Leonoticias

Lo que Blesa se calló de las ‘tarjetas black’

Lo que Blesa se calló de las ‘tarjetas black’

  • Declaró que ya existían cuando llegó a Caja Madrid, pero no dijo que con Terceiro se controlaba el tipo de gasto

  • El importe medio antes de 1996 no superaba los 300 euros mensuales y era exclusivamente para ‘gastos de representación’

Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid, inició el pasado viernes el turno de declaraciones de los 65 acusados en el caso de las ‘tarjetas black’, a los que se les imputa un delito de apropiación indebida. Durante el interrogatorio, Blesa –que fue presidente de la entidad entre 1996 y 2009– se escudó en que él no creó el sistema sino que comenzó en mayo de 1988, cuando Jaime Terceiro era el presidente, con el objetivo de «dignificar la función del consejero», según recoge el acta del Consejo de Administración de esa fecha.

Lo que no dijo Blesa en el juicio es que aquellas tarjetas que se concedían a los consejeros desde 1988 eran exclusivamente para gastos de representación y tenían un doble control –cuantitativo y cualitativo–. Así lo declararon varios consejeros de la etapa de Terceiro que luego continuaron en el Consejo de Administración con Blesa. El auto de diligencias previas del Juzgado de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, de fecha de 27 de febrero de 2015, recoge, por ejemplo, la declaración de Ramón Espinar de que le entregaron la tarjeta en la etapa de Terceiro «para usarla con prudencia en gastos de viajes, libros, hoteles y restaurantes. Trataba de ser una tarjeta para gastos de representación y para los gastos derivados de las actividades de los consejeros». Cuando llega Miguel Blesa ala presidencia, continúa explicando Espinar, éste le informa de que «además de los fines antes mencionados, podía añadir el uso de la tarjeta para cargar los gastos de carácter personal».

Otro de los consejeros acusados, Alberto Recarte, afirma que cuando en 1995 se le entrega la tarjeta (etapa anterior a la dirección de Blesa) se le informa que es para aplicarla en «gastos de representación» y que cuando llega Enrique de la Torre –secretario del consejo de administración en la época en que Miguel Blesa presidió la entidad– se le informa de que es «también para gastos personales». Ricardo Romero de Tejada manifestó que De la Torre le dijo al entregarle la tarjeta que podía «disponer de ella discrecionalmente, con un límite y sin necesidad de dar cuenta ni justificar su uso».

No se entregaba el PIN

Además de estas y otras declaraciones de los consejeros de Caja Madrid respecto a la ampliación del objeto de los pagos, hay elementos objetivos que diferencian claramente el uso de las tarjetas en una y otra época. Al menos hasta septiembre de 1996 (cuando llega Blesa a la presidencia) no se entregaba a ningún miembro del consejo de administración ni a ningún ejecutivo el PIN correspondiente a la tarjeta por lo que ninguno podía extraer dinero de un cajero automático con ella. La disposición de efectivo estaba prohibida por las normas internas de Caja Madrid. Eso cambia después; baste recordar que de los 456.552 euros que gastó entre 2003 y 2012 con la ‘black’ José Antonio Moral Santín, consejero y vicepresidente de CajaMadrid en la época de Blesa, más del 80% (367.000 euros) correspondió a retiradas en efectivo del cajero.

En cuanto al control que de la naturaleza de los gastos se realizaba en la etapa de Jaime Terceiro, presidente de la caja desde 1988 hasta 1996, se explicó a la Audiencia que había que presentar justificante de los cargos ante el secretario general Ángel Montero, que tenía la capacidad, casi inmediata de conocer los cargos en la tarjeta y su naturaleza, incluso de pedir la factura al establecimiento, puesto que Caja Madrid era el emisor y titular de la tarjeta. Como prueba de que se controlaban los gastos, se menciona que en ocasiones llegó a pedirse el reembolso de determinados gastos.

En aquella época el límite de gasto mensual con la tarjeta estaba establecido en 600 euros aunque, según explicó Terceiro, el gasto medio no superaba los 250 o 300 euros al mes. Después, con Blesa y Rato, vendrían los excesos (safari en África, miles de euros en bebidas alcohólicas, joyas, compra de lencería y muchos otros gastos) que han acabado sentando en el banquillo a 65 consejeros de una entidad que tuvo que ser rescatada con más de 22.000 millones de euros de dinero público.

El auto de las diligencias previas concluye que el origen fue el normal de ‘tarjetas de empresa’. Otra cosa bien distinta es cómo acabaron.