Leicester, de la bacanal a la fábula de los zorros

Los futbolistas del Leicester celebran un gol. /
Los futbolistas del Leicester celebran un gol.

Los ‘Foxes’ ganan la Premier League tras su último empate en Old Trafford y el empate del Tottenham ante el Chelsea

DANIEL CABORNERO

En la anterior visita a Old Trafford, el Leicester City era colista de la Premier League y se enfrentaba a un Manchester United que ocupaba puestos de Liga de Campeones. Por bagaje histórico, por títulos y por cierta ventaja de presupuesto, era de esperar un triunfo local pese a algún pequeño susto. Así fue con el 3-1 que recibió el Leicester aquel 31 de enero de 2015, cuando Robin van Persie y Radamel Falcao encauzaron tal resultado en el llamado Teatro de los Sueños. Cosas del fútbol, resulta que 15 meses después, y ya con el neerlandés y el colombiano lejos de Mánchester, el mismo estadio enjuagó el primer título liguero en la historia del Leicester. El sueño del club modesto cristalizó tras visitar la casa del club experimentado, donde el empate del domingo (1-1) se combinó 24 horas más tarde con el empate del Tottenham Hotspur ante el Chelsea (2-2).

La afición del Leicester ha culminado su particular cuento de hadas, iniciado con escándalos por Bangkok en mayo de 2015. Su milagrosa salvación del curso pasado, con siete victorias en los últimos nueve encuentros, propició que sus futbolistas más díscolos montaran una orgía con prostitutas tailandesas. Tom Hopper, Adam Smith y James Pearson eran tales jugadores. Ninguno era un crack pero Pearson era el hijo del entrenador. Abochornado por su propia familia, el técnico del milagro fue la principal víctima deportiva del dueño del club, Vichai Srivaddhanaprabha. Este multimillonario tailandés, de difícil apellido para la prensa local y promotor del viaje que acabó en bacanal, también despidió a los tres futbolistas y buscó un remiendo con la contratación del entrenador italiano Claudio Ranieri.

Srivaddhanaprabha, magnate de los duty free de su país, había optado en el pasado por un club de bajo coste y a base de inyectar decenas de millones, no cientos de miles de millones. Quería evitar con ello las portadas sensacionalistas y el ego de grandes superestrellas, alejándose además de la usual estrategia entre millonarios aficionados al fútbol británico.

Pero también tenía sus excentricidades. El empresario asiático, de 58 años y amante del polo, acostumbra a regalar cerveza y aperitivos en el estadio del Leicester, a donde en ocasiones ha aterrizado en helicóptero hasta el círculo central. Pese a su popularidad, es un personaje enigmático y que en la primera línea mediática prefiere dejar a su hijo Aiywatt, conocido con el apodo de Top. «Es un empresario próspero, que ha luchado para conseguir lo que tiene. Hace apenas dos años dijo que quería buenos resultados en la Premier... y aquí están», declaró recientemente el propio Aiywatt, vicepresidente del club.

La fortuna de los Srivaddhanaprabha, forjada desde una primera tienda en Bangkok, está estimada actualmente en casi 2.000 millones de libras. Cuando compró el Leicester en 2010 por unos 40 millones de libras, el club estaba en la segunda categoría y la reputación de Vichai era desconocida en el Reino Unido. Aunque en su Tailandia natal, su grupo empresarial ya había monopolizado las tiendas duty free del aeropuerto internacional de Bangkok. Con semejante talonario, se esperaba un nombre de mayor enjundia cuando destituyó a Pearson, pero el elegido para buscar la permanencia era un Ranieri pasado de vueltas cuyo último empleo había sido el de seleccionador de Grecia durante cuatro partidos en cuatro meses. El italiano solo ganó uno y perdió los otros tres, incluyendo una deshonrosa derrota como local ante Islas Feroe (0-1), que a él le costó el puesto y al equipo heleno le costó decir adiós a sus opciones de clasificarse para la Eurocopa 2016.

La trayectoria de Ranieri

El currículum de Ranieri invitaba a otro desastre en el Leicester, con la orgía en boca de toda la prensa inglesa y a tenor de un entrenador que debía rehacer los cimientos morales de su plantilla. Por si fuera poco, poseer un club de fútbol como simple hobby lleva a no prestarle mucha atención y a dedicarle el dinero justo, algo que Vichai Srivaddhanaprabha había demostrado en cursos anteriores al fichar al ariete James Vardy del Fleetwood Town, de la quinta división del fútbol inglés. Más ejemplos habían sido el delantero argelino Riyad Mahrez o el centrocampista inglés Danny Drinkwater. El primero procedía del Le Havre, otro equipo de categorías inferiores en Francia y donde no explotó un jugador talentoso aunque sin garbo en el mundillo profesional. El segundo era un canterano del Manchester United que seguía sin cuajar tras encadenar cinco cesiones en cinco equipos distintos. En la actualidad Vardy disputa el pichichi (tiene 22 goles en su haber) y es la gran esperanza de la selección inglesa para la inminente Eurocopa, mientras Mahrez deslumbra con sus tantos y asistencias y es nombrado mejor jugador de esta Premier por el propio sindicato local de futbolistas.

Incluso Drinkwater acumula seguidores por el característico significado de su apellido (bebe agua) y su gran rendimiento en el mediocentro junto al francés NGolo Kanté. Les ha funcionado esa extraña mezcla de veteranía y sensación de nada que perder, una segunda oportunidad para muchos jugadores que no pasaban de ser obreros en un campeonato con tendencia a la equidad presupuestaria. El reparto de dinero proveniente de las televisiones parece el más justo de entre las grandes ligas europeas, con porcentajes de adjudicación que van acorde a la posición en la tabla.

Pese a todo, el presupuesto del Leicester al inicio de esta campaña era de unos 65 millones de euros, el decimoséptimo de la liga y lejos de los otros candidatos al títlo. Por ejemplo, el Chelsea se gastaría casi 300 millones tan solo en sueldos, el Manchester United unos 250 y el Manchester City más de 225. La igualdad siempre tiene letra pequeña, ya que los pagos televisivos van en función de las veces que se emiten los partidos (facility fees) y la cantidad sujeta a objetivos deportivos.

Total, parece otro caso digno de estudio que el Leicester haya ganado el título y en pos de sus 22 triunfos, 11 empates y apenas tres derrotas en 36 partidos que se han disputado. El impulso para creerse este sueño llegó en Navidad gracias a una racha de Vardy de 11 jornadas seguidas marcando, récord que estaba en manos de Ruud van Nistelrooy. El regalo de los Reyes Magos para estos Foxes era a largo plazo y lo han abierto en primavera, al calor de una buena fábula balompédica. En cada fábula hay algún animal que da un sabio consejo; el de los zorros ha sido la perseverancia en su máxima expresión.