La Iglesia busca llevar a los fieles del Barco de Valdeorras a misa tras su negativa en apoyo al cura acusado de pederastia

Ángel Sánchez Cao, durante la la procesión de Outarelo en O Barco. /La Región
Ángel Sánchez Cao, durante la la procesión de Outarelo en O Barco. / La Región

El vicario parroquial del municipio gallego intenta reconducir la situación después de que varios vecinos hayan negado participar en la eucaristía y se hayan anulado las catequesis por la retirada del sacerdote leonés Ángel Sánchez Cao

A. CUBILLAS
A. CUBILLASLeón

La Diócesis de Astorga intenta apaciguar los ánimos en el Barco de Valdeorras después de que los vecinos plantasen, literalmente, a la Iglesia tras la retirada provisional del servicio de su párroco Ángel Sánchez Cao.

Según ha confirmado fuentes episcopales, el encargado está siendo el vicario parroquial del municipio gallego que ya está trabajando para reconducir la situación y recuperar la confianza de los feligreses.

Al fin de cuentas, la decisión se toma en base a dos denuncias contra el párroco por abusos sexuales durante su etapa como profesor en el Seminario Menor de La Bañeza. Denuncias que, según determinó la Diócesis de Astorga, están «fundadas».

En cualquier caso, desde la Diócesis enfatizan que debe pesar siempre «el principio de la presunción de inocencia y que se trata de medidas cautelaras y provisionales». Argumentos que el vicario traslada a los vecinos del Barco.

Sin embargo, la tarea no está siendo sencilla y en la puerta de la iglesia de Veigamuíños luce un cartel en el que advierten la determinación que han tomado varios vecinos de no asistir a la misa del 6 de enero como apoya hacia Don Ángel.

Junto a ellos, los catequistas que también se han planteado y han iniciado una huelga que afecta a los más de 130 niños de un municipio.

Precisamente, la del Barco de Valdeorras es una de las parroquias más activas de la Diócesis de Astorga, desde reconocen el cariño que sentía los vecinos a Sánchez Cao tras más de dos décadas ligadas al municipio gallego.

Ahora desde la Diócesis confían en que el vicario logre reconducir la situación en la provincia vecina y, de no ser así, tendrán que tomar medidas la próxima semana.

Primero Ramos Gordón, ahora Sánchez Cao

Sin embargo, ya son dos las denuncias de exseminaristas de La Bañeza que pesan sobre este párroco y que han sido suficientes para que se le aparte temporalmente.

Emiliano Álvarez fue el primero en dar la voz de alarma y, aunque nunca ha sido recibido por el obispo de Astorga o considerado como una víctima, la Iglesia mantenía abierta una investigación para intentar esclarecer los hechos.

Aunque el de Sánchez Cao no es un caso aislado. En 2014 y tras destaparse los abusos de Granada, Francisco Javier cogió un papel y un boli y escribió una carta al Papa Francisco relatando las vejaciones a las que había sometido él y su hermano.

Detrás de ese horro, el párroco José Manuel Ramos Gordón que, tras una segunda denuncia y una investigación, ha sido condenado al destierro durante diez años.

Tanto Francisco como Emiliano, los únicos que han dado públicamente su cara, insisten en que son muchas los dramas silenciados entre los viejos muros del Seminario Menor de La Bañeza. Más víctimas que, por el momento, guardan silencio.

 

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