La banca y Fridman, condenados a entenderse

El Consejo de Administración de Dia, al comienzo de la Junta General de Accionistas celebrada el miércoles. /R. C.
El Consejo de Administración de Dia, al comienzo de la Junta General de Accionistas celebrada el miércoles. / R. C.

El grupo de inversores rusos que ganó la junta se reunirá esta semana con los acreedores para ganar tiempo hasta resolver su OPA

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

«Hay varias opciones y hay margen». En las pocas cosas en las que ahora mismo parecen estar de acuerdo tanto el primer accionista de Dia como el consejo de administración y, a su vez, la banca acreedora es que, pese a «los exigentes plazos a los que se enfrenta» la compañía para no quebrar, aún existen movimientos que se pueden realizar e incluso, llegado el caso, favorecer un aterrizaje 'suave' en un preconcurso voluntario que podría retirarse de la misma forma unilateral.

En realidad, el grupo de distribución que posee la tercera mayor cadena de supermercados del país ya estaría en quiebra técnica desde el miércoles pasado, cuando la junta general de accionistas aprobó las cuentas de 2018 que arrojan un patrimonio negativo de 166 millones de euros (98 millones en la matriz). Fue el resultado del «peor año de Dia desde su creación» -como reconoció el consejero delegado, Borja de la Cierva- tras sufrir unos números rojos de 352,6 millones frente a los 101 millones que ganó en 2017.

Ahora tiene un plazo de dos meses para retornar ese saldo a términos positivos, algo que según los responsables de LetterOne -la sociedad instrumental de un grupo de inversores rusos que controla el 29,1% de Dia y aspira a hacerse con la mayoría- se podría resolver «con varios mecanismos contables» que, sin embargo, no han llegado a precisar. Uno sería la reducción de un pasivo que se ha disparado a 1.452 millones de euros, entre deuda financiera y emisiones de bonos. Pero ni el principal socio de la compañía está dispuesto a una amortización parcial anticipada, ni las entidades bancarias aceptarían algún tipo de quita.

Así las cosas, la reunión que ambas partes prevén mantener a principios de esta semana probablemente no arroje acuerdo alguno, aunque sí puede servir para reducir «diferencias de criterio». La primera será dejar claro que a ninguno les interesa, a priori, llegar a la fase concursal -antes de un concurso formal podrían pasar seis meses- ni que la banca cambie sus posibles créditos impagados por acciones. El precedente de Pescanova, finalmente reflotada pero tras un arduo camino, no entusiasma precisamente al Santander, que encabeza a los acreedores.

Tampoco BBVA, JP Morgan, Barclays y Société Générale parecen tener 'vocación' de accionistas. Pero igualmente no quieren provisionar 'sine die' esos préstamos -podrían verse obligados a cubrir el 25% si los clasifican «en vigilancia especial», detrayendo ese dinero de sus beneficios anuales- ni malvenderlos a fondos oportunistas, aunque probablemente alguna entidad termine recurriendo a esta solución.

La banca acreedora pretende de LetterOne, cuyo principal socio es el magnate Mikhail Fridman -el octavo mayor millonario de Rusia-, algún compromiso, sobre todo si éste mantiene su exigencia de 'congelar' la deuda hasta finales de marzo de 2023, período en el que no habría reducción del principal pero tampoco de los intereses. Las entidades financieras aceptarían lo primero, pero rechazan lo segundo si el primer accionista de Dia no se implica más de su propio bolsillo.

Un crédito y no de la banca

Para ello el grupo de inversores rusos debería sufragar un préstamo participativo de entre 100 y 150 millones para sacar a Dia de su causa oficial de disolución, esto es, devolver su patrimonio a terreno positivo. Incluso algunos bancos exigirían que, al igual que LetterOne se niega a poner «un solo euro más de dinero nuevo» hasta ver si triunfa su oferta pública de adquisición (OPA) -que podría ser aprobada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) antes de Semana Santa-, tampoco aproveche la ampliación de capital posterior por 500 millones para recuperar ese dinero.

Otra exigencia de Fridman y sus socios es que se eliminen los ratios de control de deuda conforme al resultado bruto de la compañía y que la banca renuncie a las cláusulas de cambio de control que introdujo el 31 de diciembre, al refinanciar varias líneas de crédito por 896 millones. Es decir, una suerte de pacto de no agresión que, además, supondría que las entidades no le suban los intereses pese a que en el próximo lustro no reciban dinero de Dia.

La lista de peticiones de LetterOne a la banca se cierra precisamente con una reapertura, la de las líneas de liquidez a corto plazo (vía 'confirming' o 'factoring') que mantenía abiertas con Dia hasta 2018 y que le permitían disponer de hasta 700 millones anuales. Algunas de esas condiciones estaban en el preacuerdo alcanzado por el consejo y las entidades en la víspera de la junta general, pero el rechazo a los planteamientos de los gestores actuales lo convirtió casi en papel mojado.

Varios puntos sí podrían recuperarse, como la nueva sociedad conjunta a la que la cadena transferiría parte de sus tiendas como garantía para la banca. También quieren, antes de firmar un acuerdo, que el equipo de Fridman logre refinanciar los bonos por casi 306 millones que le vencen en julio. Y si el magnate ruso insiste en no amortizar deuda tampoco con el dinero que obtenga de la venta de activos -por las tiendas Max Descuento y Clarel espera lograr no menos de 100 millones-, solo negociaría aplazar los 557 millones que serían exigibles el 1 de mayo.

García-Legaz se perfila como futuro presidente

Sin prisa, pero sin pausa. Jaime García-Legaz tiene muchas opciones de terminar siendo el nuevo presidente de Dia, cargo vacante desde que Ana María Llopis anunciara hace once meses su salida anticipada y la materializara poco antes de que la acción entrara en barrera y se depreciara más de un 90%. Salvo sorpresa, su designación no será a corto plazo -el miércoles la junta confirmó su nombramiento como consejero independiente- y tendrá que esperar, al menos, hasta mayo para ver si el millonario ruso Mikhail Fridman y sus socios se hacen con el 64% del capital, su meta mínima en la OPA que lanzaron en febrero.

Hasta entonces es posible que siga sin cambios un consejo de administración que parece ya de transición, tras ver rechazado en la junta su plan para reflotar la compañía. Pese a ello, fuentes de la compañía descartan dimisiones.

Esperarían a que LetterOne, si logra finalmente la mayoría del capital, reclame al menos seis de los diez asientos en el órgano de gobierno y provoque esas salidas. Podría haber una contraOPA, como ha apuntado el empresario portugués Luis Amaral (2%), pero ni éste ni otros accionistas parecen por la labora de poner sobre la mesa el «precio real» que para ellos tiene Dia: entre dos y tres euros cada título frente a los 0,67 que da Fridman.

El actual responsable ejecutivo, Borja de la Cierva, no seguiría en tal caso, aunque mantiene buenas relaciones con la banca e incluso se valoró su designación presidencial. Como interlocutor con la banca los inversores rusos cuentan con Guillermo de la Dehesa, exresponsable de Goldman Sachs en España y hoy consejero de Santander -el principal acreedor de Dia-, que incluso podría acabar entrando en el consejo.