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Aleksander Ceferin, frialdad y eficacia para capitanear la UEFA

Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA. /AFP
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA. / AFP

El esloveno se mantiene firme en su oposición a la ampliación del Mundial de Clubes que desea la FIFA y en su apoyo a los países pequeños

ERIC BERNAUDEAULausana

Lejos de personajes exuberantes como Joseph Blatter o su predecesor Michel Platini, Aleksander Ceferin, abogado penalista esloveno de 51 años y a quien pocos conocían, ha impuesto su estilo seco y eficaz, al punto de ser reelegido sin oposición como presidente de la UEFA. «Frío, práctico e intransigente, pero abierto a discutir». Así define a Ceferin un actor del fútbol europeo que le conoce bien. «Tiene una visión muy clara de lo que quiere, pero al mismo tiempo da confianza a su equipo», añade este fuente anónima.

Elegido en 2016 frente al holandés Michael van Praag, el esloveno, entonces presidente de la federación de su país, llegó por sorpresa a liderar el potente organismo europeo. «La situación era ideal: el mayor escándalo había dañado mucho la imagen del fútbol», explicó recientemente ante una asamblea de estudiantes en Liubliana, en referencia al escándalo de corrupción que afectó a la FIFA y a varias confederaciones. «Me presenté. Me subestimaron y cuando (los rivales) se dieron cuenta de la situación, era demasiado tarde», añadió. Desde entonces, este amante de los deportes del motor, que ha atravesado en coche el Sáhara en cuatro ocasiones y una en moto, trata de imponer su estilo, sin florituras, lejos de los proyectores que tanto le gustaban a Platini, que sigue suspendido.

Padre de tres hijos, Ceferin gobierna el fútbol europeo con el apoyo de un equipo que en gran parte ya estaba a su llegada. Su mano derecha, el secretario general de la UEFA, es el griego Theodore Theodoridis, hijo del polémico vicepresidente del Olympiakos, Savvas Theodoridis. Theodore Theodoridis, cuya marcha muchos preveían,presidió de manera interina el organismo en 2016, cuando Gianni Infantino, exsecretario general de la UEFA, fue elegido a la presidencia de la FIFA. Ceferin le confirmó en su puesto nada más llegar a la presidencia.

El italiano Giorgio Marchetti, secretario general adjunto y maestro de ceremonias en los sorteos de las competiciones europeas, es el hombre encargado de las 'patatas calientes'. Forma parte del grupo de trabajo constituido por la FIFA consagrado a los proyectos más polémicos, como la ampliación de 7 a 24 equipos del Mundial de Clubes o la Liga Mundial de Naciones, a la que la UEFA se opone firmemente.

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Ceferin también se apoya en el serbio Zoran Lakovic, encargado de las relaciones con las federaciones, en el francés Kevin Lamour, exconsejero de Platini, y en la eslovaca Eva Pasquier, tránsfuga de la FIFA, encargada de las relaciones con las otras confederaciones. Para la comunicación cuenta con el inglés Phil Townsend, exdirector de comunicación del Manchester United, cuyo exdirector general, David Gill, tiene un puesto en el comité ejecutivo de la UEFA.

Esloveno influyente tras Melania Trump

Sin gran margen de maniobra desde su ascenso al poder porque tuvo que aplicar medidas adoptadas en la era precedente, el esloveno parece ahora querer imprimir su marca e imponer un cambio frente a las zonas de sombras de la gestión Platini-Infantino. «Vemos bien su voluntad de dar más protagonismo a los clubes y países pequeños con la creación de una tercera competición europea y la Liga de Naciones, pero es demasiado pronto para decir si esto tendrá un efecto», analiza Didier Primault, director del Centro de Derecho y Economía del Deporte de Limoges.

Calificado en 2019 por la revista eslovena Reporter como uno de los eslovenos más influyentes en el mundo, justo por detrás de Melania Trump, Ceferin «tiene por objetivo mostrar que no es la marioneta de Infantino, pese a que fue un hombre cercano al presidente de la FIFA (el noruego Kjetil Siem), quien obró en favor de su elección a la UEFA», destaca un avispado observador. «El clan Infantino se dijo: 'Como Ceferin viene de ninguna parte y nos lo debe todo, se callará'. Pero nadie se dio cuenta de que le importaba un bledo esta gente y que no era un cortesano», añade. Sospechoso de ser la marioneta de Infantino, que trabajó para su elección desde su llegada a la FIFA, Ceferin quiso liberarse rápidamente.

Ceferin visitó al Papa Francisco en Roma el miércoles, donde acudió por el Comité Ejecutivo de UEFA
Ceferin visitó al Papa Francisco en Roma el miércoles, donde acudió por el Comité Ejecutivo de UEFA

Para proteger la Liga de Campeones, la gallina de los huevos de oro de la UEFA, Ceferin se enfrentó al jefe de la FIFA, que pretende lanzar un Mundial de Clubes con más equipos, a partir de 2021, que podría hacer sombra a la Champions. Si la FIFA tiene la intención de ratificar la ampliación del Mundial de Clubes desde 2021, en marzo en Miami, «¿qué puede hacer Ceferin frente a las otras confederaciones que apoyan a Infantino, así como grandes clubes», señala un conocedor del dosier.

Pugna con Infantino

Ceferin se ha centrado en la Asociación Europea de Clubes (ECA), presidida por el italiano Andrea Agnelli, presidente de la Juventus. Esta institución le ha apoyado en su oposición a la ampliación del Mundial de Clubes, y a la Liga Mundial de Naciones (con promesas de ingresos de 25.000 millones de dólares), principales proyectos de Infantino, que amenazarían directamente a la lucrativa Liga de Campeones y desvalorizarían a la Liga de Naciones, creada recientemente por la UEFA.

Uno de los credos de Ceferin es mantener el equilibrio competitivo entre clubes y de responder a las expectativas de los pequeños países. De esta forma lanzó la Liga de Naciones y decidió crear a partir de 2021 una tercera copa europea en la que participen 32 clubes. En minoría frente a Infantino y «bajo la influencia política de los grandes clubes, cuya influencia económica crece», según un observador, el esloveno tendrá cuatro años más para seguir marcando su impronta... ¿antes de, como Platini en su momento, soñar con la FIFA? «Por ahora, no estoy en absoluto interesado por la presidencia de la FIFA. Pero si me pregunta si pensaré lo mismo dentro de cuatro, ocho o diez años, no puedo decir ni sí ni no», reconoce.

 

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