Pablo Ibar, la lucha por la vida

Pablo Ibar, fotografiado por Nacho Carretero. /
Pablo Ibar, fotografiado por Nacho Carretero.

El periodista Nacho Carretero, autor de 'Fariña', se sumerge en la vida del preso español condenado a la pena capital en Florida en su nuevo libro, 'En el corredor de la muerte'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Durante 23 años, exactamente la mitad de su vida, Pablo Ibar sólo ha vivido entre rejas y sólo ha vestido monos de presidiario; y desde el año 2000, ese mono, además, ha sido naranja, el color que distingue a los condenados a muerte en Estados Unidos. El periodista Nacho Carretero (La Coruña, 1981), autor de 'Fariña', se ha involucrado en la vida de Ibar y de su familia para publicar 'En el corredor de la muerte' (Espasa), una investigación que da las claves del mediático caso.

La pesadilla de Pablo Ibar comenzó en 1994, cuando aparecen tres cadáveres en Florida y él, hijo de padre vasco, sobrino del mítico boxeador José Manuel Urtain, un joven que no siempre andaba con buenas compañías, es acusado de asesinato. Seis años después, un tribunal lo declara culpable de triple homicidio y lo condena a muerte. Y en este punto, a diferencia de lo que sucede con tantos encarcelados en Estados Unidos, Pablo Ibar y su familia deciden no resignarse a su suerte y empiezan a luchar contra su destino. Acuden a los medios de comunicación y a las autoridades españolas, se aprenden el sumario de memoria, pelean cada vez que surge la oportunidad, con la esperanza de que Ibar sea declarado inocente y quede libre. «Pablo está obligado a eso porque se juega la vida en cada momento», recuerda Carretero, que se acercó al caso en 2012 y a partir de entonces, visitó a Ibar en la cárcel y habló con todos los protagonistas de una historia en la que han jugado un papel destacado Cándido Ibar, padre de Pablo, y Tanya Quiñones, esposa del presidiario, a la que el escritor dedica los párrafos con más fuerza del libro.

«Es bestial lo que ha hecho Tanya en todos estos años», dice Carretero. «Conduce 800 kilómetros todos los fines de semana sólo para verle a través de un cristal y pese a todo lo que ha ocurrido, no guarda ningún rencor ni tiene odio, es sólo bondad».

Resumir el recorrido del 'caso Ibar' por los tribunales es como adentrarse en un laberinto. En 1997, tres años después de su detención, se produce el primer juicio, que se anula por falta de unanimidad en el jurado. El segundo juicio se fija para 1999, pero se aplaza hasta el 2000; Ibar es encontrado culpable y condenado a muerte. Tras diferentes apelaciones, el Supremo de Florida confirma la sentencia en 2006. En 2009, todo da un giro después de que Kayo Morgan, nuevo abogado del preso español, reclame la anulación del proceso por 'defensa ineficaz'. En 2016, el Supremo de Florida anula la condena y ordena un nuevo juicio.

Y mientras tanto, la vida de Pablo Ibar ha seguido en la cárcel, «un lugar en el que no quieres estar, un sitio en el que olvidas el significado de la palabra libertad porque no puedes mover una silla ni abrir una puerta, no puedes tomar ninguna decisión», relata Carretero. Al pasar las páginas, el libro se convierte también en una reflexión sobre el sistema carcelario estadounidense, que no busca la reinserción, sino el máximo castigo posible, dejando a los presos en cárceles de dos por tres metros, sin otra posibilidad que rumiar, una y otra vez, sus propios pensamientos.

«A mí me da toda la impresión de que Pablo es inocente, pero mi opinión no tiene importancia. Mi papel en este libro es facilitar que el lector saque sus propias conclusiones», dice Carretero. El 1 de octubre comienza el nuevo juicio, que durará entre cuatro y seis meses, y que, esta vez sí, parece la oportunidad definitiva para que Pablo Ibar pueda tener una oportunidad de ser declarado inocente.

Para Carretero, 'En el corredor de la muerte' ha supuesto su tercera aventura literaria tras 'Nos parece mejor', sobre la historia del Deportivo de la Coruña, y sobre todo, 'Fariña', el libro que se hizo célebre por la orden de secuestro de una juez. «Todo lo que pasó fue un capítulo desagradable, injusto, y desde un punto de vista profesional, no se lo deseo a nadie», asegura el periodista. Y aunque no niega que la historia fue publicidad para la obra, Carretero asegura que, si pudiera ir hacia atrás, lo tendría claro: «Ojalá no hubiera pasado nada de aquello».

 

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