El euro, un escudo contra la incertidumbre

De izquierda a derecha. Wim Duisenberg, Jean-Claude Juncker y MarioDraghi./
De izquierda a derecha. Wim Duisenberg, Jean-Claude Juncker y MarioDraghi.

A pesar la última crisis, España ha conseguido una estabilidad de precios e intereses nunca vista en su historia

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

A quienes recuerdan la llegada de los billetes y monedas de euro, en enero de 2002, les vendrá a la cabeza el redondeo de precios que sufrió la economía en aquellos meses: lo que hasta entonces valía 100 pesetas se llegó a relacionar con un euro (en realidad, 166,386 pesetas). El redondeo -no tan abismal- se extendió en todo tipo de compras, siempre al alza, provocando indignación entre la ciudadanía que no terminaba de ver los beneficios de la moneda única.

Dos décadas después, casi nadie se plantea los supuestos beneficios de que España abandone el sistema. Es una de las economías más beneficiadas de pertenecer a un club que le ha otorgado estabilidad, algo que el país no tenía hasta entonces ni en cuanto a precios (las devaluaciones de los años 90 fueron constantes) ni en tipos de interés como los de las hipotecas. «Si hubiera caminado sola, España habría salido perjudicada», explica Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo de Economistas.

Ese es el argumento que los expertos esgrimen para defender los beneficios de la divisa comunitaria a pesar de algunos 'peros' como el repunte inicial de precios que o «la pérdida de soberanía económica», según Pedraza. Ahora, las grandes decisiones que influyen en la economía se deciden en la sede del Banco Central Europeo (BCE) de Fráncfort (Alemania). Primero con el germano Win Duisenberg, primer presidente del BCE; después con el galo Jean-Claude Juncker; y ahora con el italiano Mario Draghi, cuyo mandato termina este año.

La pérdida de soberanía monetaria ha sido el peaje a pagar a cambio de estar en el club de la zona euro

Ese es el peaje que España ha tenido que pagar a cambio de contar con la protección del sistema. «Hemos tenido unos intereses medios y una inflación tan bajos como nunca antes en nuestra historia», indica Pedraza. Las decisiones de política monetaria no siempre se han adaptado a las necesidades del país, como ocurrió hasta 2008, cuando los tipos subieron hasta el 4,25% por las necesidades alemanas, el capitán verdadero de la zona euro.

Sin embargo, «la seguridad» es la clave que determina los beneficios de la moneda, explica Javier Niederleytner, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros del IEB. «Han desaparecido los riesgos de fluctuación y los costes de cambio de monedas y se ha reforzado el mercado único con una economía estable en beneficio de todos», indica.

Este experto relata algunos de los beneficios como «las oportunidades que han tenido las empresas, un mercado financiero más integrado, un mayor peso de la UE en la economía mundial e incluso un signo tangible de identidad europea». Y ello, con una prima de riesgo que se mueve en niveles más controlados, salvo años de excepción como 2012.

Otra de las ventajas ha sido «la libre circulación de capitales que ha reducido las barreras de entrada para muchos negocios y ha permitido descentralizar» su actividad, según explica Joaquín Robles, analista de XTB. Este experto considera que «la fuerza conjunta de todos los países ha generado unos mejores acuerdos comerciales, ya que no es lo mismo negociarlos individualmente».

Ayudas desde Fráncfort

Además, Robles considera que al unirse las diferencias políticas monetarias de los bancos centrales de cada país en torno al BCE se ha ayudado a «amortiguar los distintos ciclos económicos» de los territorios que componen la zona euro. Y ello ha ocurrido tanto en las etapas de bonanza como en las de recesión.

Los expertos consideran que ante una crisis de tal envergadura como la vivida en esos años, el BCE pudo aplicar un programa de estímulo monetarios común para solventar la situación. «Hay que recordar las ayudas, a través de estímulos, que ha realizado el BCE, porque si no es por ello, la economía estaría perdida», recuerda Antonio Pedraza.

En 2012, en plena crisis, el presidente del BCE, Mario Draghi, pronunció cinco palabras que se convirtieron en un revulsivo: «Haremos lo que haga falta», dijo, para salvar el euro. Desde entonces, ha inyectado miles de millones en compras de deuda pública y privada, ha rebajado los tipos a mínimos del 0% y ha servido de soporte para aguantar una crisis que España no habría soportado por sí sola.

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