Draghi se despide penalizando más el capital inactivo de la banca y comprando más deuda

Mario Draghi. /Reuters
Mario Draghi. / Reuters

El presidente del BCE alerta de que el riesgo de recesión económica en la zona euro «ha aumentado aunque aún es débil»

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

Cuando Mario Draghi encaraba el último año de su mandato aún prevalecía la tesis de que antes de abandonar el Banco Central Europeo (BCE), el italiano acometería la que iba a ser la primera subida de los tipos de interés desde 2011. Al fin y al cabo, una de las claves de la política monetaria es conceder estímulos cuando la situación lo requiere, mantenerlos mientras sea necesario, y retirarlos poco a poco sin revolver los mercados. Pero a solo un mes de dar paso a Christine Lagarde, y con los indicadores de crecimiento en caída libre, ha decidido lanzar una última carga expansiva para espolear la economía de la eurozona. El BCE fija una teórica bajada de tipos para los depósitos de los bancos -al ser negativos, en realidad les penaliza- y, desde el 1 de noviembre, volverá a comprar deuda: 20.000 millones de euros al mes sin plazos.

«La desaceleración prolongada de la economía, la persistencia de los riesgos en el comercio mundial y la revisión a la baja de las proyecciones de inflación». Con estos factores justificó el nuevo arsenal anti-crisis que se activará tras sortear la oposición del ala más dura del consejo de gobierno del banco, con esos 'halcones' encabezados por el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, partidarios de esperar porque no ven riesgo de deflación. Por eso Draghi no habló este jueves de unanimidad sino de «consenso amplio», pues tuvo que hacer algún quiebro. Los analistas esperaban que la compra de deuda superara los 30.000 millones mensuales durante al menos un año. Será inferior, aunque a cambio no conlleva caducidad.

Tampoco se pone fecha a la subida del precio del dinero. El interés de referencia seguirá en el 0%, ya no hasta mediados de 2020 como se defendía hasta ahora, sino que seguirá «en sus niveles actuales o más bajos» hasta constatar que las perspectivas de inflación «convergen sólidamente a un nivel suficientemente cercano, pero inferior al 2%».

Y si se tiene en cuenta que las proyecciones cada vez lo alejan más, el horizonte se diluye. El BCE las ha revisado a la baja: ahora habla del 1,2% de inflación para este año y del 1,4% para 2020 y 2021. Una décima menos de lo previsto en junio para 2019 (1,3%) y dos menos para 2021 (1,6%). El crecimiento del PIB también se retraerá una décima este ejercicio (1,1%) y dos el siguiente (1,2%).

El impacto de las guerras comerciales, la incertidumbre del 'brexit', y la mayor debilidad de las economías emergentes están haciendo más daño del previsto, con Alemania en retroceso. «Seguimos pensando que la probabilidad de una recesión en la zona euro es pequeña, pero ha subido», asumió.

Durante su intervención, tuvo que replicar un tuit que Donald Trump hizo coincidir con los anuncios del BCE. En él afeaba a 'su' Reserva Federal (Fed) arguyendo la reducción de la tasa de depósitos del -0,50%. «Perseguimos la estabilidad de precios, no buscamos la devaluación competitiva», zanjó Draghi.

Penalización a los fondos

Esta última medida -pasar del -0,4% al -0,5% el tipo aplicado al dinero que los bancos tienen inmovilizado en el BCE, o sea, pagarán más por ello- se esperaba hace meses. No obstante, desde 2016 no agravaba ese índice, lo que en la práctica penaliza los fondos que las entidades tienen retenidos. El objetivo es que fluyan en forma de préstamos a bajo interés a empresas y consumidores. Pero al mismo tiempo recorta márgenes de beneficio porque los bancos, lejos de recibir algo a cambio de ese capital, son más penalizados. Y de rebote, se perjudica al ahorro.

Un efecto secundario del estímulo que, esta vez, llega con medida correctiva. El tipo se aplicará solo a una parte de esas reservas. No se cargará nada por el exceso y el tipo solo será válido dentro de unos mínimos, precisó el BCE tras hablar Draghi y una primera reacción de caída en las bolsas de los operadores bancarios.

En España todos terminaron en rojo dentro del Ibex, aunque con caídas moderadas al final. Las mayores fueron para Bankia (-1,7%), BBVA (-1%) y Sabadell (-1%), frente a los descensos de apenas medio punto en Banco Santander y Bankinter.

En todo caso, Draghi recordó que más allá de los tipos «la respuesta» a lo que precisa la economía debe llegar de «la política fiscal», es decir, de los gobiernos. Antes subrayó que «las tasas negativas no provocarán el colapso del sistema financiero», e incluso emplazó a los bancos a ponerse las pilas ante retos tecnológicos como las criptomonedas.