Maduro desoye los llamamientos a dejar el poder y Guaidó promete más movilización

El autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó. /Reuters
El autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó. / Reuters

El dirigente chavista arremete contra España y dice que no acepta «el chantaje ni del Gobierno, ni de Aznar ni de Borrell»

E. BAO AGUIRRE

La oposición de Venezuela recibió la autoproclamación de Juan Guaidó como «presidente encargado» como un soplo de esperanza en su larga batalla por descabalgar del poder a Nicolás Maduro. Pero tres días después de un paso político que su protagonista sustenta en la Constitución bolivariana, pero divide a la comunidad internacional, la sangría de migrantes continúa. Cerca de 40.000 venezolanos cruzan cada día la frontera con Colombia y, según las organizaciones encargadas de atenderlos, «los números están creciendo» porque «la gente no sabe lo que va a pasar».

No resulta fácil aventurarlo en un momento en que a la hiperinflación y la escasez de lo más básico se suma a un absoluto caos político, representando por la coexistencia de dos 'presidentes', que atribuyen su poder a otras tantas asambleas legislativas y reclaman para sí el respaldo de amigos poderosos.

Nicolás Maduro se presentó este viernes ante la prensa en apariencia tranquilo, después de que la víspera el Ejército y el Tribunal Supremo, sus dos grandes pilares internos, le reiteraran su lealtad. El dirigente que asumió su segundo mandato el día 10 se mostró tranquilo, incluso animado, en un momento en que la oposición desafía su poder con aliados de la talla de la Casa Blanca y de países de la zona como Colombia, Brasil o Argentina.

A los llamamientos de todos ellos para que salga del palacio de Miraflores, Maduro respondió con desprecio desde su «fortaleza moral y política». «El camino no es la bala, no es la amenaza, el golpe de Estado que se está viviendo», reprochó a Guaidó y a sus 'padrinos' de Washington, después de que 'The Wall Street Journal' publicara que el «presidente encargado», horas antes de declararse como tal, habló por teléfono con el vicepresidente de EE UU, Mike Pence.

«Hay oportunidad. Haga historia, Trump. Cambie toda esa política equivocada», reclamó dirigiéndose al inquilino de la Casa Blanca. Probablemente necesitará algo más que palabras en apariencia conciliadoras para torcer la voluntad del presidente estadounidense Donald Trump, quien este sábado envía a su secretario de Estado, Mike Pompeo, al Consejo de Seguridad de la ONU para impulsar una condena del líder chavista. En Nueva York se avecina una sesión tormentosa porque Rusia anticipó que rechazará cualquier intento de conceder legitimidad a Guaidó.

Además de desafiar a Washington, Maduro cargó con dureza contra la Unión Europea y en particular contra España. La exigencia compartida por el bloque comunitario de que debe convocar elecciones libres, bajo supervisión internacional y de inmediato, no entra en sus planes. Como ocurrió en episodios anteriores de desencuentro con Madrid, el líder chavista recordó el respaldo de José María Aznar al golpe contra Hugo Chávez en 2002 y clamó que él «nadie» la amenaza. «Y si quieren irse, que se vayan con su embajador. No nos calamos (aceptamos) el chantaje de nadie, ni del Gobierno español, ni de José María Aznar, ni de (Josep) Borrell», aseguró un Maduro que anunció ejercicios para «las fuerzas militares» entre el 10 y el 15 de febrero porque «han dicho que van a meter a los marines en Caracas».

La actitud de Maduro aportó escaso aliento a la oposición, que sí pudo exhibir la reaparición de Juan Guaidó. Ante cientos de seguidores en la plaza central de Chacao, en Caracas, el jefe de la Asamblea de mayoría opositora rechazó «el falso diálogo» que le ofrece el chavismo y reiteró su propuesta: desalojar del poder al «usurpador» y dar paso a un gobierno de transición hacia las «elecciones libres». Para impulsarla confía en una «gran movilización» que difirió hasta la próxima semana.

Como parte de su hoja de ruta, Guaidó ofreció amnistía a los militares que le ayuden, en un intento de quebrar el gran sostén de Maduro. Y prometió que trabaja para que llegue ayuda humanitaria del exterior. El jueves, EE UU prometió 20 millones de dólares (18,3 millones de euros) en cuanto sea posible. Entretanto, sigue, incesante, el éxodo hacia Colombia.

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