La radicalización del asesino de París cuestiona el sistema de detección terrorista

El fiscal antiterrorista, Jean François Ricard (c.), hoy en rueda de prensa./Afp
El fiscal antiterrorista, Jean François Ricard (c.), hoy en rueda de prensa. / Afp

El ministro del Interior, Christophe Castaner, dijo el día del ataque que el comportamiento del agresor «no había desatado ninguna alerta»

PAULA ROSASPARÍS

El ataque fue planificado. El agresor mantenía contactos con movimientos salafistas y una visión «radical del islam». Había justificado delante de un colega los atentados de Charlie Hebdo de 2015. Había empezado a llevar una vestimenta conservadora para visitar la mezquita. Ya no quería tener contacto con mujeres. Los signos de radicalización se habían multiplicado, pero nadie en el mismo corazón del servicio de inteligencia de la Policía, donde trabajaba Mickael Harpon, lo había detectado.

La radiografía que hizo el fiscal antiterrorista del ataque del pasado jueves, que costó la vida a cuatro agentes y del agresor, un informático que trabajaba en la prefectura desde 2003, fue desoladora. No solo por la brutal violencia de lo que ya se puede calificar de atentado terrorista, sino por la confirmación de los graves fallos en el sistema de detección de radicalización dentro de la agencia que se encarga de la lucha antiterrorista. Este sábado se supo que el mismo viernes las autoridades, sin duda alarmadas, enviaron un email de sensibilización a la radicalización a varias administraciones, entre ella la educación nacional, con instrucciones para su detección y denuncia.

La oposición de derechas ha reclamado una investigación parlamentaria sobre lo sucedido y el ministro del Interior, Christophe Castaner, que el día del ataque dijo que el comportamiento del agresor «no había desatado ninguna alerta», se encuentra ya en el centro mismo de lo que a todas luces se convertirá en una tormenta política.

Harpon entró en una tienda, donde compró dos cuchillos de hoja metálica, uno de 33 centímetros y otro más pequeño, de los que se usan para abrir ostras

Todo sucedió en apenas siete minutos pero no se trató, como se pudo pensar en un primer momento, de un acto de locura, sino de una acción premeditada y ejecutada con determinación. El análisis de las cámaras de videovigilancia registraron cómo Harpon salió del edificio de la prefectura a la hora de la comida, entró en una tienda cercana, donde compró dos cuchillos de hoja metálica, uno de 33 centímetros y otro más pequeño, de los que se usan para abrir ostras. Regresó a la prefectura dando un pequeño rodeo para, según Jean François Ricard, esconder los cuchillos.

Recorrido sangriento

El fiscal no explicó ayer cómo consiguió introducirlos sin que se detectaran, pero sí detalló, minuto a minuto, el recorrido sangriento que Harpon hizo por el interior de la prefectura, donde consiguió asesinar a cuatro compañeros y herir gravemente a una quinta, que ya se encuentra fuera de peligro. A unos los degolló y a otros los cosió a puñaladas. La autopsia habla de una «extrema violencia».

Ya en el patio de la prefectura amenazó a un policía armado, un joven que estaba de prácticas y llevaba menos de una semana de servicio, pero que mantuvo la sangre fría y consiguió neutralizarlo cuando Harpon se abalanzó sobre él. En siete minutos acabó todo.

Por la mañana, reveló ayer el fiscal, había intercambiado 33 mensajes de texto con su esposa, todos ellos de contenido religioso. El último que le envió ella decía, al parecer, «Allahu akbar (dios es el más grande), sigue a nuestro profeta bien amado, Mahoma, y sigue el Corán». La detención de la mujer se ha prolongado durante otras 48 horas. De las declaraciones de ayer de Ricard se deduce que la esposa, que en el interrogatorio ha dicho que su marido tuvo un comportamiento incoherente la noche antes del ataque y «escuchaba voces», podría haber estado al corriente de los planes de su marido.

Harpon, de 45 años y nacido en Martinica, se había convertido al islam hace una década y no recientemente, como se había filtrado en los últimos días. Últimamente había tenido contactos con personas del movimiento salafista, que están siendo investigados. Cómo pudieron pasar inadvertidos todos esos signos a las redes de detección de los servicios de inteligencia, donde trabajaba el propio asesino, deberá ser ahora objeto de escrutinio.