DOBLE GOLPE DE ETA EN BURGOS. 10º ANIVERSARIO

Del milagro al horror, ETA hiere a Burgos matando al guardia civil Carlos Sáenz de Tejada

Del milagro al horror, ETA hiere a Burgos matando al guardia civil Carlos Sáenz de Tejada

La banda terrorista perpetró un brutal atentado un día después del intento de masacre en la Casa Cuartel de Burgos | Asesinó en Mallorca a los agentes Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Hoy tendría 38 años. Quién sabe si estaría casado, si emparejado. Si a su alrededor correrían niños pequeños o si simplemente disfrutaría de sus sobrinos. Seguro que se habría animado a tener una mascota, porque de pequeño le gustaban mucho los animales. Y que practicaría algún deporte, casi seguro que fútbol. Y que disfrutaría de la compañía de sus amigos, los recientes y los de siempre. Y que viviría como todos, feliz a ratos. Sin embargo, nadie ya puede saberlo con certeza.

Hace diez años, el 30 de julio de 2009, ETA sesgó la vida del burgalés Carlos Sáenz de Tejada, y de su compañero también guardia civil Diego Salvá. Fue en un brutal atentado en Mallorca, con una bomba adosada a los bajos de un vehículo oficial de un cuartel de Calviá, en la pedanía de Palmanova. Todos los atentados son brutales, pero algunos son además especialmente crueles, pues Carlos y Diego fueron asesinados por una ETA enrabietada por no haber conseguido en Burgos la masacre ideada.

Cuando la sociedad burgalesa todavía no se había recuperado del impacto de la explosión en la Casa Cuartel de la Avenida de Cantabria, llegaba la noticia de un nuevo atentado de la banda terrorista ETA. Volvía a atacar a la Guardia Civil y, en esta ocasión, no fallaba. Mataba a dos agentes jóvenes y el destino quiso que uno de ellos fuera precisamente de Burgos. El dolor se intensificó en la capital del Arlanzón.

Un joven alegre, extrovertido y muy deportista

Carlos Sáenz de Tejada (Burgos, 1980) encontró su vocación en las fuerzas de seguridad del Estado. «Era lo que realmente quería». Su idea inicial era entrar en la Policía Nacional, pero como la natación no le gusta nada, optó por el ejército y le destinaron al Regimiento de Transmisiones 22 con sede en Castrillo del Val. «Era una profesión que le encantaba».

De ahí pasó, por recomendación de sus superiores, a la Guardia Civil. «Tuvo que aprender a nadar para poder presentarse», reconoce su padre, quien insiste en que a Carlos «no le gustaba el agua más que para ducharse». Aprobó las oposiciones y marchó a la Academia de Baeza, en 2008. Cuanto le tocó elegir destino, influenciado por un amigo, se marchó a Mallorca. Primero, en prácticas, y luego ya como agente profesional.

Carlos «era muy amigo de sus amigos». De pequeño era un niño «bueno, extrovertido y alegre». Le gustaban mucho los animales, así que el cachorro de boxer-pastol alemán que le regalaron por la Primera Comunión fue uno de los regalos que más ilusión le hizo. Le gustaban los deportes, sobre todo el fútbol, y era hincha del Real Madrid.

Carlos Sáenz de Tejada era un joven normal. El pequeño de la familia, con dos hermanas por delante. Amante de su trabajo, le costó encontrar su vocación pero cuando ETA lo mató ya sabía a qué quería dedicar su vida. «Era una decisión suya y vimos que era lo que realmente quería», reconoce su padre, para quien es duro compartir estos recuerdos pero también lo agradece porque «todo lo que sea recordar a Carlos es bienvenido».

«Nadie se atrevía a contarme nada», comenta José Antonio Sáenz de Tejada, para quien los recuerdos siguen muy vivos en la memoria. «Como si fuera ayer» recuerda el atentado contra la Casa Cuartel, pues vivían muy cerca del edificio y, además, uno de sus sobrinos tenía vivienda allí, aunque afortunadamente estaba de vacaciones cuando ocurrió el ataque y no resultó herido. «Después de ver aquello sigo creyendo en los milagros», asegura el padre de Carlos.

Sin embargo, esa fe se tambaleó un día más tarde. Uno de sus sobrinos les avisó del atentado en Mallorca e, inmediatamente, empezaron a llamar al móvil de Carlos. «Pero no respondía»; unas veces comunicaba, otras se cortaba la llamada, así que José Antonio decidió llamar a la Comandancia de la Guardia Civil, pero solo le pasaron de despacho en despacho. «Hasta que el teléfono de Carlos dejó de comunicar y una voz me preguntó: ¿es usted su padre?».

La familia del joven guardia civil supo entonces, en ese preciso instante, que su hijo había fallecido en el atentado. «Habíamos perdido a nuestro hijo a manos de unos asesinos», explica José Antonio, quien recuerda esos primeros momentos marcados por el dolor, la rabia y la impotencia. Entraron en «shock», viajaron a Mallorca («la Guardia Civil lo tenía todo programando») y allí, esa misma noche, es «cuando te recuperas del bloqueo mental y empiezas a darte cuenta de lo que ha pasado».

Cariño en el dolor

A partir de ese momento, se sucedieron momentos, intensos todos ellos, algunos especialmente duros. La capilla ardiente en el Palacio de la Almudaina, el funeral de Estado en la Catedral de Mallorca, el traslado de los restos de Carlos a Burgos, la recepción en el Aeropuerto de Villafría, el paso por el tanatorio ya en la capital («fue más dura todavía porque aquí ya le ponías nombre y cara a los abrazos y apretones de manos»), y el funeral y posterior entierro.

José Antonio Sáenz de Tejada recuerda con especial emoción, por lo «impactante», el cariño que demostró la sociedad mallorquina, primero, y la burgalesa, después. Aplausos y vítores a la Guardia Civil en los trayectos públicos, y la asistencia de burgaleses a la misa funeral que se celebró en la Catedral de Burgos, días más tarde, presidida por el arzobispo Francisco Gil Hellín.

Últimas víctimas mortales de ETA en suelo español

El asesinato de Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá fue el último perpetrado por ETA en España. Un año más tarde, la banda terrorista mataba a un gendarme francés en suelo galo. De ahí, daba el salto al alto el fuego, el «cese definitivo de la violencia» y la disolución de su estructura, esta última comunicada con una carta en mayo de 2018, cerrando así seis décadas de terror y dolor.

Castilla y León es, tras el País Vasco, la segunda región más golpeada por ETA. 149 víctimas mortales, más 10 de profundas raíces castellano y leonesas. En sus sesenta años de historia, la banda terrorista se ha cobrado la vida de 23 burgaleses y ha dejado 187 heridos, la mayor parte de ellos, los guardias civiles y sus familias residentes en la Casa Cuartel que voló por los aires hace diez años.

Burgalés es también José Antonio Ortega Lara, exfuncionario de prisiones, y víctima del secuestro más largo de la historia de ETA. Duró 532 días. La banda terrorista ha perpetrado en la provincia una decena de atentados, algunos frustrados y otros meras falsas alarmas, aunque todos ellos han dejado heridas profundas en la sociedad burgalesa.

La primera víctima mortal de Castilla y León fue un burgalés, Fermín Monasterio Pérez. Era natural de Isar. Trabajaba como taxista en Bilbao cuando el 9 de abril de 1969 un terrorista, que huía de la policía, se metió en su vehículo. Lo mató, lo dejó abandonado en un descampado y se llevó el taxi.

Carlos Sáenz de Tejada es el último burgalés asesinado por ETA. Estaba destinado, como guardia civil, en Calviá, Mallorca. La banda terrorista puso dos bombas en sendos coches oficiales estacionados frente al cuartel el 30 de julio de 2009. Cuando Carlos y su compañero Diego se montaron en el vehículo, para llevarlo a una inspección mecánica, se activó el dispositivo y la bomba estalló.

Junto a ellos, Burgos ha perdido a María de los Ángeles Rey Martínez, Andrés Guerra Pereda, José Vicente del Val del Río, Francisco Mateu Cánovas e Ignacio Mateu Istúriz (vinculados a Burgos), Ciriaco Sanz García, Aureliano Calvo Val, Luis Gómez Hortigüela, Lorenzo Gómez Borrero, Féliz de Diego Martínez, José Antonio Vivot Undabarrena, Victorino Villamor González, Jesús Hernando Ortega.

También a Rufino Muñoz Alcalde, Ramón Romeo Rotaeche, Eduardo Vadillo Vadillo, Arturo Quintanilla Salas, Manuel Asensio Pereda, Rafael Melchor García, Antonio Torrón Santamaría, José Joaquín García Ruiz y José Ramón Domínguez Burillo.

La ciudad siempre se ha volcado con su vecino Carlos Sáenz de Tejada, al que hizo Hijo Predilecto y cuyo nombre preside una calle junto a la Avenida de Cantabria. Carlos Sáenz de Tejada, al igual que Diego Salvá, recibieron la Cruz de Oro al Mérito de la Guardia Civil, el mayor reconocimiento de la Benemérita. Y, además, todos los años son homenajeados en Mallorca.

«Siempre hemos estado muy arropados por nuestra familia directa», explica José Antonio Sáenz de Tejada. Sus dos hijas mayores, sus cuatro nietos (el mayor, ahijado de Carlos), sus hermanos y sobrinos, y los amigos de Carlos, «que están siempre pendientes de nosotros», como los propios amigos de la familia. El recuerdo de Carlos permanece, «está con nosotros todos los días y queremos, deseamos, que siga siendo así. El día que no lo recordemos estará muerto», reconoce.

Elasesinato de Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá sigue siendo uno de los más de trescientos atentados sin resolver que penden sobre la cabeza de ETA, que en mayo de 2018 dio por disueltas sus estructuras. La banda terrorista cerro ciclo histórico, pero el daño causado no se borra con un simple anuncio. «Lógicamente, el dolor par la pérdida de Carlos sigue estando ahí», explica su padre, pues «el tiempo no cura las herias, si acaso las minimiza un poco».