Mujeres en pie de guerra

La representante de ONU Mujeres en Túnez y Libia, Begoña Lasagabaster, durante la ponencia./Virginia Carrasco
La representante de ONU Mujeres en Túnez y Libia, Begoña Lasagabaster, durante la ponencia. / Virginia Carrasco

Pocas participan en los procesos de paz, algo que tendrá consecuencias en la historia de los territorios al solo contar con «la mitad del relato»

Edurne Martínez
EDURNE MARTÍNEZMadrid

De la «guerra pacífica» de la que habló la activista Bianca Jagger, a ayudar a las mujeres en países en guerra que sufren violencia sexual, laboral y social «antes, durante y después» del conflicto armado. La violencia contra las mujeres se intensifica en guerra porque se «polarizan» los roles de género, los hombres son los que suelen armarse y con ello sacan su lado más «misógino», mientras que las mujeres quedan relegadas a un segundo plano y en los procesos de paz, tampoco serán llamadas. «No se hizo la misma foto en el tratado de paz de Colombia que en el de Versalles, pero es importante saber que en la historia hay mujeres para no tener solo la mitad del relato», defendió Raquel Vázquez, abogada especializada en derecho penal internacional durante la segunda jornada del Santander WomenNOW Summit que se celebra desde el jueves en Madrid. «No se puede contar la historia de una sociedad sin contar sus guerras y si las mujeres son borradas de las guerras, es complicado dar ejemplo a las siguientes generaciones», explicó la experta.

Más allá, Almudena Bernabéu, también abogada experta en derechos humanos, quiso hacer hincapié en que la violencia de género en conflictos va mucho más allá de la violencia sexual y que si esto no se entiende, «no se puede dar a la mujer el rol que tiene». «Se trata de una violencia que se perpetúa y no permite a las sociedades reconstruirse del todo», por lo que sin presencia femenina en todo el proceso, «la solución será fallida». La prueba está, según la abogada, en que la historia se repite y cuando hay una confrontación, «las mujeres vuelven a sufrir la misma violencia», poniendo el ejemplo de Nicaragua en referencia a la historia de Bianca Jagger.

La icónica defensora de los derechos de la mujer, Clara Campoamor, decía que para tener libertad hay que ponerla en práctica. En este sentido, la representante de ONU Mujeres en Túnez y Libia, Begoña Lasagabaster, defendió que para lograr la igualdad real, también hay que practicarla: «Ya no podemos llevar a cabo una política de pasito a pasito y esperar a que la siguiente generación haga algo para mejorar la situación. Hay que adoptar medidas inteligentes», dijo durante su ponencia.

Algunas cifras: se tardará en acabar con la brecha salarial 61 años, y eso solo en Europa Occidental, el territorio más avanzado en este ámbito. De media, las mujeres solo ejercen tres cuartas partes de los derechos de los hombres en el mundo. Además, a 1 de enero de 2019, solo el 24% de los parlamentarios europeos son mujeres. Lasagabaster mostró así que aún hay mucho camino por recorrer, a pesar de la importancia de su presencia en la resolución de conflictos. Y es que los datos revelan que cuando hay mujeres en procesos de negociación de paz, se alcanzan antes los acuerdos y «suelen tener una durabilidad de 15 años más que en los que las mujeres no tienen presencia».

Violencia aún silenciada

La ONU ya ha definido la violencia contra las mujeres como una «epidemia global». Una de las que más ayuda dan para evitarlo es Ana Bella, una mujer que tras denunciar el maltrato que había sufrido durante años por parte de su marido, decidió fundar una asociación que ayuda a miles de mujeres a salir de esa situación. Tras años de experiencia, explica que son muy pocas las mujeres que consiguen dar el paso para denunciar por miedo -entre otras cosas- a ser vistas como malas profesionales en sus empresas.

Y dio algunos datos: existen 62 millones de hombres que maltratan a sus mujeres en el mundo, pero solo el 14% lo denuncia, el porcentaje cae en los niveles profesionales superiores: «Es muy difícil encontrar mujeres con altos cargos directivos que rompan su silencio, cuando nos consta que las hay», señaló la fundadora de la asociación que lleva su nombre y desde la que han ayudado ya a más de 3 millones de mujeres. «Hay que conseguir que las empresas no nos vean como víctimas, sino como mujeres que tras pasar por una experiencia así estamos más empoderadas, comprometidas con nuestro trabajo y somos más eficaces», aseguró.

«Invertir en una startup es como casarse»

«Las mujeres tenemos muy buen olfato para los negocios», dijo sin temor a equivocarse Ronja Koepke, inversora sueca que participó en el encuentro de Business Angels organizado por la escuela de negocios IESE en el marco del Santander WomenNOW. Aunque aseguró que el comienzo de toda inversión es como un «matrimonio» por el grado de implicación, tiene claro que merece la pena y que muchas más mujeres deberían arriesgarse.

Y es que según datos del IESE, menos del 10% de los 'business angels' son mujeres, y muchas achacan la falta de dinero o de tiempo como razones de ello, además del riesgo. Sin embargo, el 29% de las españolas que invierten en startups tienen un patrimonio inferior a los 100.000 euros, por lo que los expertos apuestan por desterrar la idea de que es un campo limitado a fortunas muy elevadas.

Nancy Brito, inversora portuguesa, hizo hincapié en que para crear una startup hay que arriesgar y ser ambicioso, al igual que para convertirse en 'business angel'. «Muchas mujeres dicen que no invierten porque no saben cómo hacerlo. La buena noticia es que mucha gente está deseando enseñarte a hacerlo».

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