Verónica Echegui, Alfonso Lara y Alberto Iglesias protagonizan 'La Strada', poesía y miseria en la posguerra italiana

Escena de la obra teatral./Sergio Parra
Escena de la obra teatral. / Sergio Parra

Esta obra está dentro del abono de adultos aunque también se puede comprar la localidad suelta a un precio de 12 euros a partir de mañana martes

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Mario Gas dirige una adaptación teatral de este film lírico y amargo de Federico Fellini –merecedor del Oscar a la mejor película extranjera en 1954–, que firma Gerard Vázquez. Tres vidas en los márgenes del camino, tres personajes enfrentados a un destino precario y vagabundo en la Italia de la Posguerra. Todo comienza cuando una muchacha ingenua y tranquila (Gelsomina) es vendida a un forzudo de circo, bravucón y violento (Zampanó) para que le ayude en su espectáculo ambulante.

En el camino surge entre ellos un atisbo de amor, que no consigue aflorar a causa del orgullo de él y la timidez de ella. Ambos comparten una profunda soledad y una vida de marginación, desarraigo y miseria, hasta que se encuentran con 'El loco', otro artista de circo que provocará los celos de Zampanó y un trágico desenlace.

'La Strada' cuenta la historia de estos tres personajes atrapados en una vida a la que están condenados por su propio carácter, a un destino trágico que resulta inevitable. A través de ellos, 'La Strada' habla de todos nosotros, de nuestra dificultad para cambiar, para luchar contra las ideas preestablecidas que moldean nuestro pensamiento de forma invisible, de nuestra ceguera para romper las cadenas que nos impiden salir de la caverna y conocer... para ser más libres.

Entrañable y conmovedora, 'La Strada' es una fábula de rabiosa modernidad. Una tragedia donde lo dramático y lo simbólico conforman un relato poético sobre la fragilidad con la que construimos el sentido de nuestra vida.

Estrenada en 2011 en Nueva York

La llegada a la escena teatral de 'La Strada' se produjo en 2011, en New York, con la versión del español Gerard Vázquez, que es la misma que ahora se está exhibiendo en los teatros de toda España, en la que destaca de manera sobresaliente la escenografía de Juan Sanz compuesta sobre tres estructuras metálicas que recuerdan los postes utilizados en el montaje de los circos ambulantes, en cuyas partes superiores se incluyen unas pantallas que reciben proyecciones de imágenes que complementan la puesta en escena, que con gran flexibilidad permiten recrear diferentes espacios, con su solo movimiento: la pista del propio circo, las instalaciones adyacentes, una playa, una taberna, etc… Todo ello conseguido con una gran naturalidad y una sencillez que resulta encomiable, a través de los propios actores y dos discretos auxiliares que ayudan a desplazar por la escena el carromato ambulante de Zampanó.

Mario Gas dirige el espectáculo manteniendo la esencia de la trama original de Fellini, aun tiñéndola de toques de Chejov y Beckett. Y esto con la aportación de tres grandes actores: Alberto Iglesias (El loco), Verónica Echegui (Gelsomina) y Alfonso Lara (Zampanó), quienes poco después de volver al escenario y reconocer sus propias caras proyectadas en las pantallas se dejan caer al suelo, súbitamente, y llaman la atención de todos los presentes: la función comienza.