Análisis

Zidane saca brillo a sus jóvenes diamantes

Fede Valverde, en una acción ante Cazorla. /EP
Fede Valverde, en una acción ante Cazorla. / EP

El francés consolida su apuesta por Valverde y Brahim, que junto a la vuelta de Vinicius y los goles de Mariano y Vallejo dan motivos para la esperanza de cara al futuro

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Con once partidos por delante convertidos en mero trámite y mucho más que perder que ganar, Zinedine Zidane aceptó retornar al banquillo del Real Madrid para apartar el grano de la paja de cara a la confección de la plantilla para el curso venidero. Expondrá su crédito cuando baje el telón de una temporada aciaga como pocas en Chamartín, pero mientras tanto apura las citas para cribar recursos. Y a la par que unos se caen del 'casting' por el peso de la evidencia, caso de Gareth Bale o Dani Ceballos, otros suman méritos para superar la reválida a base de trabajo, descaro y talento. A la cabeza de estos últimos, Fede Valverde y Brahim Díaz, cuyas destacadas actuaciones ante el Villarreal les confirman como figuras a tener en cuenta de cara al Real Madrid que está por venir.

El regreso de Zidane les ha venido como agua de mayo al uruguayo y al malagueño. El francés les ha dado minutos, les ha regalado elogios, siempre contenidos en su afán de evitar que pierdan la perspectiva al calor de los aplausos de una hinchada ávida de detalles con los que ilusionarse, y ambos están respondiendo a la confianza del preparador con entrega, empuje y destellos que confirman que el reto no les viene grande. Es en la adversidad cuando se prueba el carácter, y tanto el charrúa como el andaluz están demostrando que tienen el cuajo suficiente para vestir la zamarra del Real Madrid.

Reclutado hace cuatro años a cambio de cinco millones de euros, Fede Valverde, por entonces gran promesa del Peñarol, llegaba con la vitola de volante creativo de buen despliegue físico cuya constitución y habilidad le valieron el apodo de 'El Pajarito' a muy tierna edad. El Arsenal de Arsène Wenger le cortejó y también atrajo el interés del Barcelona pero el Madrid, que había desplegado ya su red de ojeadores por Sudamérica para hacerse con las joyas del futuro, apostó más fuerte. Juni Calafat, jefe del fútbol internacional del Real Madrid, fue clave en su fichaje, como más tarde en los de Vinicius, Rodrygo o Militao.

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Balón de Plata en el Mundial de Corea Sub-20, pasó una temporada en el Castilla, donde Santiago Solari lo empleó como medio ofensivo para aprovechar su potencia y llegada. La siguiente campaña salió cedido al Deportivo para que se curtiese en Primera y, aunque su adaptación no fue fácil en un equipo que terminó descendiendo, en Valdebebas mantuvieron la fe en sus posibilidades. Tanto que cuando Mateo Kovacic optó por marcharse al Chelsea y Julen Lopetegui reclamaba un sustituto para el croata, en el club le insistieron en que lo mejor era darle cuerda al charrúa.

Casi inédito con el guipuzcoano, que sólo le dio 36 minutos ante el Viktoria Pilsen en la Champions que aprovechó para meterle un balón a Bale que terminaría en el gol de Marcelo, se asentó con Solari, con el que participó en 17 partidos. Y Zidane está terminando de consolidarle. El francés le ha alistado en seis de los últimos nueve encuentros, cuatro de ellos como titular. Empeñado en contar con volantes más verticales –de ahí su interés en Paul Pogba-, Zidane ha encontrado en Valverde una pieza interesante. Con el pasaporte español ya en su mano, trámite que le permite liberar una plaza de extracomunitario que ocupará Rodrygo, su futuro sigue pasando por Chamartín.

Redención de Mariano y Vallejo

Lo mismo desea Brahim, que se ha ganado a Zidane con su atrevimiento. «Cuando coge el balón se va a la portería. Puede hacerlo bien o mal, pero es un jugador que siempre quiere buscar el espacio», dijo el marsellés tras la actuación de su pupilo frente al Villarreal, clave al birlarle el balón a Cazorla que permitió el primer tanto de Mariano. El malagueño volvió a tirar de repertorio como ante el Getafe. «Le gusta jugar y me gustan los jugadores que juegan. No tiene miedo, maneja las dos piernas, es rápido…», había señalado aquel día el francés, que le ha dado seis partidos que han servido para enganchar a la parroquia blanca, que le despidió con aplausos ante el Villarreal cuando dejó su puesto a Vinicius.

El madridismo vibra con el descaro del ex del Manchester City como con las virguerías del brasileño. Los jóvenes cuentan con el margen de error que se les niega a veteranos como Bale, por lo que se aplauden los goles de Mariano tras una temporada por debajo de las expectativas y marcada por las lesiones como la de Vallejo, que firmó ante el cuadro groguet su primera diana con el Real Madrid. La llegada de Militao hace inevitable la salida del aragonés, para el que se perfila una cesión, el mismo camino que podría seguir Brahim. Ambos, en cualquier caso, salen reforzados de la pasarela que ha montado Zidane, por la que ya no desfilan defenestrados como Bale o Ceballos y que pisan poco futbolistas como Asensio y Nacho, a los que no necesita ver ya que tiene suficientemente diagnosticados, o Isco, cuya continuidad sí genera dudas por la necesidad de hacer caja.