Alberto Fujimori, ingresado tras conocer la anulación de su indulto

Varias personas se reúnen en apoyo de Alberto Fujimori. / Mariana Bazo (Reuters)

Había detentado un poder casi absoluto tras dar un «autogolpe» el 5 de abril de 1992

COLPISA / AGENCIASLima (Perú)

La Corte Suprema peruana ha anulado este miércoles el indulto humanitario y ha ordenado la captura inmediata del expresidente Alberto Fujimori, libre desde diciembre tras una polémica decisión del entonces mandatario Pedro Pablo Kuczynski. Horas después, el expresidente ha sido ingresado a una clínica de Lima. Mientras, su abogado ha apelado las decisiones del tribunal.

«El juez giró las órdenes de ubicación y captura contra el expresidente Fujimori a fin de que sea reingresado al establecimiento penitenciario que designe la autoridad penitenciaria», ha señalado el Poder Judicial en Twitter.

Alejandro Aguinaga, médico de Fujimori, no ha ocultado su sorpresa por la noticia. «Vemos que en el Perú no se respeta nada, no se respeta la independencia de poderes, el indulto al presidente Fujimori fue una acción constitucional«, ha dicho indignado a la radio RPP.

Por su parte, Carlos Rivera, abogado de los familiares de víctimas del gobierno de Fujimori que pidieron anular el perdón, ha justificado la decisión de la Corte Suprema.«El indulto de Kuczynski a Alberto Fujimori carece de valor jurídico y por lo tanto tiene que regresar a prisión por irregularidades en el proceso«, ha expresado Rivera, quien también ha señalado que »no se cumplieron los estándares internacionales«.

Problemas de salud

Acompañado por su hijo menor, Kenji Fujimori, el expresidente fue trasladado en ambulancia hasta la Clínica Centenario Peruano Japonesa, en la que ya había estado internado varias veces.Alberto Fujimori tiene problemas crónicos de salud, como hipertensión, arritmia cardiaca y un cáncer en la lengua, que lo llevan a la clínica frecuentemente.

Desde que recuperó su libertad, indultado en la víspera de Navidad de 2017 por el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski alegando razones humanitarias, el exmandatario Fujimori (1990-2000), ingeniero y matemático de profesión, se recluyó a escribir, cultivar plantas en el jardín -una de sus pasiones-, unir a su dividida familia -dos de sus hijos, Keiko y Kenji están peleados - y alternar con sus cuatro hijos y dos nietas.

Este hijo de inmigrantes japoneses pasó más de 12 años preso por crímenes de lesa humanidad cometidos en las matanzas de Barrios Altos (15 muertos, incluido un niño de 8 años) y de la universidad La Cantuta (10 muertos) por un escuadrón de la muerte integrado por militares.

Planes de futuro

«Que la historia juzgue mis aciertos y mis errores», escribió el expresidente con motivo de cumplir 80 años el 28 de julio pasado, en un manuscrito de tono crepuscular enviado a la AFP. En él también expresó su convicción de haber sentado las bases de un país que terminará siendo «líder en América Latina». «En los contados años que me quedan me dedicaré a tres objetivos: unir a mi familia, mejorar en lo que pueda mi salud y hacer un balance equilibrado y sereno de mi vida. Esos son mis tres principales metas al cumplir mi octava década de existencia», añadió.

Conocido como 'El Chino', Fujimori tuvo una fulgurante carrera política. En noviembre de 2000, en medio de una creciente oposición al cabo de 10 años de gobierno, se marchó a Japón, la tierra de sus ancestros, y renunció por fax a la presidencia de Perú.

Había detentado un poder casi absoluto tras dar un «autogolpe» el 5 de abril de 1992, disolviendo el Congreso e interviniendo el Poder Judicial, apoyado en las fuerzas armadas y en una estrategia de su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, eminencia gris del régimen.

Héroe y villano

Fujimori es un «héroe» para muchos peruanos y «villano» para otros. «El gobierno de Fujimori fue el punto más bajo en toda la historia de Perú por la conducta del acusado y por hacer tabla rasa de cualquier tipo de reglas e institucionalidad y normatividad», opinó el sociólogo Eduardo Toche cuando fue condenado. «Para él no existía ningún marco legal, el marco legal era el de su voluntad y la de sus amigos, nada más», dijo a la AFP.

Fujimori cultivó un estilo autoritario de la mano con su perfil de hombre frío, desconfiado, poco comunicativo y calculador. Gobernaba con un criterio de cofradía secreta, rodeado de un pequeño círculo de colaboradores.

«Primero se actúa, luego se informa», solía decir sobre sus principales decisiones. Esa forma de gobernar sin contrapeso de otros poderes del Estado, con control sobre los medios de comunicación -principalmente de las grandes cadenas de televisión cuyos directivos fueron sobornados- abrió las puertas a la corrupción.

Su esposa, Susana Higuchi, se divorció de él en 1994 y lo acusó de haberla torturado.

Fujimori aplicó un modelo económico neoliberal que le valió el apoyo de empresarios, las clases dirigentes y organismos financieros internacionales. Ello le permitió a Perú superar la crisis en la que había caído en el primer mandato de Alan García (1985-1990).

Sus seguidores destacan que también derrotó a la guerrilla maoísta Sendero Luminoso y al guevarista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pero organismos de derechos humanos denunciaron matanzas de civiles inocentes en la lucha antisubversiva.

Uno de los episodios que le dio más rédito político fue el desenlace de la toma de rehenes en la residencia del embajador de Japón por la guerrilla del MRTA en noviembre de 1996. Tras cuatro meses de toma guerrillera, 71 de los 72 rehenes fueron liberados (uno murió). Los 14 rebeldes fueron abatidos en un operativo militar que recibió elogios de muchos gobiernos y cuestionamientos de grupos de derechos humanos, que denunciaron que los guerrilleros fueron ejecutados. Tras renunciar y establecerse en Japón, llegó sorpresivamente en 2005 a Chile, que lo extraditó a Perú, donde fue juzgado y condenado.

 

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