Incentivo, Ilustre, Grey y Herético; a disposición del peregrino

El jinete prepara al caballo para una nueva jornada. / Sandra Santos

Cuatro caballos recorren los rincones más abruptos del Camino de Santiago para llegar a aquellos rincones donde vehículos y motocicletas no pueden acceder y ofrecen su fuerza a los usuarios de la Ruta Jacobea

RUBÉN FARIÑASMolinaseca

Apenas asoma el sol sobre el río Meruelo cuando asoman Incentivo, Ilustre, Grey y Herético. Su jornada laboral comienza en ese momento.

Una vez que han comido, les toca bajarse del furgón que les ha desplazado hasta su lugar de destino. La belleza se refleja sobre su piel, sus colas bailan al ritmo de sus herraduras y su fuerza servirá como función a su unidad de la Guardia Civil.

«Son nuestra herramienta de trabajo», explica el cabo primero Miguel Ángel Bueno. Él es uno de los cuatro jinetes que se subirán a lomos de los caballos que vigilan y protegen a los peregrinos en el Camino de Santiago.

Una vez que están sobre el firme, los equinos son cepillados y revestidos con la montura sobre la cabezada. Por último, sólo queda acondicionarlos para comenzar el servicio.

Por delante, estos guardianes de cuatro patas, tienen una larga jornada en la que se desplazarán entre riscos, a través de senderos, para alcanzar los lugares más abruptos de la Ruta Jacobea.

No sería la primera vez que tienen que detener su sincronizado paso para socorrer y trasladar a algún peregrino al que se le presenta una incidencia. No será la primera vez en la que ejercen de improvisado recuerdo del Camino de Santiago. Y no será la última que ejerzan su cargo para ofrecer seguridad a las miles de personas que transitan por la provincia durante el verano.

El puente de Molinaseca les despide, las montañas adyacentes les esperan y, al otro lado, El Acebo, donde concluirá su trabajo en esta jornada. El trote marca la despedida, sus crines escalan por las cuestas del camino y el sonido producido al cabalgar ya recibe a nuevos peregrinos.

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