Estabilidad entre brumas

Pedro Sánchez se abraza con Josep Borrell./AFP
Pedro Sánchez se abraza con Josep Borrell. / AFP
ANTONIO PAPELL

Tras la potente movilización del 28-A, ayer la participación, más moderada, en municipales y autonómicas reveló cierto cansancio, que no deja de ser lógico porque, aunque muy relevantes, los asuntos que se dirimían no eran tan trascendentales. La participación en las europeas ha subido mucho sin embargo con respecto a las de hace cinco años porque entonces se celebraron en solitario, pero nos equivocaríamos si apreciáramos un entusiasmo súbito por Europa en el electorado. Un electorado que ha consolidado el liderazgo del PSOE al otorgarle cuatro puntos y medio más que en las generales (hasta el 33,2%) y al hacerle vencedor en 10 de las 12 comunidades en que había elecciones (todas excepto Cantabria y Navarra).

En realidad, el 28-A ya señaló un tranquilizador periodo de estabilidad de cuatro años, que tan sólo será interrumpido por las consultas en las comunidades históricas (en Cataluña en breve), de manera que ayer quienes se jugaban realmente mucho eran los partidos políticos, y eso importa poco a la ciudadanía.

El problema del sistema de representación está ahora en la división de la derecha, después del surgimiento de VOX y del deslizamiento hacia la derecha de Ciudadanos, que ahora trata de competir con el PP en la hegemonía conservadora. Así las cosas, después del hundimiento del PP en las elecciones generales del mes pasado, el liderazgo de Pablo Casado dependía de los resultados de Madrid, Castilla-León, Rioja y Murcia, las comunidades en las que gobernaba, y en alguna de las cuales —Madrid— los candidatos fueron elegidos entre personas de su total confianza.

El PP ha mejorado claramente en las europeas, pasando al 20,3% de los votos desde el 16,7% de las generales. La derecha que encabeza ha ganado en la Comunidad Autónoma de Madrid y ha recuperado el Ayuntamiento capitalino. Se mantiene en alguno de sus feudos históricos (Málaga) y ha perdido otros (como Castilla-León y Santander), pero no cabe hablar de empeoramiento. Casado se da un respiro.

En Podemos, la frágil posición de Pablo Iglesias, que ya experimentó un fuerte revolcón en las generales, dependía de su papel en las elecciones territoriales. El retroceso se ha acentuado, ya que se ha dado un gran batacazo en las europeas (UP ha conseguido 6 escaños, cuando en 2015 IU y Podemos lograron 11), y a su vez ha perdido varias ciudades emblemáticas —como Barcelona y Madrid— y gran parte de su representación autonómica. Es claro que esta precariedad le resta fuerza a Iglesias para reclamar su entrada en el gobierno de Pedro Sánchez, por lo que es cada vez más verosímil el modelo portugués, de pactos programáticos entre el PSOE y UP.

Vox, por su parte, ha caído al 6,3% en las europeas desde el 10,3% de las generales. Pero seguirá siendo una fuerza decisiva en pactos 'a la andaluza'. En Madrid, sin ir más lejos.

Cuando ha concluido por completo el ciclo electoral (siempre con la excepción mencionada a de las comunidades históricas), y a luz de los resultados de ayer, la síntesis de lo ocurrido puede esbozarse así: el PSOE se fortalece y adquiere comodidad territorial para gobernar el cuatrienio con soltura y sin sobresaltos. El PP se rehace levemente y mantiene el liderazgo claro de la derecha, lo que le brinda indudables posibilidades de recuperación: hay que reconocer que Casado ha frenado la cuesta abajo. Ciudadanos, por su parte, mantiene su atonía y tiene ya muy difícil convertirse en el primer partido de la oposición puesto que no lo ha logrado cuando el PP estaba en sus horas más bajas.

Madrid capital queda finalmente en manos de la derecha, Barcelona abandona la frágil entelequia de los Comunes y se hace separatista de la mano de Ernest Maragall… Quiere ello decir que la estabilidad que se presagia sucederá sobre la base de un PSOE reconstruido y firme, y entre las brumas de la renovación del PP y la reflexión interna y probable implosión de Podemos. Todo ello, con el conflicto catalán al fondo. Ahora sólo falta que se encajen totalmente las piezas, se culminen los pactos que acaban de quedar sugeridos en las urnas y la nueva legislatura eche andar, con ideas e iniciativas. Falta nos hace a todos un periodo de trabajo sosegado y sereno, impulso legislativo y modernizador, y tiempo para encarar y resolver los conflictos.