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Van Gaal 'resucitó' al nuevo héroe del Liverpool

Georginio Wijnaldum celebra su segundo gol al Barça. /EP
Georginio Wijnaldum celebra su segundo gol al Barça. / EP

Tras un año lesionado, el seleccionador 'oranje' llevó a Wijnaldum al Mundial de Brasil y transformó a aquel extremo veloz en el 'box to box' que es hoy

MIGUEL OLMEDA Madrid

De montañas rusas le van a hablar a Georginio Wijnaldum, el flamante héroe del Liverpol junto a Divock Origi. No hacía falta que le pidieran creer en la remontada porque él ya sabía que era posible: las ha vivido de todos los colores en 28 primaveras. Le sobraría con contar las del último lustro, en el que pasó de ser la gran promesa de Holanda al olvido, semanas antes de triunfar en el Mundial de Brasil y batir récords en su temporada de debut en la Premier League... A pesar de descender con el Newcastle, paradójico trampolín que ha terminado impulsándole hasta su segunda final de Champions consecutiva.

En un país donde se puede nacer ciclista o extremo derecho, Wijnaldum escogió la segunda. Con rastas y a lo loco, en un Feyenoord deprimido se convirtió rápidamente, y siendo todavía un adolescente, en el único clavo al que agarrarse. Claro que no duraría mucho antes de caer en los tentáculos del PSV Eindhoven, ávido siempre de fichar el talento joven que no procede de Ámsterdam.

Con talento, en la Philips la carrera de Wijnaldum seguía su ciclo natural, es decir, de la cal a la mediapunta, donde intervienen los que grandes jugadores. La Oranje le esperaba como eslabón entre los Robben, Sneijder y compañía y la siguiente generación dorada. Era el plan perfecto para un chaval que había heredado el brazalete de capitán de Mark van Bommel en el PSV... Hasta que un mal día se rompió.

Lo que en el verano de 2013 eran unas molestias de espalda con la sub21 holandesa se acabaron convirtiendo en siete meses de parón... Y el país entero se olvidó de él en año de Mundial: aparecían los Klaassen, Depay, Boëtius, Promes y compañía. Wijnaldum no contaba para nadie, excepto para Louis van Gaal, que tenía en mente un plan a la medida del joven.

Ante la sorpresa nacional, Wijnaldum no sólo se coló en la lista de 23 para viajar a Brasil, sino que tendría un papel principal en la medalla de bronce de la Oranje. Ya en los dos primeros partidos -el 1-5 a España y el triunfo ante Australia- dio descanso a De Guzmán en los tramos finales, pero frente a Chile ejecutó el sorpaso y nadie le movería del once ya. No como extremo, ni siquiera mediapunta, posiciones reservadas a Robben y Sneijder, sino como 'box to box'. Esa posición, nexo entre el cemento de De Jong y la magia de Sneijder, que estaba huérfana con la grave lesión de Strootman.

El Mundial 'in crescendo' de Wijnaldum se saldó con un gol en el partido por el bronce frente a Brasil y le abrió de par en par las puertas de la Premier. El Newcastle le fichó doce meses después como estrella de su proyecto y, aunque acabó descendiendo, el bueno de Georginio finalizó la temporada con once goles (y un histórico póker al Norwich) que le valieron un sitio en el Liverpool de Klopp.

En estas tres temporadas en Anfield, Wijnaldum se ha erigido como uno de los centrocampistas de la Premier y, en noches como la del Barcelona, ha demostrado que sigue teniendo el gol en el cuerpo. Por algo nació extremo. Además, desde marzo de 2012 y hasta los de este martes ha marcado 78 goles oficiales, que salvo en una ocasión (4-2 ante la Roma el curso pasado) han valido la victoria o el empate de su equipo. Por concluir la cuadratura del círculo, el último jugador en marcar un doblete de Champions como suplente en el Liverpool fue otro holandés, su buen amigo Ryan Babel. En la final le espera el Ajax, su eterno rival desde que era niño.