La libertad se cita en el Acto del Perdón y el recuerdo a Notre Dame

La persona liberada se incorpora a la procesión. / Sandra Santos

La Cofradía del Santo Cristo del Perdón logra la libertad condicional para I.R.F. y proclama su nueva condición en el Locus Apellationis de la Catedral de León, donde cientos de personas acudieron para dar la bienvenida a esta persona

RUBÉN FARIÑASLeón

Y el Martes Santo volvió a ser en León martes de perdón, de túnicas marrones y fajines blancos, de faroles ferroviarios y de libertad, aunque en esta ocasión fuera de forma condicional.

La Cofradía del Santo Cristo del Perdón regresó al Locus Apellationis para proclamar en el pórtico de la Santa Iglesia Catedral y ante el pueblo de León su solicitud de 'gracia' para un penado.

La campana sonó a libertad y recorrió una abarrotada plaza de Regla para que tres golpes en la puerta del Seminario fueran lo único que separaba a este reo de obtener su nuevo grado y poder regresar con su familia y su mujer, como él mismo había pedido horas antes.

El Orfeón Leonés hizo sonar sus voces, un sonido que hacía resurgir el alma del antiguo reino en el lugar donde se impartía justicia otrora, el fuero juzgo del siglo XI. Todo ello en una tarde-noche donde el cielo permanecía azul y la temperatura excelente para presenciar el acto.

El abad de la cofradía proclamó la libertad para I.R.F. Y el alcalde de León hizo lectura del comunicado de Instituciones Penitenciarias por el que se otorgaba la libertad condicional para esta persona, ante los aplausos de los centenares de leoneses congregados. El subdelegado del Gobierno, acompañado por el capellán de la parroquia y el abad acudieron entonces al Seminario. Con tres toques no fue suficiente en esta ocasión, la puerta tardó en abrirse y requirió de una segunda llamada.

Tras unos minutos de calma tensa, el pórtico se volvía a abrir para que el pueblo recibiera a I.R.F., ya en situación de libertad condicional, y la campana resonó hasta que el obispo tomó palabra para rezar al Cristo del Perdón y recordar el incendio de la Catedral de Notre Dame, en París.

La Procesión del Perdón

Antes, la penitencial ferroviaria había ingresado en la plaza, llegados desde el Asilo de Ancianos Desamparados, y antes de proseguir su recorrido de regreso hacia la parroquia, donde serían recibidos por los vecinos de la barriada.

La sección juvenil abría el cortejo con sus faroles blancos, seguidos de cerca por la Condena de Cristo, obra de Manuel López Becker y última adquisición del Santo Cristo del Perdón, que llegaba pujada por 15 internos del CIS, quienes compartieron 'tiradinas' con los braceros de la cofradía. El ritmo lo marcó la Agrupación Musical del Cristo del Gran Poder.

Tras ellos, el titular de los papones de la Vega, el Cristo del Perdón, llegaba acompañado por la Banda de Música. La talla de Ángel Estrada, con más de medio siglo de historia, es portado por 80 braceros.

Los faroles rojos de los hermanos mayores y los representantes de la Hermandad Ferroviaria de León también participaron de este acto procesional.

El turno de los jóvenes cofrades de las túnicas franciscanas era con la puja del Cristo de la Esperanza. La talla anónima, que ocupa la parte central del altar de la iglesia de origen, abordaba la fachada de la Catedral de León portado por 22 jóvenes braceros.

El último de los pasos de la cofradía era la Madre de la Paz, de Amado Fernández, guiada por la sección de 'manolas' y que es llevada exclusivamente por mujeres. Casi un centenar bailaron a esta virgen bajo palio en su llegada a la Regla, a los sones de la Banda de Música de las Siete Palabras.

Una vez celebrado el popular Acto del Perdón, los faroles de los papones de fila se encendían. La luz de la libertad guiaría el camino penitente de esta cofradía en su regreso al barrio de La Vega, donde cientos de vecinos esperan cada año a la puerta de la parroquia para vivir un emocionante encuentro entre la Madre de la Paz y el Cristo del Perdón.