Las remontadas no sólo se convirtieron en una necesidad, sino en una obligación. Gracias a ellas, McLaren salvó los muebles como pudo y, con ello, parte del presupuesto.

Este 25 de noviembre, Fernando Alonso saldrá en 15ª posición en su última vez en una parrilla de Fórmula 1 como piloto. El objetivo será el mismo, acabar la carrera y si puede ser entre los diez primeros, en el Gran Premio que marcará un punto y aparte -quizá final, quizá seguido- en la historia del automovilismo reciente. Y, otra vez, tendrá que remontar, como cada domingo.

 

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