El Papa acepta la renuncia de un obispo chileno encubridor de abusos a menores

El Papa acepta la renuncia de un obispo chileno encubridor de abusos a menores

Francisco empieza a tomar decisiones de peso en la Iglesia chilena, sacudida por décadas de abusos sexuales a menores

DARÍO MENORCORRESPONSAL. ROMA

El Papa Francisco ha empezado a tomar decisiones de peso en la Iglesia chilena, sacudida por décadas de abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos en medio del silencio cómplice de la jerarquía eclesiástica local. El Pontífice aceptó la renuncia del obispo de Osorno, Juan Barros, al que acusan de encubrimiento las víctimas del sacerdote pederasta Fernando Karadima. Junto a este polémico prelado, cuya salida se daba por descontada, también abandonan sus cargos los titulares de las diócesis de Puerto Montt, Cristián Caro, y de Valparaíso, Gonzalo Duarte, que habría abusado de un exseminarista. Ambos han cumplido ya los 75 años, la edad a la que los prelados deben presentar su renuncia. Los tres obispos serán de momento reemplazados por administradores apostólicos hasta que el Papa coloque a un nuevo pastor al frente de sus diócesis.

Barros, Caro y Duarte, como el resto de miembros del episcopado chileno, participaron el mes pasado en una serie de reuniones en el Vaticano con Jorge Mario Bergoglio para aclarar la grave crisis de abusos sexuales que sufre la Iglesia de su país. Los 34 obispos presentes en aquellas conversaciones pusieron sus cargos en las manos del Pontífice en bloque y por escrito «para que libremente» decidiera el futuro de cada uno de ellos. Fue un gesto insólito en la Iglesia católica y que tuvo su primera respuesta ayer con las salidas de estos tres obispos. Se espera que no sean las únicas.

La aceptación de la renuncia de Barros llega cuando están a punto de empezar su misión en Osorno el arzobispo maltés Charles Scicluna y el sacerdote catalán Jordi Bertomeu, los dos expertos enviados de nuevo por el Papa a Chile para que investiguen los casos de abusos. Después de que su viaje el pasado enero al país austral se viera opacado por las protestas de los laicos en contra del encubrimiento de los pederastas por parte de la jerarquía eclesiástica, Francisco mandó por primera vez a tierras chilenas a Scicluna y a Bertomeu. Ambos prepararon un detallado informe de más de 2.000 páginas que hizo que el Pontífice abriera los ojos y cambiara de postura. Pasó de apoyar a Barros y tachar de «calumnias» las acusaciones de las víctimas a pedir perdón por no haberles escuchado ni apoyado, recibiéndoles luego en el Vaticano. Entre ellos estaba Juan Carlos Cruz, que aplaudió ayer la marcha de «tres obispos corruptos». «Empieza un nuevo día en la Iglesia católica de Chile», celebró.

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