La OMC busca su sitio en la era Trump

Sede de la OMC en Ginebra./
Sede de la OMC en Ginebra.

La entidad, que cuenta con 164 miembros, «necesita una reforma porque se ha quedado obsoleta», afirma Federico Steinberg

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

«Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar», tuiteó Donald Trump el 2 de marzo del año pasado, un día después de anunciar aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio. Y con esa frase el presidente de Estados Unidos atentaba contra el espíritu de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la institución internacional nacida después de la Segunda Guerra Mundial para resolver los enfrentamientos comerciales a través de un conjunto de reglas aceptadas por todos sus socios.

Ahora, la decisión de la OMC de permitir a Estados Unidos imponer aranceles a más de 1.500 productos europeos para compensar las ayudas públicas a la aeronáutica Airbus, conocida este miércoles, abre la puerta a una guerra comercial entre las dos orillas del Atlántico que castigará a los exportadores españoles y que, más allá, amenaza con romper el equilibrio comercial logrado en las últimas décadas.

La OMC es la sucesora del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, en sus siglas en inglés), un consenso internacional que firmaron 23 países, entre ellos las grandes potencias mundiales (Estados Unidos, China, Francia y Reino Unido) salvo la Unión Soviética, en 1947. Nació como un «código de buena conducta» que buscaba no tanto liberalizar el comercio internacional como establecer unos criterios básicos para su desarrollo. El número de países que se adhirieron al GATT no dejó de crecer y en 1994 la entidad se transformó en la Organización Mundial de Comercio, que en la actualidad cuenta con 164 miembros.

Las decisiones de la OMC se adoptan por consenso entre sus miembros y después son ratificadas por los Parlamentos nacionales. Las disputas comerciales se tratan en el mecanismo de solución de diferencias, que busca reducir el riesgo de que los conflictos acaben en enfrentamientos políticos o militares.

El investigador principal del Real Instituto Elcano, Federico Steinberg, explica que «la OMC dirime conflictos internacionales y autoriza a otros países a que tomen medidas compensatorias cuando sea necesario, como ha ocurrido ahora con la disputa entre Estados Unidos y la Unión Europea». Pero la presencia de Trump al frente del país más poderoso del mundo lo distorsiona todo. «Es extraño que la OMC decida en contra del comercio internacional, pero actualmente Estados Unidos no tiene ningún interés en solucionar los problemas comerciales mediante el diálogo multilateral», resalta Steinberg, que sitúa la guerra comercial que impulsa el Gobierno norteamericano en la idea de Trump de socavar las instituciones internacionales, como la OTAN o la relación trasatlántica. «Trump tiene una visión aislacionista del mundo y se está saltando las normas. Además, dice que la OMC no funciona. Todo lo que hace es incompatible con el espíritu de la organización», agrega el investigador principal del Elcano.

Aun así, cree que la OMC «necesita una reforma porque se ha quedado obsoleta en varios aspectos, como lo relativo al comercio de servicios». ¿Sobrevivirá la OMC a Trump? «Es una gran pregunta», resume Steinberg. Pero según algunos analistas, el hecho de que Estados Unidos todavía participe en los mecanismos internacionales y acepte sus resoluciones es una señal de que el país más poderoso del mundo todavía prefiere el multilateralismo al unilateralismo.

Antes de la crisis entre Estados Unidos y la Unión Europea, la institución ya venía tocada. La Ronda de Doha, el intento de reducir los obstáculos al comercio internacional, lleva abierta casi dos décadas sin resultados relevantes. En general, la falta de agilidad a la hora de dirimir las disputas es la gran queja de los países que forman la OMC y el argumento más repetido entre quienes quieren modernizar una institución que vio la luz antes casi del nacimiento de internet.