El Papa defiende el «don» de la independencia de Letonia ante la amenaza de Moscú

El papa Francisco./Afp
El papa Francisco. / Afp

Francisco pide acabar con la situación de semi apartheid que sufre la significativa minoría rusa de los países bálticos e integrarla con sus diferencias

DARÍO MENOREnviado especial a Vilna

Lituania, Letonia y Estonia tienen el miedo en el cuerpo desde que Rusia se anexionó la Península de Crimea en 2014 e intervino en las regiones orientales de Ucrania. Lamentan lo cerca que están de Moscú y de sus tanques y lo lejos que sienten a sus socios de la Unión Europea y de la OTAN, que no terminan de tomarse en serio la angustia que genera en las tres repúblicas bálticas el expansionismo de Vladímir Putin. En Letonia, la segunda etapa de su gira por estos países, el papa Francisco se ha hecho este lunes eco de estos temores al apoyar sin fisuras su independencia y libertad frente a la amenaza rusa. Animó a la población a defender estos «dones», como hicieron las generaciones anteriores en los años de opresión durante el nazismo y el comunismo. Es una tarea «que implica a todos», dijo en el discurso que dedicó a las autoridades letonas en el Palacio Presidencial de Riga.

No vino solo el mensaje que lanzó Jorge Mario Bergoglio a Moscú para tratar de parar los pies a cualquier veleidad intervencionista. Lo combinó con una advertencia a los letones y estonios para que dejen de marginar a sus importantes minorías rusas, a las que algunos ven como una peligrosa 'quinta columna' que puede favorecer una nueva dominación rusa. En Letonia son un 37% de la población, mientras que en Estonia suponen el 25%. Lituania presenta una mayor homogeneidad y sólo un 6% de sus habitantes son rusos. En la multitudinaria misa que presidió en el santuario de la Madre de Dios en Aglona, el epicentro del catolicismo letón, Francisco pidió dejar de lado «rencores y desconfianzas» ante la historia de «desencuentro» que todavía está «dolorosamente fresca». También invitó a rechazar el retorno de «modos de pensar» que invitan a desconfiar de los otros y sostienen que «habría más seguridad si estuviéramos solos».

No es nada fácil la situación de los ciudadanos de origen ruso que se quedaron en Letonia y Estonia tras la disolución de la Unión Soviética. Se calcula que hay 330.000 personas en territorio letón y estonio que viven en un semi apartheid pues no pueden votar y tampoco se les permite trabajar como funcionarios, policías o militares. Francisco exigió poner fin a estas restricciones y no pagar con el vecino de casa la rusofobia generada por la anexión de Crimea. «Siempre cuesta la armonía cuando somos distintos, cuando los años, las historias y las circunstancias nos ponen en modos de sentir, pensar y hacer que a simple vista parecen opuestos», reconoció durante su homilía en la misa de este lunes en Aglona, donde propuso construir «la unidad en la diversidad».

Para comprender el miedo que genera en los habitantes de los países bálticos la nueva actitud de Rusia resultan esclarecedoras las palabras de Sigitas Tamkevicius, arzobispo emérito de Kaunas que se pasó cinco años en cárceles y campos de trabajo por divulgar propaganda antisoviética. «Estamos muy cerca de Rusia y no podemos dejar de temerla. El miedo está ahí. Nuestro vecino es muy difícil de entender», explicó. Tamkevicius se presentó como un optimista y dijo que no creía que fuera a estallar un enfrentamiento, «pero si ocurre, nosotros seremos los primeros porque estamos más cerca». En una insólita declaración para un prelado, pidió que la OTAN aumente su presencia en los países bálticos. En la actualidad hay 1.200 militares de la Alianza Atlántica desplegados en Letonia, otros tantos en Lituania y 800 más en Estonia. «Nos sentiríamos mucho más seguros con más soldados», reclamó Tamkevicius.

En Letonia, Francisco recordó este lunes a otro eclesiástico con una historia de represión a sus espaldas. Se trata del obispo letón Boleslavs Sloskans, enterrado en el santuario de Aglona y que fue perseguido por el régimen comunista y enviado a los campos de Siberia. Destacó que Sloskans siempre pidió a los suyos que no se dejaran llevar por los deseos de venganza. El Papa se encontró con otros héroes de la resistencia antisoviética en la catedral de Riga, de los que aplaudió que se dejaran «el cuerpo y el alma» en su oposición a los totalitarismos aunque ahora malvivan olvidados por la sociedad y con pensiones ridículas. El «supuesto tren de la libertad» por el que tanto lucharon los ha condenado «al furgón de cola», lamentó Francisco.

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