Dolores Delgado se pone contra las cuerdas por su errática gestión de las grabaciones de Villarejo

La ministra de Justicia, Dolores Delgado. / Efe

Negó que llamara «maricón» a Grande-Marlaska y a las tres horas volvió a matizar para señalar que lo dijo, pero «sin connotación sexual»

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

La gestión de la crisis generada por las grabaciones ilegales realizadas en octubre de 2009 por el comisario José Manuel Villarejo a Dolores Delgado, por aquel entonces fiscal de la Audiencia Nacional, han dejado muy tocada a la ministra de Justicia. Y lo peor de todo, con la sensación de que las próximas revelaciones de sus encuentros privados con Villarejo y otros funcionarios -«Me he reunido tres veces en mis 25 años como fiscal», admitió este lunes pese a que una semana antes había negado la mayor- van a seguir complicando su confusa línea de defensa para salir de este embrollo.

Una bola que no para de crecer con el paso de los días y que amenaza su permanencia en el Ejecutivo pese a los mensajes de confianza que le transmiten sus compañeros. Incluso el agraviado este martes por sus palabras homófobas, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quiso zanjar la ofensa con un cariñoso abrazo a su colega Delgado -«lo importante no son las palabras, sino los hechos», explicó- en el Senado. Una cámara dominada por el PP que ayer reprobó a la ministra de Justicia tanto por su gestión de la defensa legal del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, demandado en Bélgica por los líderes independentistas procesados, como por los audios y su supuesta relación con el comisario Villarejo.

La inseguridad que exhibe Delgado para salir de este asunto tan escabroso es su principal talón de Aquiles. Este martes lo volvió a demostrar con su comparecencia en un desayuno informativo, organizado por el Club Siglo XXI en Madrid, y la nueva matización que solo tres horas después tuvo que hacer su equipo ministerial de lo que ella dijo.

El hecho es que, poco después de levantarse con el segundo capítulo de los audios difundidos por el diario digital 'Moncloa.com', que comenzó su actividad la semana pasada, coincidiendo con el inicio de las informaciones sobre Delgado, la ministra de Justicia tenía la oportunidad pública de zanjar el asunto, o al menos tratar de intentarlo. Pero no pudo. Y volvió matizar. La quinta vez en solo ocho días.

El caso es que la ministra aseguró a los presentes que «no se refería» a su compañero Grande-Marlaska -en 2009 magistrado de la Audiencia Nacional- cuando identificó al juez como «maricón» en una comida que fue grabada por Villarejo en un restaurante de Madrid, a la que asistió invitada por el exjuez Baltasar Garzón y en la que se encontraban otros tres jefes policiales.

«Las grabaciones se cortan y se pegan, y no voy a consentir que ataquen mis principios» Dolores Delgado

Delgado aseguró que habló con el agraviado para explicar lo sucedido, que en ningún caso hablaba de él con la mención de «maricón» y que «nadie» que la conozca sabe que es así. «Es amigo mío y le quiero, no quiero hablar de mis sentimientos hacia él», justificó, entre emocionada y nerviosa. «No tenemos lo audios completos, sino que parece que están solapados, pegados. Las grabaciones se cortan y se pegan, y no voy a consentir que ataquen mis principios», reiteró, sembrando la sombra de la manipulación en los audios conocidos.

«Llevo 25 años como fiscal y he coincidido con Villarejo tres veces», recordó. «Respecto de mí se han dicho barbaridades, tales como que había participado en un expediente de extradición (del naviero español Ángel Pérez-Maura). Hubo un desmentido absoluto por parte de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Aquel primer ataque se paró, pero ahora surgen las grabaciones de una comida en la que participé hace nueve años», expuso Delgado.

«Insulto fuera de contexto»

Frente a las diferentes versiones sobre este hecho, la ministra defendió que «no ha habido ningún cambio» y que ha ido dando las explicaciones oportunas según iban surgiendo las noticias de sus supuestas relaciones con el comisario jubilado. Pero parte de sus palabras en el desayuno informativo se las llevó el viento solo tres horas después, cuando desde el ministerio precisaron que no quiso negar que la expresión «maricón» se refiriera a Grande-Marlaska. En realidad, afirmaron, que el «desafortunado» calificativo fue «un insulto fuera de contexto» que no se empleó, ni mucho menos, como «expresión homófoba referida a su condición sexual».

Otra prueba más de que Delgado ha demostrado hasta la fecha la incapacidad para colocar su mensaje. Ello pese a estar detrás un siniestro policía de 66 años, en prisión provisional desde hace casi 11 meses por varios delitos, que ha decidido exhibir toda su fuerza intimidatoria difundiendo las grabaciones obtenidas de forma subrepticia a lo largo de su carrera. Ya fueran políticos, empresarios, policías, jueces, fiscales o incluso periodistas.

Precisamente, el único sostén de la ministra es que si Pedro Sánchez cede y la deja caer se entendería que el Gobierno se arrodilla ante la estrategia extorsionadora de un excomisario en prisión por sus actividades parapoliciales con fines lucrativos. De ahí que los mensajes del Ejecutivo sean de momento de apoyo.

«(Se va a defender) perfectamente se va a mantener en el cargo», aseguró ayer la vicepresidenta Carmen Calvo. «Tiene confianza plena», añadió la portavoz gubernamental, Isabel Celaá, que también cree que los audios del excomisario están «manipulados».

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