Discurso íntegro de Juan Vicente Herrera

Discurso íntegro de Juan Vicente Herrera

El Presidente de Castilla y León se despide en su última intervención institucional por el Día de la Comunidad

El Norte
EL NORTEValladolid

Valladolid, 22 de abril de 2019

Queridas amigas y amigos:

En la víspera de un nuevo 23 de abril, los Premios Castilla y León son los protagonistas de una celebración que mañana se hace extensiva a todos los que nos sentimos vinculados a esta tierra por raíces, vidas y afectos.

Un año más, se reconoce el notable ejemplo de un grupo de paisanos, cuya apuesta por el saber, la creación, el arte, la innovación, el compromiso social y el esfuerzo limpio les sitúa con justicia entre los que hemos dado en llamar «los mejores de los nuestros».

La Fiesta de la Comunidad coincide además con la conmemoración de la muerte de Miguel de Cervantes. Y por eso es también la «fiesta de la palabra», en la que acaban de oficiar brillantemente José Luis Puerto y Alex Grijelmo, y cuyo broche de oro pondrá más tarde Amancio Prada.

«Comunidad y palabra» nos recuerdan que el próximo año celebraremos el centenario del nacimiento de Miguel Delibes, quien tan magistralmente supo reflejar la esencia de nuestro paisaje y el interior de nuestras gentes, dibujando una tierra dura y curtida, pero también hospitalaria y tierna.

Con ello nos ayudó, con nuestras luces y sombras, y sin renunciar nunca a una visión global de las cosas y objetivos, a poner los ojos en nosotros mismos. A conocernos mejor. «El más difícil conocimiento que pueda imaginarse», según sentencia de El Quijote. Algo en especial oportuno en un día como hoy.

Precisamente Miguel Delibes fue el primer Premio Castilla y León de las Letras. Y ese es el testigo que recoge hoy José Luis Puerto. Docente, escritor, filólogo, editor y etnógrafo, del que cabe destacar por encima de todo su oficio de poeta. «Poetizar,/ una tarea antigua/ y a la vez perdurable,/ bajo la copa del mundo y del tiempo./ Lentitud y atención/ para poder nombrar lo que se escapa/ y lo que nos importa».

José Luis Puerto es autor de una obra amplia y hermosa, que ha merecido premios de tanto prestigio como el «Gil de Biedma». En su poesía destaca sobre los demás un rasgo maravilloso: la claridad. Pureza y melodía se dan la mano en sus versos, por su constante búsqueda de la esencia y su sentido profundo de la armonía. Algo que sin duda le hace partícipe de una tradición literaria que lleva de Fray Luis de León a otros escritores tan nuestros como Claudio Rodríguez o Antonio Colinas, que le precedieron en este Premio de las Letras.

En la obra de Puerto resplandece una mística de lo pequeño; una defensa de lo humilde; una mirada a lo que suele pasar desapercibido; una opción por el leve decir en el que cabe el rumor del mundo; una luz de fraternidad en la mano que se tiende al otro; un amor filial que no se agota; un sentido sagrado de la vida y la naturaleza; un deseo de trascendencia hacia lo que parece inalcanzable.

Un conjunto de valores humanos y estéticos que quedan condensados en su hermoso poema «ese», tal vez en buena medida biográfico de su autor: «El retraído, el apartado,/ el que ama el silencio,/ el que respeta el ritmo de la tierra/ y es fiel a los misterios de la luz,/ el que se queda ahí/ fuera de los combates de los hombres/ en la intemperie de los derrotados,/ el que estrecha la mano a quien le ofrece/ la suya sin jamás/ dejar de lado ni excluir a nadie,/ el que pide perdón, el que agradece,/ el que deja su sitio/ y no usurpa el de otros,/ el que camina leve por el mundo,/ atento a lo esencial,/ ese».

José Luis Puerto fue secretario de Rafael Alberti en los Cursos de Verano de El Escorial. En su haber tiene el impulso de conocidas revistas literarias y colecciones editoriales: Encuentros, Pavesas, Cuadernos del Noroeste, Plástica & Palabra... Y su apego a la verdad de la tierra le ha llevado a recorrer Castilla y León para conocer y recopilar tradiciones, creencias, leyendas y creaciones populares. Méritos añadidos a los de su obra poética, que le hacen acreedor de este Premio, por el que todos le damos la enhorabuena.

Afirma nuestro autor que «siempre en lo humano conviven la gracia y la herida». Esto lo conocen muy bien los miembros de ACLAD Asociación de Ayuda al Drogodependiente. Una entidad genuina del Tercer Sector, que surgió de la preocupación activa de un grupo de familias, madres y padres por las adicciones de sus hijos. Su compromiso y generosidad son reconocidos hoy con el Premio de Valores Humanos y Sociales.

Hablamos de la primera organización sin ánimo de lucro que abordó en España los problemas de la droga. El próximo octubre cumplirá 40 años. A lo largo de su trayectoria ha vivido, de tú a tú y a pie de calle, toda la evolución de este mundo y sus dramas. La vida en los poblados de venta de heroína. La aparición del sida. La exclusión social y la marginación. El auge de la cocaína y el cánnabis. La creciente preocupación por el consumo de alcohol en menores. Las drogas de síntesis…

Para responder a todo ello, ACLAD ha crecido y se ha profesionalizado. Ha desarrollado programas cada vez mejores de atención social, psicológica y sanitaria, asesoría jurídica e integración sociolaboral. Ha sufrido en ocasiones el rechazo a iniciativas de instalación de nuevos centros, por esa rémora que suele ser el miedo a lo desconocido. Y ha salido siempre adelante de las crisis para seguir trabajando, y ampliar la sensibilidad y apoyo de la sociedad. Porque las drogas desgraciadamente siguen siendo uno de los principales problemas que conducen a situaciones de sufrimiento, marginación e injusticia.

Hoy trasladamos el cariño y el reconocimiento de Castilla y León a cada uno de sus socios y trabajadores. En particular a su Presidente, Luis Iglesias. Y muy en especial a la que ha sido y es el alma de la Asociación, María Gutiérrez-Cortines.

También en los últimos 40 años, ha desarrollado su labor el nuevo Premio de Investigación Científica y Técnica e Innovación: el catedrático de Química Inorgánica de la Universidad de Salamanca, Vicente Rives Arnau. Científico insigne, su trabajo refleja la excelencia que cabe alcanzar en las tres principales misiones que la sociedad encomienda a su Universidad, siendo por ello una reconocida autoridad en la evaluación de su profesorado y sus actividades.

Primero, la labor de docencia. Que no consiste en transmitir un corpus cerrado de ideas y técnicas, sino un saber crítico y renovador. El profesor Rives siempre ha buscado «encaminar al alumno no sólo al conocimiento de una serie de conceptos, sino a la intriga, a la duda, al desconcierto en algunas ocasiones, para despertar en él el interés, las ganas de aportar, de saber, y de completar lo que ya hay». Porque más importante todavía que «saber» es «aprender».

Segundo, la labor de investigación. La valía del profesor Rives, sobre todo en el campo de la Ciencia de Materiales, se ha expresado en una actividad excepcional. Con participación en más de 80 proyectos de investigación, en la mitad de ellos como director o investigador principal. Y con casi 500 artículos científicos, 90 capítulos de libros, y otras 500 comunicaciones a congresos.

Y tercero, la labor de transferencia del conocimiento. El profesor Rives ha creído siempre que la Ciencia puede y debe servir para generar riqueza en la sociedad, a través de su repercusión en el tejido empresarial. Y ha logrado que los frutos de su vocación científica se traduzcan en iniciativas para la industria de nuestra tierra, habiendo participado en diversos proyectos con los centros tecnológicos y empresas industriales más importantes de nuestra Comunidad. Apuesta así por una economía basada en el conocimiento, capaz de innovar, generar ideas, y transformarlas en nuevos procesos y productos.

Enhorabuena por este Premio, profesor. Y muchas gracias por contribuir a que la Universidad sea esa «fábrica de talento» que demanda nuestra sociedad.

«Talento» es precisamente una de las palabras que vienen a la cabeza al pensar en Álex Grijelmo, Premio de Ciencias Sociales y Humanidades. Un periodista vocacional y pasional. Que con 16 años, tras ver publicado su primer artículo en un diario burgalés, supo que «la relación con la letra impresa era un veneno que ya no podría abandonar». Un veneno que hoy le lleva a colaborar en medios de comunicación de todos los formatos y tecnologías. Y a ser maestro de profesionales, como Director de la Escuela de Periodismo del diario El País.

Y es que su larga y brillante carrera le ha llevado a asumir muy altas responsabilidades en importantes Grupos de comunicación. En las que siempre cabe destacar su empeño en el cuidado y buen uso de la lengua española. Ahí están sus prácticos manuales sobre el estilo literario y el periodístico. Sus obras centradas en la defensa apasionada del idioma español y su genio. La Fundación del Español Urgente, promovida por él. Su preocupación por la veracidad en la información periodística. Y también sus incursiones en la prosa y la novela.

Es oportuno asimismo recordar cómo él, junto a otros amigos burgaleses, en el veterano grupo Orégano, han recogido durante años por nuestro ancho y largo mundo rural canciones populares a punto de perderse, a las que han dado nueva vida junto a composiciones propias, y obras de autores deliberadamente ocultados por la desidia o la represalia oficial. Uno de aquellos discos («Música tradicional castellana. El cancionero burgalés. Homenaje a Antonio José») fue Premio Villalar de los Comuneros en 1982. Se trata de una obra monumental de recuperación de nuestro folclore. Y también de nuestra memoria democrática, que sacó a la luz el trabajo del músico Antonio José Palacios, fusilado en 1936.

Felicidades, querido Álex. Y muchas gracias por una labor polifacética, vital, entusiasta, divulgativa, y de tanta proyección internacional. Especialmente en nuestras naciones hermanas de América, con las que tanta relación mantienes, y en las que tanta difusión han alcanzado tus trabajos. Me parece preciosa esa frase en la que dices: «el acento de un ecuatoriano también es mío, lo quiero heredar como heredo toda la cultura literaria y vital de Latinoamérica». Porque

Y así se dice, por ejemplo, que el primer americanismo del idioma español fue la palabra canoa, que aparece anotada por el propio Cristóbal Colón en su Diario el 26 de octubre de 1492. Lo que viene muy bien para introducir el Premio del Deporte, que ha recaído en el Piragüismo, en nuestros piragüistas.

Es el reconocimiento a un deporte presente y querido en muchas zonas de Castilla y León. Nuestro territorio coincide casi con exactitud con la Cuenca española del Duero, el río-padre que nos vertebra físicamente, que compartimos con aguas y parajes de otras Cuencas que también consideramos muy nuestras. Ellas nos convierten en la Comunidad con más kilómetros de cauces fluviales. El piragüismo tiene así mucho que ver con otro de nuestros activos esenciales, como es el Patrimonio Natural.

Este Premio se concede a un deporte que tiene grandes valores y exige enormes esfuerzos. Cuyos practicantes expresan a diario en nuestras aguas su constancia y espíritu de superación. Haga frío o calor, palistas y embarcaciones siempre están ahí. Con la tradición de sus escuelas. Y el impulso de sus clubes.

Y este es también el Premio a un deporte brillante. Uno de los que más alegrías viene dando a España en forma de medallas olímpicas y campeonatos mundiales y europeos. Y en el que Castilla y León, junto a miles de anónimos practicantes, tiene la fortuna de contar con algunas grandísimas figuras.

—Con pioneros del piragüismo de alta competición, como Guillermo del Riego Gordón y Narciso Suárez Amador, cuyos palmarés incluyen la gesta de haber obtenido medallas olímpicas en los años 80.

—Con campeones mundiales como lo fueron en los años 90 Juan Manuel Sánchez Castro y Juan José Román Mangas, actual Presidente de la Federación Española de Piragüismo. Y en años más recientes Emilio Merchán Alonso y Diego Cosgaya Noriega.

—Y con palistas que están obteniendo brillantes triunfos en estos últimos años. Como Eva Barrios Marcos y Belen Sánchez Jimenez, exponentes del éxito alcanzado también por nuestro piragüismo femenino. Y como el zamorano Carlos Garrote Ballesteros, que es el primer piragüista español que ha logrado ser campeón mundial y europeo en un mismo año, y que recientemente fue elegido «mejor deportista de 2018» de Castilla y León en todas las modalidades.

Enhorabuena a todos, porque engrandecéis un deporte que a su vez nos engrandece a todos. Y mucho ánimo para seguir cosechando esos éxitos.

También nos engrandece y admira el Museo Nacional de Escultura, nuevo Premio de las Artes. Una Institución de titularidad estatal, directamente vinculada con otro de los valores esenciales de nuestra Comunidad, como es su Patrimonio Histórico y Artístico.

Del Museo Nacional de Escultura hay que destacar, en primer lugar, su extraordinaria ubicación en Valladolid, integrada por tres joyas del patrimonio histórico español y de la arquitectura gótico-renacentista: el Colegio de San Gregorio, el Palacio de Villena y la Casa del Sol. Edificios tan vinculados a la mejor etapa del renacimiento español, en los que figuras como Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas, con su defensa de los derechos de los nativos americanos, anticiparon la construcción del sistema de los derechos humanos.

La excepcional colección del Museo es la más importante en su área de toda Europa. Conserva y divulga la obra de grandes tallistas como Alonso Berruguete, Juan de Juni o Gregorio Fernández, cimas de la llamada «Escuela Castellana», y maestros universales que transformaron la madera en expresión viva y llena de sentimiento del alma de nuestra tierra, cuyas obras han vuelto a llenar de arte y emoción las calles de Valladolid está última semana. Junto a esas tallas, el Museo atesora además relevantes pinturas. Y se enriquece con los fondos del antiguo Museo Nacional de Reproducciones Artísticas.

La Desamortización de Mendizábal estuvo en el origen de su colección. Y el entonces Museo Provincial de Bellas Artes se refundó como Museo Nacional de Escultura en 1933, siendo entonces su Director Francisco de Cossío, la gran personalidad que da nombre a los Premios de Periodismo de Castilla y León.

Ya en época reciente, el Museo Nacional de Escultura fue objeto de una esmerada rehabilitación que lo ha consolidado como lo que hoy es: ineludible destino para los amantes del arte renacentista y barroco, uno de los mejores y más originales museos del mundo, y un gran centro de iniciativas culturales.

Felicidades a todo su excelente equipo. Y de manera muy particular a su actual Directora, María Bolaños Atienza.

Queridas amigas y amigos:

La dimensión humana y la trayectoria vital de quienes han recibido desde 1984 los Premios Castilla y León muestran el caudal de inteligencia, voluntad, creatividad, iniciativa y compromiso que corre por nuestra tierra. Una fuerza sin duda capaz de generar las energías que necesitamos para ganar el futuro.

Los premiados nos hacen mejores. Lo que nos llena de orgullo y gratitud. Y tambien representan cuánto somos capaces de hacer. Lo que nos debe servir de estímulo para afrontar con coraje todos nuestros grandes retos y problemas, por graves y complejos que sean.

Entre éstos destaca el de la pérdida de población que venimos sufriendo en los últimos años. Un problema, es verdad, que compartimos con muchas otras Comunidades españolas y Regiones europeas, y que por ello necesita políticas nacionales y comunitarias que atiendan con prioridad sus causas y sus efectos.

Pero también un proceso que en Castilla y León presenta características propias. Lo que nos exige insistir y ser más eficaces en todas las actuaciones, inversiones y medidas fiscales que favorezcan las actividades económicas en el mundo rural; la incorporación a ellas de jóvenes y de mujeres; la ordenación y disponibilidad de los servicios e infraestructuras que garantizan en ese medio la calidad de vida; la modernización de la economía productiva sobre la base del conocimiento y la tecnología, para que sea capaz de crear más riqueza y mejor empleo; el aprovechamiento sostenible de los recursos culturales y naturales; y el impulso decidido de los valores de la igualdad, la integración y la solidaridad.

Junto a todo ello, necesitamos creer más en nuestras propias capacidades y posibilidades. Sobre las individuales, me remito de nuevo a los premiados. Y sobre las colectivas, es necesario recordar que a nuestra Comunidad nadie le ha regalado ser hoy en España potencia en algunas de las principales producciones agrícolas y ganaderas. Ser hoy líder en la industria automovilística, en energías renovables, en alimentación, en la conservación del patrimonio, en turismo de interior. Estar hoy en puestos de cabeza de los informes que califican la calidad y equidad de muchos de los principales servicios públicos. Todo lo cual es obra exclusiva de nuestra gente: las personas, familias, emprendedores, trabajadores, autónomos y profesionales públicos y privados de Castilla y León. Que día a día muestran que todo es posible cuando en un pueblo concurren talento y voluntad.

Talento y voluntad. Dos activos sociales a los que creo les ha venido muy bien el espacio de libertad y de autonomía que nos ha garantizado durante todos estos años nuestro ordenamiento constitucional y nuestro proyecto autonómico.

Transcurridos 40 años desde su promulgación, muchos no tenemos duda de que históricamente ésta es la mejor Constitución que España ha tenido jamás. La que nos devolvió la democracia. Nos abrió las puertas de la nueva Europa. Y nos ha facilitado, incluso en los momentos de las peores crisis, el periodo de progreso más intenso y prolongado conocido. Por eso son poderosas las razones para seguir defendiendo sus principios centrales de unidad, diversidad y pluralismo; de libertad, convivencia y solidaridad.

Y también las razones democráticas para exigir que nuestra voz sea tenida en cuenta, como lo fue en 1978, a la hora de tomar cualquier decisión que afecte sustancialmente a lo que somos y a nuestro futuro común. Como fruto vigente de la voluntad de los españoles, la Constitución debe ser siempre la respuesta a quienes pretenden imponernos con tanta frivolidad y contumacia un proceso de ruptura territorial y personal sin sentido, que nos conduciría al desastre. No sólo en el terreno de los afectos, también en el ámbito político, económico y social.

Nunca valoraremos lo suficiente la importancia que tiene, para convivir en libertad, la vigencia de un Estado de Derecho. Que asegura el valor superior de la Ley como garantía de la libertad, igualdad y justicia para todos. Que sujeta a reglas a las circunstanciales mayorías. Y evita que las minorías sean sometidas.

Nunca valoraremos lo bastante la importancia de vivir en un Estado Democrático. Que establece la separación, equilibrio y base democrática de los distintos poderes públicos. Que en estas últimas cuatro décadas ha amparado la celebración de más de 200 elecciones limpias y libres, como las que van a tener lugar en los próximos días y semanas. Y que debe seguir avanzando a través de mecanismos que favorezcan la participación de la sociedad civil.

Nunca valoraremos como merece la trascendencia del Estado Social. Cuya prioridad absoluta son las personas. Y cuyo objetivo central es la eficacia de las redes de atención destinadas a proteger a los más frágiles. Es importante que su despliegue tenga en cuenta las necesidades específicas de cada territorio. Y ello lo sitúa en natural relación con el Estado Autonómico.

Un modelo de distribución territorial del poder que, en lo peor de la crisis, algunos usaron como chivo expiatorio. Que ha sido desprestigiado también por los excesos de otros. Pero que creo presenta un balance global absolutamente positivo. En términos de gestión del Estado del Bienestar. De mayor cercanía de los ciudadanos a los centros de decisión política. Y de buen y útil servicio.

Esto es lo que al fin legitima a la Castilla y León autonómica que acaba de cumplir ya 36 años. Una Comunidad con una marcada personalidad histórica y cultural. Pero que nunca ha buscado justificarse en el cultivo de la diferencia. Que siempre apostó por la cooperación, proximidad y lealtad. Y que continuará avanzando sobre el terreno firme de su predisposición al acuerdo político, y del sólido ejercicio de su diálogo social. Pues juntos siempre seremos más fuertes.

Creo que cara al futuro es fundamental preservar esos cauces de diálogo que aquí hemos acertado a abrir entre todos. Que deben ser tanto una cultura de convivencia, otra vez la importancia de la palabra, como un factor de progreso.

Estoy convencido que nuestra Comunidad seguirá siendo leal al proyecto de la España constitucional. Y apostando con fuerza por un autonomismo útil, para seguir prestando los grandes servicios del Estado del Bienestar. Y también para mejorarlos, gracias al logro de una financiación más justa.

Estoy seguro que no vamos a dar ni un paso atrás en la apuesta que aquí hemos hecho por garantizar la cohesión y equilibrio de nuestra sociedad; por conciliar en todo lo posible servicios públicos e iniciativa social; por corregir las desigualdades y prestar atención en red a los que están en situación o en riesgo de exclusión; por favorecer la integración y la igualdad de oportunidades de todos; o por combatir lacras tan reales como la de la violencia de género.

Queridas amigas y amigos:

Fiesta de la Comunidad. Fiesta de la palabra. En un acto como éste hace ya algunos años, la recordada Catalina Montes, Premio de los Valores Humanos, reivindicó «una sociedad que escuche y estime la palabra de la experiencia de los ancianos y la palabra ilusionada de los jóvenes; la palabra del hombre y la palabra de la mujer; la palabra del fuerte y la palabra del débil; la palabra del que es semejante y la del que es diferente; la palabra de los que aquí nacemos y la de los que aquí llegan».

Después de todos estos años, en los que tanto he aprendido de cada uno de mis paisanos, sé hasta qué punto compartimos ese ideal tan elevado. Ha sido un enorme privilegio, que nunca podré agradecer suficiente, recibir tanto afecto, confianza, y hasta comprensión por los errores cometidos. Comprobar que nos une, por encima de las diferencias, el amor recio por esta tierra. La seguridad de que su futuro va a ser mejor que su presente o su pasado. La convicción de que eso hoy depende de nosotros más que en cualquier tiempo anterior de nuestra historia. Y de que cada uno podemos aportar algo para construir esa Comunidad más moderna, abierta, próspera y equilibrada que queremos.

Una Comunidad respetada. Integrada sin complejos en España y Europa. Capaz de aprovechar sus fortalezas. De superar sus debilidades y retos. Y de ofrecer un futuro mejor a todos los que vivimos en ella, en especial a nuestros jóvenes. Os aseguro que es un esfuerzo que merece mucho la pena. Y al que si queremos estamos permanentemente convocados.

Enhorabuena de nuevo a los Premiados. Feliz Fiesta de Castilla y León. Y muchas gracias a todos.