Atletismo

Sota, caballo y rey Kipchoge

Eliud Kipchoge batió el récord del mundo del maratón. /Afp
Eliud Kipchoge batió el récord del mundo del maratón. / Afp

El mejor maratoniano de la historia sigue un sistema de entrenamientos «muy rutinario», no se salta una sesión por muy enfermo que esté y hasta hace regalos a sus compañeros

MIGUEL OLMEDAMadrid

El pasado domingo, en Berlín, Eliud Kipchoge firmó con mayúsculas los libros de historia del deporte. Con una sonrisa en la boca y una zancada hipnótica, el keniano de 33 años cruzó la meta unos metros más allá de la Puerta de Brandeburgo. El enorme cronómetro sobre su cabeza marcaba dos horas, un minuto y 39 segundos. Destrozaba el anterior récord mundial de su compatriota Dennis Kimetto por un minuto y 18 segundos, la mayor mejora de una plusmarca de maratón en 51 años.

Pese a ello, no hay secretos con el último heredero de Filípides: es un elegido. Eso sí, con una profesionalidad y una fuerza de voluntad lejos del alcance del resto de los mortales, por mucho que Nike se empeñe en hacer creer lo contrario. «Sus entrenamientos son muy rutinarios, no tienen nada del otro mundo», señala a este medio Marc Roig, fisioterapeuta catalán en el campo que el NN Running Team, el equipo de Kipchoge creado por Global Sports Communication, tiene en Kaptagat (Kenia). «Todo se repite cada quince días. En realidad, cada siete, porque sólo cambia la tirada larga del jueves, una semana de 30 kilómetros y otra de 40», apunta Marc, que también trabaja como liebre para algunas de las atletas del grupo.

«Quizás por eso tenga tanta fiabilidad», expone, y es que Kipchoge ha ganado diez de los once maratones que ha corrido, ocho de ellos por debajo de dos horas y cinco minutos. No aparenta grietas. «Cada semana va acumulando más kilómetros al global. Hace preparaciones relativamente largas sin competiciones entre medias para no distorsionar, y a partir de los dos meses ya está a tope y él lo sabe», aunque no por ello corre más de la cuenta en los entrenamientos. «Hay muchos atletas que van más rápido que él, de hecho», apunta Marc Roig.

«Un compañero total»

Sin embargo, al final de cada sesión, no hay día que Kipchoge no termine entre los primeros del grupo. «Tiene una voluntad muy por encima del resto. Ya puede tener una mala noche, o estar con dolor de tripa. Corre como siempre, es muy profesional», destaca el catalán, «y eso lo nota en competición porque está acostumbrado a ello». Así, poco le importa que se le salgan las plantillas de las zapatillas, que diluvie, que las liebres se inmolen en los primeros cinco kilómetros, o que tenga que correr en solitario los últimos 17 para batir el récord mundial, que Kipchoge sabe lo que se hace.

Además, el plusmarquista keniano se desvive porque la vida en el campo de entrenamiento de Kaptagat sea lo más acogedora para sus compañeros. «El 'training camp' es de NN (Nationale-Nederlanden), pero Eliud hace pequeños regalos y obsequios. Considera el campamento como su casa». Y es que los atletas del grupo viven allí de lunes a sábado alejados de sus familias -Eldoret está a 25 kilómetros-. «Kipchoge es compañerismo total, no se cree un Messi o un Cristiano Ronaldo por ser el mejor», recalca Marc Roig. En la faceta humana, Kipchoge también es el número uno.

Contenido Patrocinado

Fotos