Githinji Gitahi: «La mitad de la población de África tiene menos de 18 años»

Githinji Gitahi: «La mitad de la población de África tiene menos de 18 años»
Githinji Gitahi, en el Hotel de la Reconquista. / PABLO LORENZANA

«Las mujeres y los niños son los que más padecen las enfermedades; la sanidad se ocupa de los trabajadores asalariados, en su mayoría hombres»

ALBERTO PIQUERO OVIEDO.

Licenciado en Medicina y Cirugía y máster en Administración de Empresas, Githinji Gitahi está al frente de Amref, una fundación que se originó en Kenia en 1957, donde tiene su sede, y que despliega su atención sanitaria y formativa en treinta países africanos, disponiendo de oficinas repartidas por todo el mundo. Ciento diez millones de personas se han visto beneficiadas por su asistencia a lo largo de estas últimas décadas, acudiendo a los lugares más remotos del continente en sus populares avionetas-ambulancia. Gitahi explica las coordenadas generales de la entidad, Premio Princesa de Cooperación, con suaves ademanes y una sonrisa cordial.

-Sesenta años de experiencia en África lleva Amref. ¿Cuál es el balance?

-Ha habido un gran crecimiento demográfico en los últimos años, con un notable éxodo del campo a la ciudad. El cincuenta por ciento de la población es menor de dieciocho años. Hay nuevos estilos de vida, lo que también significa cambios en el registro de enfermedades. Se ha mejorado en la prevención de la transmisión de infecciones y se han reducido las enfermedades de ese signo, tales como la malaria o el sida, pero han aumentado la diabetes, la hipertensión o el cáncer. Ese tránsito de lo rural a lo urbano ha supuesto una modificación en la nutrición, que ya no se sirve de alimentos naturales sino elaborados. Estamos atravesando una época de rápida transición.

-¿Existe algún modelo sanitario en un país africano que pudiera señalarse a modo de referencia para el resto de las naciones del continente?

-Es una cuestión complicada. Precisamente porque no hay un modelo de salud único, sino que se sostienen en varios pilares. Hay países en los que uno de esos pilares son los recursos humanos, y en otros disponen de una mejor financiación. Lo deseable sería unir ambas vertientes, los recursos humanos y la financiación necesaria. Lo están intentando en países como Ruanda o Etiopía, aunque los resultados todavía no son lo perfectos que quisiéramos.

-¿Son las mujeres y los niños quienes más padecen las insuficiencias sanitarias?

-Sin duda. Por dos razones: la primera es que los servicios sanitarios se ocupan de la población activa, que dispone de seguro y salario. Es decir, se atiende a la fuerza trabajadora asalariada, que es la masculina. Y, por otro lado, está el hecho de la falta de cuidados necesarios para la salud reproductiva de las mujeres y las enfermedades infantiles. Son aspectos en los que hemos de centrarnos.

-Esa prevalencia de los servicios sanitarios en favor de la población masculina induce a pensar en una cultura patriarcal. ¿Es también el motivo por el que encuentra tantas resistencias la supresión de una costumbre como la mutilación genital femenina, la ablación?

-En efecto, es así. La sociedad tiene mucho que decir para que logremos erradicar por completo esa mutilació, si bien ha disminuido estadísticamente. Se han de eliminar creencias y prácticas comunitarias. Hay hombres que no quieren casarse con mujeres que no hayan sufrido esa mutilación, que se supone las hace menos atractivas y menos promiscuas. Además, el haberla llevado a cabo le asigna a la mujer un comportamiento valiente. Y están asimismo los intereses en la dote cuando se casan, pues ese incentivo se agrega solo en el caso de estar mutilada. El varón que es padre, en algunas comunidades, sabe que si su hija no se ha sometido a la ablación no se casará. Aparte de que si no se siguen las tradiciones, no te respetan y se ríen de ti. Son problemas fundamentales que hemos de resolver.

-Ha sido directivo de una multinacional farmacéutica. ¿Hacen todo lo que pueden y deben por la salud en África?

-Pueden hacer mucho más. Está claro que resultan indispensables en la investigación que contribuye al desarrollo de nuevos fármacos y vacunas, pero han de favorecer el acceso a los medicamentos para contribuir a mejorar la salud.

-Amref cuenta con una entidad en España integrada en su estructura. ¿Nos habla de ella?

-La crisis económica impide que su aportación pueda ser mayor, se ha reducido y oscila alrededor del 1 o 2%. Confiamos en que el gobierno la estimule, así como en el resto de Europa. El mundo es una comunidad global en la que hemos de compartir conocimientos y aprendizajes. Las enfermedades en África no se detienen allí, pueden transmitirse al resto del mundo, nadie está libre. Hemos de hacer esa consideración en términos más generales que particulares.

-¿Cuál es su expectativa para el futuro de África, pese a las dificultades?

-Tengo mucha esperanza. En los últimos quince años, se ha conseguido reducir la pobreza extrema, la mortalidad infantil y entre las mujeres, así como se ha amortiguado el efecto del VIH. Eso no quiere decir que hayamos alcanzado, ni mucho menos, todo cuanto nos hemos de proponer. El gran riesgo sería suponer lo contrario, acomodarnos y entregarnos a la autocomplacencia. No podemos permitirnos ese respiro, porque los retos que nos aguardan son ingentes, queda muchísimo por hacer y hemos de aplicarnos. Pero tengo mucha esperanza.

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