Trump amenaza con el cierre indefinido

Donald Trump. /Efe
Donald Trump. / Efe

El presidente extendería el bloqueo del Gobierno federal «durante meses e incluso años» si no logra la financiación para el muro en la frontera con México

CAROLINE CONEJERONueva York (EE UU)

El cierre parcial de la Administración federal de EE UU continúa sin solución a la vista después de las amenazas del presidente, Donald Trump, de extender la crisis «durante meses o incluso años» si no ve satisfecha su demanda de que los contribuyentes paguen el muro con México. Tras una reunión tensa con los dirigentes demócratas y republicanos del Congreso de más de dos horas, en la que ninguna de las partes se movió un milímetro de sus posiciones, el liderazgo opositor que encarnan Nancy Pelosi y Chuck Schumer acusó al mandatario de mantener como rehenes a los funcionarios para obligar al legislativo a aceptar sus exigencias.

El bloqueo del Gobierno entra en su tercera semana, peligrosamente cerca del récord de 21 días alcanzado en una situación similar con Bill Clinton de presidente. Las negociaciones, se dijo hoy, continúan durante el fin de semana con grupos de trabajo que tendrán una única misión: trasladar a la opinión pública la ilusión de una Administración comprometida en la búsqueda de una solución cuando realmente ninguna de las partes está dispuesta alterar sus posiciones en esta pugna política.

Las dos piezas de legislación demócrata aprobadas la noche del jueves en la recién constituida Cámara de Representantes, que no incluyen fondos para el muro de Trump, contemplan un paquete de financiación que reabriría todas las agencias del Gobierno. Un segundo bloque de fondos a corto plazo normalizaría el Departamento de Seguridad Nacional hasta el 8 de febrero. Aunque los términos de esta normativa no difieren de la aprobada hace unas semanas por el Senado republicano, el líder conservador, Mitch McConnell, confiado en su renovada y holgada mayoría de 53 a 47 en la Cámara Alta, eligió la estrategia de esperar a que el presidente halle por sí solo la salida de una crisis que él mismo creó.

En las filas republicanas del Senado, sin embargo, la disensión crece a medida que el cierre se prolonga. El vicepresidente Pence llamó personalmente a varios senadores republicanos para presionarles a no apoyar la legislación de los demócratas, en un intento de contener la creciente ansiedad, especialmente por parte de los dos legisladores que enfrentan la reelección este año. Cory Gardner (Colorado) y Susan Collins (Maine), de Estados que Trump perdió, ya se han declarado dispuestos a respaldar el presupuesto de la oposición aunque no incluya fondos para el muro. Y el republicano Pat Roberts (Kansas) anunció que deja la Cámara Alta.

Determinada a reabrir el Gobierno, Nancy Pelosi señaló que con su obstinación con el muro el presidente pretende ocultar a su electorado sus políticas de destrucción (de las percepciones de jubilación, los seguros públicos de salud Obamacare, Medicare y Medicaid, el medio ambiente y muchas de las medidas sociales que benefician a las clases medias).

Subida para altos cargos

La Casa Blanca, que intenta ofrecer una imagen de liderazgo en la resolución de esta grave crisis, escenificó su propia comedia la víspera en la sala de prensa, con la aparición sorpresa de Trump dispuesto a competir por la atención mediática que la noche del jueves estaba volcada en el nuevo Congreso. Sarah Sanders, cuyas comparecencias como portavoz son cada vez más infrecuentes, convocó con sólo tres minutos de antelación y el reducido grupo de periodistas que permanecía en la mansión presidencial fue testigo de la primera visita de Trump a la sala de prensa en dos años de mandato.

Flanqueado por tres exmiembros de la Patrulla fronteriza con las cabezas rapadas y tono amenazador, y exhibiendo un bronceado artificial de tono naranja oscuro, el presidente dejó a sus invitados que hablaran en tono de emergencia nacional sobre la necesidad del muro para proteger la frontera.

Al tiempo que más de 450.000 funcionarios se ven forzados a trabajar sin cobrar y las familias de unos 800.000 afectados por el cierre no saben cómo llegarán a fin de mes, el vicepresidente Pence y cientos de altos cargos son premiados con una subida de 8.700 euros, que coincide con el anuncio de congelación salarial para los trabajadores federales aprobada por Trump.

 

Fotos