Mundial de China 2019

Rafa Vecina: «Es la final soñada y la final nunca esperada»

Los jugadores de la selección española, celebrando el oro conquistado en Japón. /Efe
Los jugadores de la selección española, celebrando el oro conquistado en Japón. / Efe

Quien fuera ayudante de Pepu Hernández en el Mundial de Japón ve un ADN común entre la generación del 80 y el plantel que ahora acaricia el oro

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Rafa Vecina conoce como pocos lo que significó aquel oro de Saitama y lo duro que fue conseguirlo. Asistente de Pepu Hernández, le tocó transmitir la noticia al por entonces seleccionador del fallecimiento de su padre. Un luctuoso hecho que los jugadores no conocerían sino hasta después de la final contra Grecia, con el capitán Carlos Jiménez como correa de transmisión. Nada debía apartar sus mentes de la meta que acariciaban. «Fue una mezcla de sentimientos difícil de explicar porque se sumaba la alegría de una cosa que no se había conseguido nunca y una noticia triste como la muerte de un familiar», rememora trece años después quien fuese 24 veces internacional en unos años en los que el baloncesto español ni soñaba con las gestas que estaban por venir.

Desde el banquillo vivió Vecina la volcánica semifinal con los argentinos, que ahora amenazan de nuevo la búsqueda del oro. «Tuvimos que sobreponernos a la baja de Pau, con una fractura en el pie faltando nada para terminar el partido y con una sensación que no habíamos tenido durante todo ese campeonato», cuenta el antiguo jugador de Joventut, Málaga y Estudiantes durante los años ochenta y noventa. «Tengo todas las actas desde que se empezó la concentración hasta la final del Mundial y todo fueron victorias con selecciones espectaculares. La confianza era tremenda», con un baloncesto, explica, que no ha vuelto a ver.

La unión era una de las claves tanto de aquel bloque como del actual, pese a que sólo Rudy Fernández y Marc Gasol se mantienen de quienes estuvieron en Japón. «Se junta un ADN brutal. Esa generación del 80 ha enseñado a competir, a ganar y a pasar momentos muy complicados», indica Rafa Vecina, que apunta el mismo ingrediente como base de la albiceleste por muchos cambios que haya sufrido desde la época de la generación dorada. «Los jugadores cambian, pero ese trabajo ha perdurado en el tiempo», subraya.

«Esa generación del 80 ha enseñado a competir, a ganar y a pasar momentos muy complicados»

«Siempre acaba respondiendo»

Pese a ello, a Vecina también le han sorprendido las prestaciones de la selección de Sergio Scariolo en China. «Es la final soñada y la final nunca esperada», comenta por teléfono, reconociendo que aunque «se ha bordeado el peligro alguna vez que otra», al final «siempre acaban respondiendo». «Es una selección de la que siempre te esperas algo, al igual que de Argentina, que también son muy competitivos». «También es verdad que Serbia y Estados Unidos se han matado entre ellos, han tenido unos accidentes muy gordos y el camino se ha ido despejando», agrega. Resalta que en los momentos clave, España «siempre ha estado a un nivel excepcional en defensa y en ataque», algo que atribuye tanto al staff técnico como a los propios jugadores.

El desafío que plantea Argentina es mayúsculo, enfatiza Rafa Vecina, que como Scariolo hiciera ya, recuerda que habrá que «tener orgullo, ser competitivos y disfrutar del partido».

De la albiceleste destaca su juego exterior, con «jugadores muy abiertos y muchísima movilidad» que «se conocen a la perfección». Alerta especialmente de la «tripleta de los pequeñajos» que conforman Facundo Campazzo, que no «sólo ataca sino que defensivamente es muy incómodo», Nico Laprovittola y Luca Vildoza. «Es una selección que ha crecido a través del trabajo defensivo, lo que le da un plus en ataque», incide.

Considera por último quien fuese integrante del cuerpo técnico que logró el oro en Saitama que Ricky Rubio ha hecho méritos más que suficientes para ser MVP del torneo, aunque da también créditos a Campazzo y considera que Scola, hasta la final, «es el mejor jugador del Mundial, no sólo a nivel estadístico sino porque tiene 39 años. «Ver a un tipo como Scola me fascina».