Real Madrid

La resaca mundialista pasa factura a Modric y Varane

Modric, en una acción ante Saúl durante la Supercopa de Europa. /Janek Skarzynski (Afp)
Modric, en una acción ante Saúl durante la Supercopa de Europa. / Janek Skarzynski (Afp)

El precedente de Cristiano, que tuvo un inicio complicado tras la Eurocopa de 2016, señala el camino al croata y al galo

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Luka Modric y Raphael Varane vivieron días gloriosos durante el Mundial de Rusia. El centrocampista catapultó a la selección croata a un subcampeonato por el que pocos hubiesen apostado y salió con el Balón de Oro bajo el brazo que le acreditaba como mejor futbolista del torneo. Aún más feliz se marchó el central, que a sus 25 años se colocó una estrella en el pecho de la elástica 'bleu' que sumar a las cuatro 'orejonas' que atesora con el Real Madrid. Figuras capitales en el desempeño de los combinados dirigidos por Zlatko Dalic y Didier Deschamps, cruzaron sus caminos en el Luzhniki de Moscú el 15 de julio y se fueron de vacaciones. Quedaron en verse en Valdebebas tras el merecido descanso, pero su retorno no está siendo tan plácido como les hubiese gustado. Son víctimas de la resaca mundialista, que también pasa factura a otras estrellas como Antoine Griezmann, rival en la Supercopa de Europa, donde ni el atlético ni los madridistas brillaron. Ante el Getafe, ninguno de los finalistas blancos en los dominios de Vladímir Putin partió de inicio y sólo el balcánico tuvo minutos en el tramo final para seguir rodándose. Cortos de preparación, precisan de una puesta a punto como la que demandó Cristiano Ronaldo tras la Eurocopa de 2016.

El luso sufrió como nunca en Saint-Denis aquel 10 de julio. Lesionado por una entrada de Dimitri Payet, abandonó el campo en el minuto 24 y desde la banda siguió las peripecias de sus compañeros hasta la explosión de júbilo que le provocó el gol de Éder. Se le diagnosticó un esguince del ligamento lateral interno de grado I en la rodilla izquierda con un pronóstico de cuatro semanas de baja. Imposible que estuviera listo para el 9 de agosto, cuando el Real Madrid se jugaba la Supercopa de Europa con el Sevilla en Trondheim. Aquel percance cambió para siempre la preparación del portugués. Al cuerpo técnico, encabezado entonces por Zinedine Zidane, ni se le pasó por la cabeza forzar los tiempos. Aun siendo un contratiempo, el marsellés lo enfocó también como una oportunidad. Trasmitió al portugués que lo primero era recargar la mente y a continuación le convenció de que asumiese el plan que había trazado. Debía entrar poco a poco en faena, olvidándose de aquellos vertiginosos inicios enfocados a reventar registros numéricos para concentrarse en ser decisivo en el periodo clave de la temporada.

El de Madeira regresó al ralentí. Debutó marcándole al Osasuna en la tercera jornada de Liga, pero firmó su peor inicio de temporada desde el año de su llegada al Real Madrid con cuatro goles en sus nueve primeros partidos, dato que contrastaba con los diez tantos que selló en otros tantos duelos al comienzo del curso anterior. Prematuros análisis vaticinaron que le había llegado el ocaso. Terminó la campaña con 51 dianas en 48 choques, las dos últimas en Cardiff para amarrar la 'duodécima'.

Baluartes

Salvando las distancias teniendo en cuenta que fue una lesión lo que postergó la entrada en acción de Cristiano tras la Eurocopa de Francia, Modric y Varane también precisan tiempo para disipar una resaca mundialista que se hizo patente en Tallín. El francés fue titular allí. El 5 de agosto había comenzado a ejercitarse en Valdebebas mientras el grueso de sus compañeros seguía de gira en Estados Unidos. Julen Lopetegui apostó por él para encarar al Atlético, pero el zaguero cometió errores impropios de su solvencia y uno de ellos terminó en el gol de Saúl. Tres días después de que lo hiciera Varane, Modric volvió también a la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Envuelto en permanentes rumores que le situaban en el Inter, apuró al máximo sus vacaciones. A Tallín llegó sólo con 15 minutos en el Trofeo Bernabéu. La idea era alistarle en la segunda parte para que siguiese cogiendo ritmo, aunque la prórroga le obligó a permanecer más tiempo del previsto sobre el césped. La hinchada tenía ganas de verle ante el Getafe, pero tuvo que esperar hasta bien avanzado el choque. Está lejos de su mejor forma.

Modric roza los 33 años y Lopetegui le mima para que sea determinante más adelante. La suya es una situación muy distinta a la que vivió su compañero en la sala de máquinas hace cuatro años. Toni Kroos aterrizó en el Santiago Bernabéu tras proclamarse campeón del mundo con Alemania en Brasil. Un mes después de tocar el cielo en Maracaná, se lucía en su puesta de largo con el Real Madrid ofreciendo un recital ante el Sevilla en la Supercopa de Europa disputada en Cardiff. La baja de Xabi Alonso por sanción llevó a Carlo Ancelotti a recurrir a él como timonel de un conjunto que superó al cuadro hispalense con un doblete de Cristiano. Kroos firmó 85 pases con un 96% de acierto. Como si llevase toda la vida en Chamartín. El teutón tenía entonces 24 años y llegó como un tiro. Sólo tras el Mundialito, coincidiendo con el bajón de todo el equipo, disminuyó su rendimiento. Eludió la resaca que ahora atenaza a Modric y Varane, a los que Lopetegui protegió frente al Getafe y a los que marca los tiempos a fin de recuperar a dos baluartes.

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