Un incendio deja un centenar de muertos en Bangladés

Equipos de bomberos inspeccionan los escombros tras una lucha de horas para apagar el incendio. / EFE

Un almacén con productos inflamables seconvierte en un infiernopara los residentesdel barrio antiguo de la capital, Dacca

ZIGOR ALDAMADacca

No es difícil imaginarse una gran catástrofe en las calles de Dacca. El caos que caracteriza a la capital de Bangladés, la enorme densidad de población de su casco histórico, la total falta de medidas de seguridad, y los rudimentarios medios con los que cuentan los bomberos y los equipos de rescate son los ingredientes perfectos para el desastre. Se demostró una vez más a las once y media de la noche del miércoles, cuando un almacén que contenía numeroso material inflamable prendió fuego y se convirtió en un infierno para los residentes de cuatro edificios colindantes, en los que, aparentemente, también se guardaban productos químicos.

Las diferentes explosiones causadas por estos materiales, sumadas a las que se produjeron en el tendido eléctrico, hicieron que incluso los viandantes y quienes cenaban en los pequeños restaurantes de los alrededores resultasen afectados. Al menos 78 personas perdieron la vida hasta anoche y se teme por la de algunos de los heridos que han sufrido quemaduras o una intoxicación grave por la inhalación de humo. Hospitales como el Medical College de Dacca, uno de los principales centros para el tratamiento de quemados, ya estaban saturados antes del accidente y ayer recibieron decenas de pacientes, por lo que la situación en muchos de los centros médicos es desesperada.

Los bomberos tardaron una hora en desplegar sus efectivos debido al intenso tráfico de la ciudad

Afortunadamente, el Gobierno anunció que correrá con todos los gastos del tratamiento de las víctimas, y que las familias de los fallecidos recibirán 20.000 takas (212 euros) para costear sus funerales. «Hemos entregado ya los cadáveres que hemos conseguido identificar», afirmó ayer el director de Medicina Forense del Medical College Hospital, Shohel Mahmood. «Desafortunadamente, algunos cuerpos no se podrán identificar nunca y en otros casos los familiares no podrán recibir el cuerpo completo de sus allegados», añadió.

Las imágenes capturadas por diferentes vecinos de Chawkbazar muestran cómo los bomberos, que tardaron casi una hora en desplegar todos sus efectivos por culpa del intenso tráfico de la ciudad, tuvieron graves problemas para combatir las llamas. En algunos casos se tuvieron que formar cadenas humanas para sujetar las mangueras, ya que las callejuelas son demasiado estrechas como para permitir la entrada de los camiones, y las imágenes revelan también cómo la gente hizo lo que pudo con baldes de agua que sirvieron de poco y pusieron en peligro más vidas.

Triste precedente

«Las llamas se propagaron muy rápido», contó Mohammad Firoz, un vendedor de perfumes, al servició en bengalí de la BBC. Escuchó cómo explotaba un transformador y vio cómo eso provocaba que un minibús comenzase a arder. La reacción en cadena continuó con el estallido de un cilindro de gas y, a continuación, con otro estruendo en una empresa de químicos. El hermano de Firoz, empleado de una farmacia, bajó la persiana cuando escuchó las detonaciones. «Temo que haya muerto dentro. Todavía estoy buscando su cuerpo», dijo.

«El accidente de Chawkbazar es una repetición del ocurrido anteriormente en Nimtoli», reconoció el ministro de Sanidad, Zahid Malik, recordando el fuego que en 2010 se cobró la vida de 124 personas en otra abigarrada zona del casco antiguo de Dacca.

Ahora, una investigación tendrá que determinar las causas del fuego y, sobre todo, las autoridades deberán decidir qué hacer con el millar de fábricas y de pequeños talleres que llevan a cabo actividades peligrosas sin licencia -los negocios fueron prohibidos tras el incendio de Nimtoli- en uno de los barrios más poblados del mundo.