Silvia Clemente da un portazo

La dimisión de la presidenta de las Cortes debe resolverse rápidamente en el plano institucional, en favor de la estabilidad

Silvia Clemente durante la rueda de prensa en la que ha anunciado su dimisión. /El Norte
Silvia Clemente durante la rueda de prensa en la que ha anunciado su dimisión. / El Norte
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EL NORTEValladolid

La presidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente, abandonó el Partido Popular –en el que ha militado durante años y con el que ha desarrollado su larga carrera política–, así como su escaño en la cámara legislativa y, por ello, su asiento en la Presidencia. Lo hizo todo al mismo tiempo, de un sonoro portazo, leyendo en una comparecencia una carta en la que cargó duramente contra el presidente del PP autonómico, Alfonso Fernández Mañueco. De él dijo, entre otras cosas, que creyó equivocadamente que podía «dirigir el Partido Popular y tener un buen proyecto». Sus palabras más crudas, no obstante, las pronunció como colofón: «No se puede trabajar sin convicción, sin ilusión, sin creer en el proyecto ni en quien lo dirige en este momento, Alfonso Fernández Mañueco, una persona que no tiene palabra, que no tiene capacidad y que carece completamente de liderazgo».

Este hecho, por su importancia, por su indudable incidencia en la opinión pública y por el momento en el que se produce, arrastrará consecuencias en la dinámica interna del Partido Popular, que afronta un exigente calendario electoral. Compete a esa organización resolverlas del modo que mejor consideren sus dirigentes. Afectará en todo caso, poco o mucho, bien o mal, a las expectativas que puedan tener de cara a las citas con las urnas del 28 de abril y el 26 de mayo.

Distintas son, sin embargo, las consecuencias institucionales que pueda desencadenar esta decisión de Clemente. Es labor de la cámara legislativa y sus representantes abordar el relevo en la Presidencia con la máxima diligencia y responsabilidad, sin caer en el oportunismo político que suele propiciar un episodio de ruptura de esta envergadura, sin caer en la tentación de situar a las Cortes, a pocos meses de la convocatoria de elecciones autonómicas, en un estado de incertidumbre o zozobra solo por intereses partidistas. Si bien algunas de las acusaciones que realizó la ya expresidenta –sin admitir preguntas de periodistas– no fueron muy elegantes, fruto seguramente de una situación personal y política en el seno del partido por la que se ha sentido acuciada, la realidad es que no ha dejado tras de sí ni un pliegue en las alfombras de su despacho: se ha ido de una vez y del todo. Ahora nadie debería poner ningún impedimento a que en pocos días se proceda a su sustitución de la manera más natural, serena y beneficiosa para los intereses generales.