Los 'cuatrigenios', un caso entre 28.019 nacimientos en Segovia

La familia Aznar Olmos, con los cuatrillizos en el centro, en su domicilio de la ciudad./ Antonio Tanarro
La familia Aznar Olmos, con los cuatrillizos en el centro, en su domicilio de la ciudad. / Antonio Tanarro

Carlos, Jaime, Ricardo y Ana, todos con beca de excelencia, relatan su infancia y sus padres se muestran orgullos de que un embarazo de tanto riesgo acabara tan bien

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Carlos, Jaime, Ricardo y Ana protagonizaron el único parto con más de tres bebés en los 28.019 que han tenido mujeres residentes en Segovia desde 1996 a 2017. La estadística (un 0,003% de los casos) esconde una historia arriesgada con el mejor de los finales. El Grand Voyaguer es el coche familiar –tiene 22 años, como ellos– y la memoria de los 'cuatri', un grupo explosivo al que sus padres domesticaban por la calle con una amenaza. Les decían: «¡Que viene un perro!» Y se agarraban a sus piernas. Para ellos, el capítulo de 'Los Simpson' de los octillizos tiene un punto autobiográfico.

José Miguel Aznar y Pilar Olmos siguieron un tratamiento de estimulación ovárica durante dos años en Madrid. En una ecografía a los dos meses y medio de embarazo, el ginecólogo dijo que podría tratarse de «más de un feto» y a la semana se destapó el póker. El ginecólogo propuso aborto selectivo por el alto riesgo y lloraron toda una noche ante ese escenario, que descartaron de lleno. «Podía salir bien o podía salir mal. Y si sale mal, son cuatro y para toda la vida. Arriesgamos», subraya Pilar. Cuando estaba de seis meses, quien no sabía el número se sorprendía de que aún no hubiera dado a luz. «El médico me decía que comiera», recuerda. El más liviano nació con 1,01 kilos y el más pesado, con 1,10. Calculando la placenta y la bolsa individual de cada uno –fueron mellizos– más el líquido, cargaría más de 8 kilos cuando nacieron, el 30 de enero de 1997, a las 29 semanas y media de gestación.

Tres meses en el hospital

Miguel Ángel conoció a sus hijos en la incubadora y le preguntaron por el nombre. «Si el resto se pelea por poner el suyo, con nosotros fue al revés». Pilar quería Carlos y su marido, Ricardo. Habían pactado que la chica sería Ana, pero para el cuarto no había aún decisión. El hospital pidió un nombre provisional – «hay que llamarle de alguna forma, ¡no le vamos a llamar número cuatro!», les dijeron– y salió Jaime. Cuando se planteó cambiar a Enrique, la documentación ya estaba a nombre de Jaime. Y así se quedó.

Estuvieron tres meses en el hospital y cada uno salió con una semana de diferencia para que la adaptación fuera progresiva. La primera noche en casa, con Jaime y Ricardo, se estableció una norma de supervivencia. La idea era dar la toma a la demanda, cuando cada cual lo pidiera, toda una locura. «¡Y faltan por venir otros dos! Así que, el primero que llame, todos para arriba». El matrimonio formado por una enfermera y un funcionario cambió de casa, de coche y los abuelos se fueron a vivir con ellos. Un paquete de pañales duraba un día; si había diarrea, ni eso. Cola-Cao le dio suministro gratis hasta los 18 años a través de una asociación de familias numerosas.

Las primeras vacaciones familiares fueron en Salou antes de que cumplieran dos años. «¡Fue un martirio! Se asustaban del agua, de la arena, de todo… Se miraban los pies y se ponían a llorar los cuatro», recuerda Pilar. Los 'cuatri' fueron a la misma clase y compartieron aula con dos gemelas y dos mellizas No necesitaban compañía para jugar y cuando iban los cuatro al parque, marcaban tendencia; en un rato ya había una docena de chicos con el cubo y la pala a su alrededor. En el coche familiar sonaba cada verano la cinta de los éxitos del verano e iban juntos a bailar jotas, al fútbol –ellos lo practicaban y ella se quejaba de tenerlo todos los días en la tele– o a la piscina. La película fetiche de su infancia es 'Toy Story'.

Los estudios

Son también una engrasada máquina académica. «Si había cosas que a uno no le salían, iba a la habitación del otro a preguntarle», relatan estos estudiantes brillantes. Los cuatro lograron la beca de excelencia en Bachillerato; la peor nota en Selectividad fue un 10,8 de 14. Sus estudios no desmerecen. Carlos cursa Telecomunicaciones; Jaime será ingeniero espacial; Ricardo terminó el martes Ingeniería Biomédica, y Ana está cursando Medicina.

Como chica de un bloque tan unido, es difícil no preguntarse cómo hará Ana para introducir a una pareja en la ecuación familiar. Ella subraya que es «abrumador» convivir con sus tres hermanos y sonríe ante el papel de víctima que, a su vez, busca. «¡Si te tratamos genial!», responden ellos. «¡Se meten tanto conmigo que ya lo veo normal! Es mejor seguirles la corriente», replica ella. Su relación es un privilegio.

«Cuando fueron a la universidad lo pasaron todos muy mal. Y se les notó mucho», relata su madre. Mientras Ricardo y Jaime han compartido residencia en Madrid, Carlos va y viene todos los días y Ana está en Valladolid. «Hemos estado toda la vida juntos, siempre tienes a alguien con quien hablar y te cuesta socializar o hacer amigos porque no estás acostumbrado», señalan. «Al principio me aburría mucho porque no había nadie que se metiese conmigo», sonríe la genio de los 'cuatri'.