Eduardo Lago busca la gran novela americana en 'Walt Whitman ya no vive aquí'

El escritor Eduardo Lago. /Efe
El escritor Eduardo Lago. / Efe

El escritor recorre la literatura de Estados Unidos en su nuevo libro de la mano de autores como Thomas Pynchon, Don DeLillo o Cormac McCarthy

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Dice Eduardo Lago (Madrid, 1954) que escribió 'Walt Whitman ya no vive aquí', publicado por Sexto Piso, porque sus alumnos españoles le preguntaban sin cesar qué libros de escritores de Estados Unidos debían leer. «Me planteé organizar ese enorme caos que es la literatura norteamericana», cuenta Lago. En este canon literario personal incluye ensayos sobre escritores, una semblanza de la ciudad de Nueva York como capital literaria mundial y quizá el plato fuerte, una entrevista inédita con David Foster Wallace, probablemente el escritor norteamericano más influyente y el último genio que ha dado la escritura estadounidense, en opinión de Lago, que desde su atalaya en la Universidad Sarah Lawrence en Nueva York, y con 30 años de residencia en la Gran Manzana, se considera un «espía» de los movimientos literario en Estados Unidos.

«El auge de la literatura norteamericana, que comienza a mitad del siglo XIX, tiene que ver con la economía del país. Su poder económico se refleja en el mundo cultural», explica el profesor, traductor y crítico literario, ganador del Premio Nadal en 2006 con 'Llámame Brooklyn' y exdirector del Instituto Cervantes en Nueva York. 'La letra escarlata', de Nathaniel Hawthorne, los ensayos de Ralph Waldo Emerson, 'Hojas de hierba', de Walt Whitman, y 'Moby Dick', de Herman Meville, marcan esta primera etapa en la que la literatura europea pierde prevalencia «emparedada entre dos imperios, el americano y el ruso».

Pero es a mediados del siglo XX cuando estalla la gran literatura de las barras y estrellas, con nombres como Thomas Pynchon, Truman Capote, Toni Morrison, John Barth, Don DeLillo, Philip Roth, Joyce Carol Oates, Marilynne Robinson, Cormac McCarthy, Tom Wolfe o Gay Talese, entre los más conocidos, que toman como referencia a Vladimir Nabokov, autor de 'Lolita' y 'Pálido fuego', «una novela mágica». Califica Lago este momento como «el arco iris de la dificultad», por la impenetrabilidad de los textos publicados en la época. «Son jóvenes que experimentan con la forma, rompen la manera de narrar, introducen notas a pie de página. Pero en ocasiones, llegan demasiado lejos y abandonan la conexión del tema con los sentimientos», apunta Lago.

Y después llega David Foster Wallace, al que Eduardo Lago conoció bien. De hecho, en el libro aparece una conversación inédita que ambos mantuvieron en 2000 y en la que el autor de 'La broma infinita' se muestra como un profeta respecto a internet, considerada por él como «una avalancha desmesurada, sin criterio ni ética, la destilación máxima del capitalismo». «Foster Wallace es un verdadero genio porque nunca se controló. Para mí, los artistas son gente como Van Gogh, que se corta la oreja», dice Lago, que prefiere a Foster Wallace, que se suicidió en 2008, frente al otro gran representante de la literatura contemporánea norteamericana, Jonathan Franzen, del que opina que en sus últimas obras cayó en una vertiente más comercial.

Para Lago, Nueva York es lo que fueron Roma o París en otras épocas de la historia, «el centro del mundo, donde se reúnen razas y culturas». La emigración judía o la explosión de los escritores negros convirtieron a la ciudad en «un laboratorio de ideas donde los autores comienzan a escribir de otra manera». Resalta, además, la influencia de Nueva York en algunos de los autores españoles más reputados, como Ray Loriga o Agustín Fernández Mallo.

Entre la seriedad y la ironía, Lago también se adentra en intentar descifrar que significa aquella famosa expresión de 'la gran novela americana'. «Es el intento de explicar la realidad de una razón complejísima en cada momento de la historia a través de una obra», define. «'El Quijote' es la gran novela española; 'La comedia humana', la francesa; 'Ulises', la irlandesa.

Wilt Whitman, aunque escriba poesía, es la gran novela americana de finales del siglo pasado, y luego 'Washington Square', 'Moby Dick', 'Las aventuras de Huckleberry Finn' o 'Libertad' son también grandes novelas americanas», dice Lago. Pero en su opinión, la novela en el siglo XX murió en con 'La broma infinita', de Foster Wallace, y en el siglo XXI «todavía no ha habido una novela a esa altura». Según Lago, los ensayos están explicando mejor que las novelas los Estados Unidos de la era Trump. «Trump ha sido un trauma para los propios norteamericanos, y especialmente, para los artistas», subraya.

 

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