La última fuga de un Houdini entre rejas

La última fuga de un Houdini entre rejas

El historial de Santiago Izquierdo Trancho, el preso huído en León el pasado lunes 30, guarda un rosario de episodios más propios del cine que de una vida en la cárcel

N. BARRIO León

A Houdini nunca se lo ponían fácil. Ya podían atar su cuerpo con cadenas, meterlo en un saco, cerrarlo con mil llaves... que no había manera. Siempre salía, por difícil que fuera el número. Siempre había ese resquicio, ese truco que le hacía salir airoso de una situación que para el común de los mortales hubiera sido sinónimo de infarto.

La noticia

Ninguna gracia hubiera tenido esposar a Houdini y darle las llaves con las que liberarse. El truco, si se pudiera llamar así, quedaría en una chufla.

Condenado a 138 años de prisión, Santiago Izquierdo Trancho tenía que recorrer este pasado lunes los cerca de 25 kilómetros que separan el Centro Penitenciario de Mansilla de las Mulas del Centro de Insercción Social, situado en el Paseo del Parque de León capital. Salió a las cinco de la tarde y contaba con dos horas para llegar a su destino. Hacía el recorrido en régimen de autogobierno, esto es, sin ser custodiado. Totalmente solo. Pero decidió alargar su independencia aunque su último truco, después de un buen número de fugas, fuera demasiado fácil.

Así lo critican fuentes sindicales. Primó la decisión del juez de vigilancia sobre la opinión de los funcionarios de prisiones y, al no poder gozar de un tercer grado debido a lo abultado de la condena (y a estar en régimen de presos muy peligrosos), Santiago Izquierdo Trancho podía disfrutar de espacios de tiempo más agradables en su cautiverio en el Centro de Inserción Social.

La historia de Santiago Izquierdo a la sombra empezó hace 33 años. El currículum que le mantiene en prisión se resume rápidamente cuando se pregunta a fuentes penitenciarias. «¿Trancho? Menudo 'pieza'...».

Para recordar uno de los intentos de fuga más sonados de Trancho hay que remontarse a 1991. Penal del Puerto de Santa María. Con la ayuda de José Antonio Fernández traman una huida para la que contaban con una sierra para cortar barrotes y sabanas mojadas, con las que se descolgarían para escapar. De película.

Aquella misión fue abortada, pero no sería la última. Trancho no paró entre rejas, llegando a formar parte de los Grupos Armados de Presos en Lucha (como apunta el Diario ABC en fecha del 16/11/91), organización que tuvo contactos intensos con ETA y que tenía el objetivo de denunciar las condiciones de vida del régimen penitenciario.

Dentro de esta trayectoria agitada a la sombra, el preso ahora huido declaró en numerosas ocasiones contra los funcionarios de prisiones por, a su juicio, limitar sus derechos y posibilidades, todo ello en un rosario de amenazas de muerte que el aseguraba eran mutuas.

Los medios también dieron cuenta de que, junto a un grupo de presos muy peligrosos, fue trasladado a la prisión de Sevilla-2. Allí, tras hacerles las pertinentes radiografías, se le incautaron una navaja y las llaves de unas esposas. «Las llevo por autodefensa, ¿usted cree que en esa situación iba uno a pensar en fugarse?», declaró después.

Otro de los capítulos sonados de Trancho se desarrolló en Alicante. En la prisión del levante español secuestró junto a otro compañero a varios funcionarios con el fin de llevar a cabo un ajuste de cuentas con otro interno. Según se relata en el mismo periódico, pero en el 87, dijeron a los vigilantes lo siguiente: «Tenemos que matar a alguno. Quietos, porque puede pasar algo». Y vaya que si pasó. Mataron a la víctima, en un año en el que también fue pillado con los barrotes de su celda serrados y con pinchos escondidos en lugares tan inesperados como un radiocassette, cigarrillos o libros.

Solo en León, las fuentes consultadas relatan al menos dos intentos de fuga. En una ocasión logró llegar al tejado de la prisión, siendo capturado.

Ya en la cárcel de Mansilla de las Mulas, Santiago Izquierdo realizó un agujero en el techo con los mismos fines, aunque idéntico resultado. El fugado fue también uno de los líderes del motín que en 1991 sufrió la cárcel de Herrera de la Mancha (Ciudad Real).

Finalmente, en el verano de 2018, con 52 años de edad (la misma que tenía Houdini cuando ejecutó su último truco), Trancho está a la fuga. Tras errar todos los trucos anteriores, no falló en el número más sencillo.

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