Ferran, un 'poli' bueno en un mundo idílico

El jefe de los Mossos, Ferrán López./EFE
El jefe de los Mossos, Ferrán López. / EFE

El comisario, en un ejercicio de equilibrismo, llegó a decir que «no hubo absolutamente ninguna discrepancia» entre Mossos e Interior

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Lo de Ferran López este miércoles en el Supremo ya se barruntaba que no iba a ser sencillo. ¿Cómo quedar bien al mismo tiempo con los anteriores y actuales responsables de la Consejería de Interior y con los pretéritos y presentes mandos del Ministerio del Interior? El comisario al que Juan Ignacio Zoido encomendó la dirección de los Mossos tras el 155 y que en la actualidad sobrevive como 'número 2' del cuerpo autonómico sigue siendo, a día de hoy, el más firme puente policial entre Madrid y Barcelona. Una posición nada cómoda que le obligó a hacer equilibrismos durante horas en el Supremo.

López, para no disgustar a nadie (ni a los que se sientan en el banquillo ni a los que acusan) optó por refugiarse en un mundo idílico que solo él vio aquel convulso otoño de 2017. Según el comisario que sustituyó al polémico Josep Lluís Trapero, entre Interior y los Mossos siempre hubo un «ambiente de concordia» durante el procés. Es más, nunca hubo una «quiebra de confianza» entre los responsables policiales del Gobierno central y el Govern catalán. Ni siquiera, de acuerdo con la versión del mando, hubo reproches el 2 de octubre tras los numerosos incidentes del día del referéndum y la supuesta inacción de los Mossos. «No hubo absolutamente ninguna discrepancia» con las fuerzas de seguridad del Estado en las reuniones posteriores a la jornada electoral ilegal, llegó a afirmar el mando de la policía autonómica.

«Problemas técnicos»

El conciliador análisis que hizo López pasó, sobre todo, por no acusar a nadie o más bien culpar a «letales problemas técnicos» de las «suspicacias» que se crearon en esos días entre Interior y los Mossos. Según el comisario, parte de la descoordinación se debió a un error técnico porque se creó un «gestor de eventos» para el 1-O en el que los Mossos registraron 3.900 incidentes pero que no pudo ser consultado por la Policía y la Guardia Civil. El otro gran problema que provocó esa falta de unidad de acción el 1-O fue la negativa a crear un solo centro de coordinación para todos los cuerpos. Tan simple como eso.

Ni rastro de la «desconfianza» entre los policías autonómicos y los estatales que habían narrado hasta ahora todos los testigos, incluido el espionaje de los primeros a los segundos. 

Y es que, siempre según la versión 'azucarada' de López, el único roce policial durante el procés fue el que mantuvieron Trapero y el coronel Diego Pérez de los Cobos, pero aquello fue solo una cuestión de «piel» y de falta « química personal» entre ambos. Nada importante.

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