El Gobierno reabre ahora la puerta a seguir vendiendo armas a Arabia

Protesta de los trabajadores de Navantia. /
Protesta de los trabajadores de Navantia.

La potencial crisis con Riad por la negativa a entregar las 400 bombas pone en riesgoel contrato de 1.813 millones con Navantia

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

El Gobierno busca ya una salida para enmendar su propia decisión de no vender armas a Arabia Saudí. Un gesto -el de paralizar esta semana la venta de 400 bombas de precisión con el argumento de que pueden ser usadas en la guerra de Yemen- que ya ha provocado una potencial crisis diplomática con Riad y que amenaza con graves consecuencias económicas para España. Las autoridades de Riad, según han confirmado diversas fuentes diplomáticas, ya han dado a entender que el veto a la entrega de los proyectiles podría tener consecuencias directas en el contrato firmando con Navantia para construir por 1.813 millones de euros cinco corbetas de guerra.

El aviso, de acuerdo con estas fuentes, es serio. Arabia Saudí en las últimas horas ha hecho saber que está dispuesta a estudiar la posibilidad de dejar en papel mojado «todo o parte» del contrato que, tras casi tres años de laboriosa negociación, firmó con Navantia el pasado julio para construir los cinco barcos de guerra (400 millones de dólares cada uno).

Una adjudicación que supondrá una carga de trabajo global de alrededor de casi siete millones de horas para los astilleros de la Bahía de Cádiz, Ría de Ferrol y Cartagena y su industria auxiliar.

Los trabajadores de Navantia de San Fernando de Cádiz, los astilleros en los que recae la principal carga, salieron a la calle, incluido el corte de la autovía CA-33, ante el temor de que la amenaza de Arabia se haga realidad. El contrato supuso un respiro para esta zona industrial especialmente deprimida, con la generación de 6.000 puestos directos e indirectos, buena parte de ellos en la Bahía de Cádiz. (1.100 empleos directos, más de 1.800 de la industria auxiliar de Navantia y más de 3.000 de suministradores).

Las cifras de las posibles pérdidas han hecho reflexionar al Gobierno, que ayer, tanto de forma oficial como oficiosa, dejó abierta la puerta a repensarse su decisión de no vender las bombas encargadas por Arabia y por las que el Ejército español (que tiene el material almacenado en una nave en Aragón) ya ha recibido 9,2 millones de euros, que ahora serían devueltos.

Compromiso

La fórmula que ahora estudia el Ejecutivo es conseguir de las autoridades de Riad se comprometan de manera formal a garantizar que esas bombas de precisión no serán empleadas bajo ninguna circunstancia en Yemen. Ese documento permitiría mantener la promesa de no cebar los arsenales contra la población civil y, al tiempo, no poner en riesgo los negocios con Arabia, que es el primer comprador de material militar español fuera de la OTAN con compras de de 270 millones de euros el año pasado.

Pero antes incluso de explorar esa fórmula para salir del atolladero diplomático, el Gobierno comenzó ayer una ofensiva para intentar apaciguar las aguas con la monarquía del golfo. «No creo que exista una crisis diplomática con Arabia Saudí», afirmó la ministra portavoz. «Puede haber un intercambio de opinión y también puede haber alguna discrepancia», admitió Isabel Celaá. «Creemos que se podrá conseguir llegar a una resolución del tema satisfactoria con todas las partes», afirmó la portavoz, quien se mostró esperanzada en que la comisión interministerial que se reunirá en próximas fechas encontrará una salida al embrollo de las bombas y las corbetas.

«Los trabajadores de la Bahía de Cádiz pueden estar seguros de que este Gobierno está con ellos», afirmó Celaá, intentado tranquilizar a los empleados de Navantia.

Fuentes del Gobierno precisaron que no sería en absoluto difícil reactivar la venta de las bombas tras escuchar el dictamen de la comisión interministerial, ya que el contrato sigue en vigor, puesto que no ha habido ninguna «acción formal» para cancelarlo más allá del anuncio del Ejecutivo de su voluntad de frenar la transacción.

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