El último viaje del 'Tren Burra'

El llamado 'Tren Burra', en una fotografía de la época. /El Norte
El llamado 'Tren Burra', en una fotografía de la época. / El Norte

El ferrocarril que unía Palencia y Valladolid con Medina de Rioseco y Palanquinos realizó su último trayecto hace hoy medio siglo

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOLeón

Según Google Maps, desde Palencia hasta Palanquinos (León) se tarda por carretera una hora y quince minutos, a través de la CL-615 y la A-231. Pero, si para hacer ese viaje uno se retrotrajera en el tiempo hasta 1969 y se subiera al 'TrenBurra', el tiempo se iría hasta las ocho horas y quince minutos. El la novena línea de este reportaje ya saben los lectores el porqué de su nombre, aunque el palentino Julián González Prieto, de 81 años, maestro desde los 19 años y jubilado en León, donde se casó y reside, diga que en alguna ocasión escuchó decir que al tren se le puso ese nombre «porque había matado un par de burras en sus trayectos». Y el testimonio de González Prieto no es baladí, pues no en vano su padre fue maquinista del 'Tren Burra' y él hizo numerosos viajes de niño con su progenitor.

Sabe tanto de este tren, que hasta ha escrito un libro, 'El Tren Burra y Buenseñor', y ha sido protagonista de reportajes en prensa y televisión. Y Julián González conmemora hoy los cincuenta años desde el último viaje que hizo este tren, el 11 de julio de 1969.

«Había un itinerario que era de Palencia a Palanquinos (León), salía a las 9:15 horas de Palencia y llegaba a Palanquinos a las 17:30 horas, haciendo una parada sobre las 13:00 horas en Medina de Rioseco para comer. Desde Medina de Rioseco a Valladolid había otro tren distinto. El tren normal iba de Palencia hasta Palanquinos y el otro recorrido en Medina de Rioseco hacía transbordo y algunos viajeros iban hasta Valladolid. Medina de Rioseco era el centro neurálgico del 'Tren Burra'. Había un ramal que salía de Villalón e iba a Villada, era más que nada de mercancías, solo había un viaje al día de ida y otro de vuelta», recuerda Julián González Prieto, que incide en que el verdadero nombre del 'Tren Burra' era 'Ferrocarriles Secundarios de Castilla'.

«En 1884 comenzó a circular entre Valladolid y Medina de Rioseco, en esta zona era conocido como 'Tren Burra'. El ramal de Palencia a Rioseco inició su rodadura en 1912 y por tierras palentinas se le conocía como 'El Secundario'. Y en 1915 se puso en marcha de Medina de Rioseco a Palanquinos. Por tierras zamoranas y leonesas se le conocía como 'El Charango'. Pero se popularizaron todos ellos como el 'Tren Burra', señala Julián González Prieto, que incide en que el tren de Palencia a Rioseco se hizo fundamentalmente «por motivo del transporte de mercancía». «A lo largo de todo el recorrido hay muchos silos para el transporte de cereal, de remolacha... El tren contribuyó mucho a que desapareciera el transporte por el Canal de Castilla. Así como el 'Tren Burra' acabó con el Canal de Castilla, el transporte por carretera de camiones acabó con el 'Tren Burra'», añade.

La infancia de Julián González Prieto está íntimamente unida al 'Tren Burra'. «Mi madre es de Villafrades de Campos, entre Villarramiel y Villalón, y yo, cuando iba de niño al pueblo, iba con mi padre en el tren. Mi padre, que era de Palencia, conoció a mi madre por el tren, se conocieron en los viajes que hacía mi padre a Palencia. A mí me hacía una enorme ilusión ir con mi padre en la máquina del tren. Los compañeros de mi padre me llamaban 'Julianín', y mi padre me decía que tocara el pito, un alambre que colgaba y que, tirando de él, sonaba y avisaba de que llegaba el tren», relata este maestro palentino.

«Mi padre era hospiciano. Cuando salió del hospicio con 17 años, empezó a trabajar en la construcción del ferrocarril poniendo traviesas. Cuando ya estuvo todo montado, pasó a ser fogonero, después fue maquinista y cuando empezó con los automotores el 'Tren Burra', fue el primero que condujo un automotor, aunque por el problema del gasoil, que le afectaba a la garganta, tuvo que volver a la máquina de vapor», evoca Julián González, que tiene mil y una anécdotas de esos viajes.

«Mi padre había oído comentar a dos señoritos de Castromocho que decían que, al llegar a la cuesta de la Treinta palentina, se iban a bajar para 'cagar' e iban a volver a subir al tren, porque les daba tiempo. Entonces mi padre le dijo al fogonero que se preparara para cuando subieran la cuesta. Al llegar, los señoritos se bajaron y mi padre le dijo que echara paletadas de carbón y cogió tal presión la máquina que cuando quisieron coger el tren, ya no pudieron. Mi padre se paró un poco después y les dejó montar. La Treinta era una cuesta dura, como la de Zaratán, la de los Montes Torozos o la de Gigosos, en León», señala.

Julián González Prieto recuerda también de forma entrañable cómo el 'Tren Burra' «siempre llegaba con retraso», y cómo fue cómplice del estraperlo en una época de gran escasez económica. «Sobrevivíamos dándonos al estraperlo, lo hacíamos con el pan blanco. También se hacía con la carne, iban las mujeres en el tren hasta Rioseco y había tiempo para comprarla y regresar. Mi padre estaba tres días de viaje y al cuarto regresaba y descansaba, el día que venía traía dos sacos llenos de pan blanco. Los 'consumeros' estaban a la salida de la estación y requisaban lo que traía la gente. El día que venía con los sacos, al pasar por las paredes del cementerio viejo de Palencia tiraba los sacos y estábamos mis hermanos y yo esperando para recogerlos e ir por el parque móvil hasta casa, que yo me crié en la calle Valentín Calderón. Allí, después repartíamos a los clientes el pan blanco», apunta el maestro palentino.

«Los vagones eran de madera y en el centro había una estufa de carbón para calentarse en invierno y asar castañas y patatas. La gente de los pueblos iba a mi padre a pedirle agua caliente de la máquina y llegaba un momento en que no podía darles más porque se quedaba sin presión», concluye Julián González.