Trump y el jefe negociador chino se ven las caras este viernes para frenar los aranceles

Donald Trump, en una comparecencia en el Despacho Oval de la Casa Blanca. /EFE / EPA
Donald Trump, en una comparecencia en el Despacho Oval de la Casa Blanca. / EFE / EPA

La Casa Blanca se prepara para dar otra vuelta de tuerca con nuevas medidas de presión al gigante asiático que podrían desestabilizar a los mercados

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

El día había empezado mal, pero un tuit de Donald Trump le dio la vuelta a los mercados. «Gran día para las negociaciones con China. Quieren hacer un trato pero, ¿quiero yo? Mañana (por este viernes) me reúno con el viceministro en la Casa Blanca». Wall Street lo interpretó con optimismo. Si se leían las hojas del té, o sea, el 'South China Morning Post', la decimotercera ronda de conversaciones que empezó el martes iba tan mal que el viceprimer ministro chino y jefe de los negociadores, Liu He, había decidido volverse antes de tiempo. Pero si se miraban las redes sociales, el pacto para evitar que el día 22 entre en vigor la nueva ronda de aranceles estaba tan avanzado que Trump y Liu lo sellarían este mismo viernes en el Despacho Oval.

Las dos cosas pueden ser verdad. Liu confirmó a la agencia estatal Xinhua, uno de los principales medios del gigante asiático, que «el lado chino ha venido con gran sinceridad y está dispuesto a hacer serios intercambios con EE UU en materias como el desequilibrio comercial, la protección a los inversores y el acceso a los mercados, así como promover el avance de las consultas». Una ratificación de que los asiáticos habían llegado en son de paz y dispuestos a comprar tiempo con una nueva prórroga para implementar los temidos aranceles que esgrime Trump.

Por su parte, 'The New York Times' publicaba que la Casa Blanca cree que la amenaza de los aranceles no resulta tan efectiva como esperaba. Por eso se prepara para aumentar la presión con una serie de medidas que van desde atosigar a las empresas chinas que cotizan en Nueva York, usando demandas de transparencia imposibles de cumplir, hasta interrumpir el flujo de capitales de Hong Kong a la capital china con la excusa de que no se respeta su autonomía. Hasta los Institutos Confucio que operan en las universidades de Estados Unidos podrían sufrir.

Una vuelta de tuerca más que, según la política de palos y zanahorias, llega acompañada varias ofertas para tentar a las partes a hacer concesiones. China podría dar lo que Trump más necesita, a poco más de un año de su reelección: la compra de cultivos de soja que agradecerían los agricultores estadounidenses, claves en su electorado. Y éste, a su vez, podría conceder una serie de licencias tecnológicas a gigantes chinos como Huawei, vetados en el mercado estadounidense.

Si China hiciera suficientes concesiones, sus asesores aconsejan a Trump que revierta una parte de los aranceles impuestos a productos chinos por valor de 360.000 millones de dólares. A finales de año, cuando el 15 de diciembre entre en vigor la última ronda anunciada, esta cifra podría alcanzar los 500.000 millones.

Sería un acuerdo de mínimos con el que ganar tiempo, especialmente para China, que no quita ojo al proceso de 'impeachment' a Trump. Un trato de más envergadura tendría que incluir un acuerdo de divisas, salvaguardas de protección intelectual para las firmas estadounidenses y mayor acceso a los mercados chinos, entre otros puntos anquilosados sobre los que no parecía haber aún acercamiento. De ahí que el magnate se pregunte si le conviene aceptar ese acuerdo de mínimos.

La otra cara de Trump

La sorpresiva invitación al Despacho Oval que recibió el viceprimer ministro chino podía haberle hecho cancelar el órdago de adelantar la partida hacia su país. No hay duda de que Liu se enfrentará este viernes a la cara seductora con la que Trump suele endulzar sus tácticas de matón, pero tampoco de que los chinos conocen el valor de sus propias cartas.

Según el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, el r podrían desestabilizar unos mercados financieros que este jueves se mostraron optimistas con subidas generalizadas, y dañar al propio electorado de Trump, mientras que los chinos tienen suficiente demanda (interna y mundial) para contrarrestar su impacto. Algo de lo que Trump puede no ser tan consciente porque «se ha ido deshaciendo de las personas que sabían algo de economía y ni siquiera escucha a la panda de ignorantes que le queda», advierte este economista.