El PSOE teme que el visible declive de Podemos lastre su opciones tras el 26-M

Pablo Iglesias (izq.) saluda a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados./Efe
Pablo Iglesias (izq.) saluda a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. / Efe

No es sólo la última crisis entre Iglesias y Errejón, desde hace meses los barones ven peligrar la posibilidad de reeditar sus pactos de gobierno

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

En otras circunstancias, el PSOE quizá tendría razones para frotarse las manos ante lo que, no a raíz de la última crisis que ha estallado en Podemos, sino desde mucho antes parecen indicar las encuestas: que el partido de Pablo Iglesias de desinfla. Ahora lo que empieza a extenderse entre los socialistas es más bien cierta inquietud. A cuatro meses para las elecciones autonómicas y locales de mayo temen que la debilidad de quienes han sido sus socios esta legislatura les impida volver a formar Gobierno.

La cosa sería distinta si hubiera alguna prueba de que los socialistas capitalizan todo el desgaste de la formación que en los comicios de 2015 fue capaz de arrebatarle millones de votos, pero el trasvase no es suficiente. Los barones del PSOE ya vieron las orejas al lobo el pasado 2 de diciembre cuando, contra todo pronóstico, la bajísima movilización de la izquierda dio la victoria a una derecha divivida en tres y Susana Díaz perdió el Gobierno tras 36 años de hegemonía de su partido. Y no descartan ser víctimas de un cóctel similar. Un cóctel al que suman el discurso territorial de Pedro Sánchez. «Cataluña se nos puede acabar llevando por delante», admiten desde hace meses en ciertos territorios.

Algunos confían en que, si se da la ocasión, Ciudadanos esté dispuesto a sellar un acuerdo que les permita revalidar en el cargo. Es el caso del castellano-manchego Emiliano García-Page, que en la actualidad gobierna en coalición con Podemos. El partido de Albert Rivera ya trató de equilibrar hace cuatro años sus pactos territoriales para asentar su imagen de formación centrista y, mientras en Madrid hizo presidenta a Cristina Cifuentes (PP), en Andalucía garantizó el Ejecutivo de Díaz. Ahora que el apoyo de Vox al Gobierno en el que Juan Marín es vicepresidente ha sido recibido con cierto recelo incluso entre sus próximos (ahí están los 'peros' de Manuel Vals) los dirigentes del partido también se plantean compensar con alianzas de distinto signo.

Aún así, ningún barón las tiene todas consigo. En estos momentos, gobiernan gracias a pactos con Podemos u otras fuerzas de izquierda en Asturias, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, la Comunidad-Valenciana y Baleares. En Madrid, el exministro de Educación, Ángel Gabilondo, se quedó a sólo un escaño de poder desbancar al PP con ayuda de los morados. Y los suyos creen que la crisis abierta en Podemos como consencuencia del movimiento de Iñigo Errejón puede lastrar aún más las posibilidades de sumar.

Bronca explícita

«Aquí son dos diputados y están peleados entre sí». «Aquí en diciembre dimitió en bloque todo el Consejo Ciudadano». «En mi tierra estaban divididos en dos desde el primer día y el mes pasado todo saltó por los aires». Son los relatos de diversos dirigentes autonómicos o locales del PSOE sobre la situación interna en la que se encuentra Podemos. Lo de Madrid no es una excepción. La bronca explícita está a la orden del día.

En la Comunidad Valenciana las alarmas ya saltaron hace unas semanas cuando las encuestas empezaron a apuntar a una debacle del partido morado que pondría en jaque la repetición del 'pacto del Botànic' entre el PSPV de Ximo Puig, el Compromís de Mónica Oltra y Podemos, que durante toda la legislatura ha dado apoyo externo al ejecutivo de coalición. Algunos sondeos incluso contemplan la posibilidad de que, concurriendo por separado, ni el partido de Iglesias ni Esquerra Unida tengan asegurada su entrada en el Parlamento autonómico. Juntos sumarían menos que por separado pero se garantizarían rebasar la barrera del 5% de los votos necesaria para obtener representación y podrían alcanzar el 10%. De momento, sin embargo, han sido incapaces de llegar a un entendimiento.

Como ocurre con Puig, las encuestas también apuntan a que el aragonés Javier Lambán ha sabido rentabilizar su acción de Gobierno pero tanto en la Comunidad como en Zaragoza Podemos ha perdido mucho fuelle y hoy por hoy las izquierdas estarían lejos de sumar. Las posibilidades de este barón socialista, que junto con García-Page se ha revelado como uno de los dirigentes socialistas más críticos con el independentismo (hasta el punto de desmarcarse en algunas ocasiones del discurso oficial del Ejecutivo), pasarían igualmente por seducir a Ciudadanos.

En Extremadura, Guillermo Fernández Vara fue el más votado en 2015 y está en condiciones de volver a serlo, pero también depende de Podemos. De Podemos y de que no cale el discurso de Vox como en Andalucía. Ese nerviosismo es perceptible en su actuación. Esta semana el PSOE extremeño apoyó una iniciativa parlamentaria del PP que pedía la aplicación de artículo 155 en Cataluña. Y, hace unos días, el presidente no dudó en advertir al Ejecutivo de Sánchez sobre la situación del tren: «Resuelvan esto cuanto antes si no quieren que la gente piense que hay dos Españas».

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