Juncal Rivero: «Cambiaré cosas de Miss España que viví y no me gustaron»

Juncal Rivero: «Cambiaré cosas de Miss España que viví y no me gustaron»
La exmodelo Juncal Rivero. / E. C.

La presentadora, que ganó el concurso en 1984, es la dueña de las versiones masculina y femenina de un certamen que tratará de «modernizar»

ARANTZA FURUNDARENA

Sé que me voy a exigir mucho y que voy a sufrir por ello», aventura Juncal Rivero. Y es que el reto que se ha marcado es enorme. De directora de Miss y Mister España ha pasado a ser licenciataria, dueña absoluta del cotarro... «Voy a intentar modernizar el certamen en algunos aspectos que yo viví y que no me gustaron. Quiero que las y los candidatos se sientan cuidados y protegidos. Que las promesas que les hagamos a los ganadores se cumplan». Y no solo eso. La presentadora se ha propuesto también convertir el concurso en un 'talent show' al estilo de Francia... «Allí lo emite la televisión pública y alcanza un 40% de 'share'».

No es un secreto que aquella niña de Valladolid que iba para bailarina de clásico y acabó convertida en Miss España 1984 sigue imponiéndose a sus 52 años una disciplina férrea. «Creo que sigo teniendo mucho de aquella niña -reflexiona-; no he perdido la ilusión por las cosas, sigo soñando despierta y mantengo esa capacidad que siempre he tenido de vivir en las nubes, pero a la vez atada a la tierra».

El nuevo certamen de Miss España tendrá también un componente solidario, «en la línea actual de las empresas». Y de la propia Juncal, que lleva 34 años colaborando con fundaciones y ONG. Pero algunas se preguntarán si en plena cuarta ola del feminismo tiene sentido resucitar un concurso de belleza... Rivero lo tiene claro. «Este año Miss y Mister España se celebrarán juntos -adelanta-. Y a los candidatos no solo se les va a evaluar por su físico, lo que se pretende es acercarles a su objetivo profesional, que generalmente está dirigido hacia la interpretación, la comunicación, la moda... Por lo tanto, se busca también el talento». Los ganadores recibirán formación durante ese año. Además, puntualiza, «el feminismo defiende que las mujeres podamos mostrarnos como, donde y cuando queramos sin temor a ser enjuiciadas o prejuzgadas, y nadie puede coartar la libertad de una mujer que decide presentarse a un certamen de belleza».

Feminista a su manera, «sin criminalizar a toda la población masculina», Juncal Rivero se considera una mujer privilegiada que ha trabajado en lo que siempre ha querido. Y que también ha sufrido algún tipo de discriminación por su rutilante físico. «Olvido fácilmente, ja, ja, ja... Pero sí, también por esto se sufre», dice con su 1,80 de estatura y sus hechuras de maniquí. Nunca ha sentido el acoso «de una forma clara», pero sí confiesa haber tenido «una ligera sensación durante una reunión con un productor que quería que yo presentase un programa y que al final lo presentó otra mujer».

Rivero soporta la fama con soltura, quizás porque a día de hoy, como ella dice, «se ha quedado en una circunstancia llevadera, que no me genera demasiada presión». Pero confiesa que no sería capaz de aguantar «una vida como la que tienen las grandes estrellas, sometidas constantemente a las opiniones de hasta quien no tiene opinión».

El nuevo certamen, que abogará por la inclusión y admitirá retoques estéticos «que no alteren demasiado la fisonomía natural», es el mayor reto profesional al que se enfrenta esta actriz, que en el fondo sueña con regresar al teatro, su verdadera pasión. Un reciente comentario sobre las modelos de tallas grandes la situó en el punto de mira de las redes sociales y le colgó la etiqueta de 'gordofóbica'. «A partir de ahora que hablen solo los endocrinos», bromea. Y acto seguido confiesa: «Lo pasé fatal. Pero he aprendido a no preocuparme por lo que opinen las personas amargadas que solo buscan su minuto de gloria». Mientras ladran, ella dice cabalgar en sentido contrario... «A mí los años no me están dando serenidad, sino rebeldía; no me aportan paz, sino inquietud». Como madre de un adolescente, al que ha criado en solitario, dice tener «un ángel en casa, con sus pequeñas cosillas, pero con una nobleza que conmueve».

Y por si alguien dudara de su franqueza, remata: «Me gustaría poder decir que he ganado en sabiduría y todas esas cosas que dicen las grandes mujeres. Pero no, creo que he aprendido poco y que no soy ejemplo de nada. Sin embargo, le doy gracias a la vida porque lo que he conseguido tengo con quien compartirlo... Y lo único que me ha importado perder por el camino tenía nombre y apellido».