«Mis excompañeros de Govern no son presos políticos»

Santi Vila, exconsejero de Empresa de la Generalitat./Marceli Sáenz
Santi Vila, exconsejero de Empresa de la Generalitat. / Marceli Sáenz

El exconsejero, que está a la espera de ser juzgado, cree que el 'procés' se acabó el 1-O

CRISTIAN REINOBarcelona

Santi Vila (Granollers, 1973) era la voz moderada, quizá la única, en el Gobierno de Carles Puigdemont. Tachado de traidor por los más duros, aguantó en el Ejecutivo hasta el 26 de octubre, el día antes de la declaración de independencia. Está a la espera del juicio del 1-O acusado de desobediencia y malversación.

-¿Cómo ve Cataluña un año después del 1-O?

-Desde el punto de vista social, se ha serenado bastante. En lo político, en la medida en que aún hay políticos presos y hay un juicio es difícil normalizar la situación.

-¿Qué recuerdos guarda del 1-O?

-Presencié la represión policial en el Ampurdán (votó en Figueras, donde fue alcalde). Fue terrible. Yo estaba seguro de que era un pulso para forzar a Rajoy a negociar una agenda de reformas. Había quien pensaba de otra manera. Pero era obvio que no tenía recorrido un planteamiento rupturista.

La frases

'Procés'.
Después el 1 de octubre el soberanismo se quedó sin hoja de ruta
Quim Torra.
Me sorprendió cuando lo eligieron, pero prefiero reservarme la opinión
Solución.
Lo mismo cuando nos propongan algo entre 400.000 y 600.000 independentistas lo escuchamos

-¿Cuál era el objetivo de la celebración del 1-O?

-Estábamos convencidos de que si salía bien la consecuencia sería la convocatoria de un referéndum acordado. Si había mucha gente votando, esperábamos que Rajoy se avendría a encauzar el problema para poder votar alguna cosa. Si salía mal, sin apenas participación, acabaría en la convocatoria de elecciones. Pero salió con una derivada inimaginable: cargas y enquistamiento del problema.

-¿No esperaban las cargas?

-Eran inimaginables. No teníamos ni sindicatura electoral. El Estado podía haber dicho: haced lo que queráis, pero esta votación no tiene ningún valor jurídico ni político.

-¿Pecó el Govern de inconsciente?

-Estábamos convencidos de que sería una exhibición de fuerza, que sacaría a Rajoy del inmovilismo. Queríamos mostrarle que hay un problema serio. Cuando surge la discrepancia en el bando independentista es en la noche del 1-O. Algunos decimos: ya está, esto no da mas de sí. El Govern debería haber convocado elecciones. Otros empezaron una semana sin hoja de ruta. Improvisaron con la declaración unilateral y con mil ocurrencias.

-Sin embargo, Puigdemont insiste en que su error fue no declarar la independencia el 10-O.

-Discrepo. Pero llevo un año sin hablar con él.

-¿Tanto?

-La última vez que hable con él fue el día de la DUI, el 27-O, yo ya estaba fuera del Govern desde el día anterior. Le deseé suerte en lo personal pero en lo político ya veíamos las cosas muy distintas.

-Usted no se habla con Puigdemont, éste tampoco con Junqueras… triste final para el proceso, ¿no le parece?

-Es un desastre. Lo llevo con mucha pena y tristeza. Apreciaba mucho a Carles.

Las cargas policiales

-¿Buscó el Govern la imagen que queda del 1-O, la de las cargas policiales?

- No. Algunos me decían con ironía: ¿no ves como la derecha española no nos falla nunca? El PP nos hizo un regalo inesperado, porque ese día se abrió una ventana de simpatía hacia la causa catalana en el mundo.

-¿Qué debió hacer Rajoy?

-En lo político llamarnos a negociar, a hablar, como está haciendo el PSOE. En lo práctico, si no quería negociar, nos tenía que haber ninguneado y ya está.

-¿No le parece una quimera negociar un referéndum?

-Pedro Sánchez está dispuesto a poner sobre la mesa un referéndum sobre el autogobierno.

-Usted sabe que no es lo mismo.

-Entre el autogobierno y la autodeterminacion, hay una grieta por la que podemos pasar muchos soberanistas y solucionaremos el problema. Si puedes organizar un referéndum por la mejora del autogobierno y la mayoría de los catalanes te lo aprueba has matado el perro y la rabia.

-¿Lo aceptaría el independentismo?

-Los dos millones, no. Pero todos no pensamos igual. Entre 400.000 y 600.000 independentistas decimos que el día que nos propongan algo, igual lo escuchamos con atención. La solución es votar algo.

-¿Valió la pena tanto sacrificio personal y político?

-Siendo honestos, hay que reconocer que la legislatura pasada fue un desastre. Otra cosa es a la hora de dirimir las responsabilidades. En Madrid también les interesaba que esto colapsara.

-¿Sigue vivo el 'procés'?

-No. El punto de inflexión fue el 1-O. A partir de ahí el soberanismo se quedó sin hoja de ruta.

-Qué opinión tiene de Quim Torra?

-Me sorprendió cuando lo eligieron, pero prefiero reservarme la opinión.

-¿Por qué no lleva lazo amarillo?

-No lo he levado nunca. Respeto a los que lo llevan. Lo valoro. Que uno en su balcón o en la solapa lo lleve es una muestra de afecto y de solidaridad hacia los políticos que sufren. Tan cierto como que me incomoda que se manchen los espacios públicos. Es una apropiación indebida. En mi caso personal, no me olvido que para muchos el lazo es una muestra de afecto pero para otros es un símbolo agresivo porque supone aceptar que hay presos políticos en España.

-¿Sus excompañeros de gobierno no son presos políticos como mantiene el soberanismo?

-Son políticos presos. En mi opinión están injustamente encarcelados pero no son presos políticos. Están acusados de haber incumplido la leyes. España no es Turquía.

Especial 1-0

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