El independentismo catalán saca músculo y presiona al juicio del 'procés'

La Diagonal, abarrotada./Foto: Lluis Gene (Afp) I Vídeo: Atlas
La Diagonal, abarrotada. / Foto: Lluis Gene (Afp) I Vídeo: Atlas

«Cerca de un millón de personas» llena la Diagonal para exigir la «libertad de los presos políticos» y «hacer la república»

ADOLFO LORENTEEnviado especial a Barcelona

Hace tiempo que el independentismo catalán dejó de ser flor de una Diada. Su músculo, como hoy volvió a evidenciarse, no flaquea pese a las continuas frustraciones generadas por sus líderes políticos, los mismos que hace un año declararon de forma unilateral una república catalana de la que nada se sabe. Humo. Hay frustración, mucha, pero también una sólida determinación apuntalada en el instinto primario del 'conmigo o contra mí'. El humo siempre nubla la vista, pero ante el «enemigo», siempre hay que cerrar filas con los tuyos, por muchas decepciones que sigan generando. Da igual lo que digan o lo que hagan. Son los nuestros. Se llama fe ciega y en Cataluña se cuenta por cientos de miles, como pudo comprobarse en la manifestación que por la tarde abarrotó la Diagonal pidiendo «hacer la república» y exigiendo la «libertad de los presos políticos y la vuelta de los exiliados».

El 11 de septiembre fue el mejor preludio de ese otoño caliente de movilizaciones que todos barruntan con el juicio del procés en a la vuelta de la esquina. El sol golpeó sin piedad durante toda la jornada, durante la Diada más política que ha vuelto a evidenciar la fractura política y social de una Cataluña de 7,5 millones de habitantes y un censo electoral de 5,5. Hoy, «casi un millón», según la Guardia Urbana, se congregaron a lo largo de seis kilómetros de la Avenida Diagonal. El resto, los más, optaron por celebrar esa otra Diada que no vestía la 'samarreta' color coral diseñada para la ocasión, ni portaba esteladas, ni lucía lazos amarillos. Cataluña también es esto.

Una afluencia similar a la Diada del año pasado pero lejos del récord

C. Reino.-El millón de personas que según la Guardia Urbana de Barcelona se manifestó ayer por las calles de Barcelona es una cifra similar a la de la Diada del año pasado. A pesar de la división en el movimiento independentista, de la decepción por la frustrada declaración de independencia y la falta de una estrategia clara de los líderes del proceso, el secesionismo mantiene el pulso y vuelve a alejar el fantasma del pinchazo. En esta ocasión, los presos han actuado de elemento movilizador.

La 'Diada del sí', celebrada en 2017 un mes antes de los hechos de octubre (1-O y la DUI de 27-O) registró una afluencia de un millón de personas, según la Policía municipal barcelonesa y 350.000, tomando como referencia los datos de la Delegación del Gobierno. Este organismo gubernamental en cambio evitó ofrecer cifras oficiales. Podría decirse que el millón de asistentes se ha estabilizado como constante. La Diada del año pasado llegaba tras un ligero bajón en 2016 (800.000), aunque su diseño descentralizado dificultó el recuento. La manifestación independentista más numerosa hasta la fecha sigue siendo la de 2014. Tuvo lugar en plena escalada del proceso, cuando el Gobierno catalán aún no sabía cómo organizaría el 9-N y 1,8 millones de personas empujaron a Carme Forcadell a gritar aquello de «president, pon las urnas». El año anterior, en 2013, 1,6 millones, según los Mossos, participaron en la cadena humana, y en 2012, la primera gran manifestación, se saldó con una afluencia de entre millón y medio y 600.000 personas.

Hoy, sin embargo, el relato volvió a escribirlo un independentismo que sigue cerrando filas contra el Gobierno español en un contexto «muy grave y absolutamente excepcional por la falta de libertad», como denunciaron los organizadores, la Asamblea Nacional Catalana, que aprovechó la ocasión para dar un doloroso tirón de orejas a sus líderes. «El Parlament debería plantearse si está preparado para sostener la declaración de independencia. Si es para hacerlo como el pasado 27 de octubre, no. Declararla si no la puedes sostener es un error», admitió horas antes de la manifestación Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC. «Cataluña no es una república, es evidente», zanjó.

Luego, durante la arenga final del acto, tuvo para todos. Repartió de lo lindo. Primero, arrametió contra la «represión y la violencia» del Gobierno español, un Estado capaz de convertir un derecho, el de votar, en un delito», censuró. Pero también tuvo palabras para las formaciones independentistas, a quienes pidió unidad política para materializar la república en lugar de actuar guiados por los intereses partidistas. «No queremos ser el mito de Sísifo (ensayo de Albert Camus basado en la metáfora de un esfuerzo inútil), no queremos que nos envieis dónde estábamos. Os pedimos que nos tratéis como adultos. Os pedimos rigor» lanzó. Respecto al juicio del 'procés', advirtió de que lo convertirán en «un bumerán contra el Estado español».

Esteladas, imágenes de Oriol Junqueras y lazos. / Agencias

Desde primera hora de la mañana, el independentismo inundó las calles del barrio Gótico, donde sus bares hicieron su particular agosto. Llegaron más de 1.500 autobuses de todos los puntos de Cataluña con familias ataviadas con el kit del buen independentista. Camiseta, mochila, abanico o una 'samarreta' para niños. (muchos bebes la llevaban). Costaba 15 euros, de los que seis se quedaron en las arcas de la ANC para «seguir haciendo república».

«El coral es un homenaje al color de las bridas de las urnas del referéndum del 1 de octubre, que tenían la función de sellar su los votos y garantizar su seguridad y transparencia de la votación», explican desde la organización. «Está confeccionada y estampada íntegramente aquí», aseguran. Una apostilla nada casual. Los nuestros.

La manifestación fue una demostración de fuerza con una particular 'performance' que vivió su momento álgido a las 17.14 horas, en recuerdo de la toma de Barcelona en 1714 por las tropas borbónicas. El silencio se apoderó de la Diagonal, dividida en 37 tramos. En uno de los extremos, en Glorias, se lanzó un cohete que dio paso a una «ola sonora» que fue avanzando de forma progresiva hasta la zona del Palacio Real, donde un muro con diferente simbología como el artículo 155 o un naipe con el rey al revés y la fecha del 3 de octubre (fecha del discurso de Felipe VI), fue derribado «gracias a la fuerza de la gente, que es la que implementará la república catalana».

«No nos rendiremos. Jamás. Ni olvido, ni perdón. Tengo 76 años y a estas alturas de la vida, como comprenderás, no voy a permitir que haya presos políticos por venganza», advertía Marcel Morera en los aledaños de la Diagonal. Hay quienes hablan a la defensiva. «Ahora contad que hemos estado cuatro gatos, como siempre», lanzó un joven que se coló de forma inesperada en la conversación.

Los gritos de 'Independencia', 'Libertad para los presos políticos' o 'Ni un paso atrás' dominaron la partitura de una manifestación en la que pudieron verse muchas ikurriñas y banderas escocesas. Este tipo de movilizaciones son el paraíso del 'merchandising'. Cualquier cosa que uno pueda imaginarse, allí estaba. Por cierto, no había banderas de la Unión Europea, el club del que los independentistas quieren formar parte, pero sin estar a rebufo de España. Nada de banderas, pero sí críticas por los «vergonzosos silencios» de Bruselas.

Manifestantes durante la Diada.
Manifestantes durante la Diada. / Lluis Gene (Afp)

El final de la movilización estuvo protagonizado por un rosario de intervenciones, como la del abogado de la consejera huida a Escocia, Clara Ponsatí. «Franco estaría orgulloso de esta España», zanjó entre vítores. Barra libre. Aamer Anwar llegó a decir que el Gobierno sacó «tanques a la calle».

Desde 2012, la manifestación convocada por la ANC domina el relato de una Diada que la oposición constitucionalista no considera suya. Ni Ciudadanos ni el PP participaron en la agenda floral al monumento de Rafael Casanova que se celebró a partir de las nueve de la mañana. Sí lo hizo el PSC o los comunes con Ada Colau al frente. La alcaldesa de Barcelona no acudió a la manifestación, pero sí portó el lazo amarillo. «Como cargo institucional, es mi obligación mencionar las ausencias. Será imposible desbloquear la situación con esta gente en la cárcel», advirtió.

Un Manneken Pis catalán

El Manneken Pis, la estatua más conocida del centro de Bruselas, vistió hoy la indumentaria tradicional de pastorcillo catalán, con una barretina y un fajín rojo, en una acción promovida por el Casal Català de la capital belga con motivo de la celebración de la Diada.

Unos cincuenta miembros de esta asociación que agrupa a catalanes residentes en Bélgica acudió a un acto con la responsable de la delegación de la Generalitat en Bruselas, Meritxell Serret, y el exconsejero Lluís Puig, en el que cantaron el himno de Cataluña, 'Els Segadors', y se fotografiaron con el pequeño niño de bronce.

Esta estatua, que representa a un niño orinando, cambia su indumentaria unas cien veces al año y recientemente ha vestido, entre otros, el traje tradicional segoviano o el uniforme de los 'Diablos Rojos', la selección de fútbol belga, con motivo del Mundial celebrado en julio pasado.

El Manneken Pis de Bruselas ataviado como un pastorcillo catalán.
El Manneken Pis de Bruselas ataviado como un pastorcillo catalán. / José Villalgordo (Efe)

Independentistas lanzan pitura y botes de humo contra los juzgados

Participantes en la marcha organizada por la izquierda independentista este martes al mediodía en Barcelona, coincidiendo con la Diada, han lanzado pinturas de varios colores y botes de humo al edificio de la Jefatura de Policía, en la Via Laietana. La Asociación Profesional de la Magistratura (APM) también ha denunciado el lanzamiento de pintura contra la sede de los juzgados en Terrassa.

La manifestación de Barcelona, en la que han participado el movimiento juvenil Arran, ha reclamado la libertad de los líderes independentistas encarcelados y ha lanzado proclamas contra las fuerzas policiales. Organizaciones afines como Endavant han publicado vídeos en las redes sociales en los que se ve desplegar una pancarta desde un edificio próximo a la Jefatura de la Policía con consignas como «fuera las fuerzas de ocupación». A su paso por la Via Laietana, donde se encuentra la Jefatura de Policía, se han oído gritos como 'Este edificio será una biblioteca' y se han lanzado botes de humo y pintura, mientras un cordón de los Mossos d'Esquadra custodiaba el inmueble.

Fuentes policiales consultadas por Europa Press han asegurado que este Cuerpo no ha realizado ninguna identificación por estos hechos vandálicos, remitiéndose a las diligencias que pudieran abrir los Mossos d'Esquadra, que era la policía encargada de la seguridad durante la manifestación. Al llegar a la altura de la Catedral de Barcelona han prendido fuego a una pancarta con el lema 'Ninguna agresión sin respuesta'. En la que se habían dibujado los rostros de La Manada, los condenados por una agresión sexual en los Sanfermines de 2016.

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