El Encuentro remueve el corazón de la Semana Santa

Encuentro entre la Virgen y San Juan ante la mirada del Nazareno.

La Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno celebra su acto central y el de la Semana Santa leonesa pese a la amenaza de lluvia

A. CUBILLASLeón

Emoción a flor de piel. Difícil de explicar sin vivirlo.

Un nudo en la garganta. Y la respiración contenida. Rota tan sólo por los aplausos de los asistentes y las lágrimas de los hermanitos de Jesús.

Difícil no estremecerse al ver cómo San Juan protagoniza la genuflexión ante la Virgen bajo la mirada del Nazareno.

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Imposible no emocionarse al ver a los dos seíses fundirse en un sentido abrazo mientras los braceros del San Juanín y la Dolorosa intentan darse la mano.

Porque, un año más, los cofrades del Dulce Nombre de Jesús Nazareno han cumplido su sueño, el colectivo, el de todo León: vivir y hacer vivir El Encuentro.

Grande la Semana Santa de León. Grande el Viernes Santo. Grande la Procesión de los Pasos que ha desafiado, con éxito, a la lluvia. De nuevo León, rendido a los pies de Dolorosa, el Nazareno y el San Juan.

Al apagarse la voz de la Ronda, se desborda el Viernes Santo, el día de la Procesión de los Pasos, con el permiso de la procesión de las Siete Palabras y del Santo Entierro.

Imagen titular de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León durante la procesión de los Pasos.
Imagen titular de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León durante la procesión de los Pasos. / Campillo

Con el cielo encapotado y un frío gélido que no ha impedido mostrar una abarrotada plaza, las trece tallas han salido de la Iglesia de Santa Nonia para, tras dejar atrás las angostas calles del barrio Húmedo, alcanzar la Plaza Mayor de León donde ante la atenta mirada de los cientos de espectadores han ido tomando posesiones para vivir El Encuentro.

La Oración en el Huerto, El Prendimiento, la Flagelación, la Coronación y el Ecce Homo. Atrás dejaban las estrechas y empedradas calles para abrirse paso ante una multitud de gente que aguardaba en silencio para vivir el momento más álgido de la Semana Santa leonesa.

Emoción contenida al ver entrar la hermosa imagen del Nazareno, el Cristo cargando su cruz, ese madero que acepta y desbordando el miedo humano que enaltece aún más su sacrificio. Una talla que arrancó el primer aplauso de esta procesión, cuyo origen se desconoce pero que se ha convertido en el eje central de la Pasión leonesa.

Allí, el Nazareno aguardó en la parte central de la plaza y en silencio la llegada de la Virgen mientras el olor del incienso embriagaba una plaza, que se estremecía con cada acorde, con cada sonido de las bandas y agrupaciones que despertaron el sentimiento de la pasión.

Siguiendo sus pasos, La Verónica, El Expolio, la Exaltación de la Cruz, la Crucifixión y el Santo Cristo de la Agonía, que precedía de la llegada de la Madre Dolorosa que caminó a su encuentro con San Juan, momento embellecido aún más si cabe por unos tímidos rayos del sol que iluminó la escena.

Fue, sin duda, uno de los momentos más apasionantes de la Pasión leonesa, que ha removido el corazón de la Semana Santa leonesa.

 

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