Envainársela

Inés Madrigal, víctima de la trama de bebés robados. /Efe
Inés Madrigal, víctima de la trama de bebés robados. / Efe
Rosa Belmonte
ROSA BELMONTEValladolid

Tanta Luchi, tanta Luchi y fue adoptada. Inés Madrigal se consideraba, por sentencia, el primer bebé robado de España. Pero ha encontrado a su familia biológica y le ha dicho que nanay. Años después de que su madre le contara que fue adoptada, leyó un artículo sobre sustracción de niños en la madrileña clínica San Ramón y pensó que podría ser uno. Ya sabemos el resto. En el juicio se consideró probado que el doctor Vela «tuvo conocimiento de que la entrega de la niña se efectuaba sin consentimiento de la madre biológica». Fue absuelto por prescripción. Culpable pero impune. Seguía el escándalo que no existía. Se calcularon 300.000 bebés robados. Como si yo calculo las chuletas de dinosaurio que he comido en mi vida.

Frente a la histeria colectiva de denunciantes y medios de comunicación convendrá un envainamiento colectivo. El caso de Madrigal sólo es un campanazo, una vez sabemos que la madre la entregó de manera voluntaria. Otra cosa son las adopciones irregulares, los tejemanejes del médico, la monja y la clínica. Claro que habrá habido robos, pero no una trama. Que vinieron a observarnos del Parlamento Europeo. Tras la avalancha de denuncias y diligencias de investigación se abrieron tumbas. Ningún análisis confirmó robo. Se recuperaron restos óseos en el 97% de los enterramientos (en los otros había insectos devoradores de cadáveres) y en el 90% de los casos se identificó a los niños como hijos de los padres que los buscaban. Comprensible que prefirieran creer que los habían robado. Pero era verdad que habían muerto. Nos escandalizamos con una trama no probada. 'France Culture' llegó a titular: 'La Iglesia católica, tiránica y mafiosa, detrás del escándalo de los bebés robados de Franco'. Como decía Roger Ailes, a la gente no le gusta estar informada sino sentirse informada. O ser Juana Rivas.