La inesperada crisis de Yamaha

Jorge Lorenzo, tras su caída en los entrenamientos del Gran Premio de Alemania. /
Jorge Lorenzo, tras su caída en los entrenamientos del Gran Premio de Alemania.

Lorenzo suma 7 puntos en las tres últimas carreras; Márquez, 65

BORJA GONZÁLEZ

«Si no hubiera llegado Bridgestone ahora tendría más títulos», llegó a afirmar Jorge Lorenzo durante los entrenamientos de pretemporada en Malasia en una entrevista con el portal Motorsport.com. Durante el invierno todo parecía indicar que para el título de 2016 iba a ser una pelea de todos contra el mallorquín, que se había adaptado a la perfección a los nuevos neumáticos Michelin. Mientras en la acera de enfrente, en Honda, se devanaban los sesos tratando de encontrar la solución a unos problemas técnicos que amenazaban con poner en un brete a sus pilotos y para los que la fábrica iba a contar con muchas limitaciones debido a que su epicentro estaba en el motor, una pieza de desarrollo prohibido por el reglamento.

La encrucijada hacía inimaginable pensar que a mitad de temporada Marc Márquez iba a llegar como sólido líder, con casi dos carreras de ventaja sobre Lorenzo y con 59 puntos respecto a Valentino Rossi. En el caso del italiano, con mucha mayor capacidad de adaptación a las diferentes circunstancias de cada fin de semana (lluvia, cambios de temperatura, asfaltos con poco agarre) que su compañero de equipo. Además, se han sumado errores que han llevado al español al suelo en un par de ocasiones y una inoportuna rotura de motor en Mugello cuando parecía que suya podía ser la victoria. Ejemplo de esos fines de semana difíciles es lo que se ha vivido en las tres últimas carreras del año: la de Montmeló, con unas temperaturas que desdibujaron a Lorenzo; la de Assen, con lluvia; y la de Sachsenring, con lluvia y frío. Bajo estas condiciones, el actual campeón del mundo ha mostrado una cara desconocida, una falta de competitividad preocupante que ha dejado un sabor amargo en Yamaha. Los máximos responsables de la marca japonesa salieron de Alemania con la sensación de que se había fallado en la estrategia a la hora de encarar el Gran Premio, además de con la preocupación de ver cómo Lorenzo está naufragando en las últimas semanas.

Rossi fue el mejor piloto de Yamaha en el último fin de semana antes del parón veraniego de tres semanas. El italiano sólo pudo finalizar octavo, después de salir tercero. «Si la carrera hubiese sido normal, toda en lluvia, habría podido luchar por la victoria porque me sentía bien con la moto», analizó el italiano. No obstante, 'Il Dottore' sí aceptó que el viernes con baja temperatura en la pista no habían sido capaz de preparar una moto competitiva. «Yo en estas condiciones no voy muy bien», reconoció acerca de la situación que la climatología planteó para la segunda mitad de la prueba, aunque añadió un problema con la moto: «Hay una cuestión técnica en el sentido de que nuestra moto es muy difícil de pilotar cuando la pista está así y no te da sensaciones. No puedes apretar». Por ese motivo las Yamaha decidieron descartar los neumáticos lisos que llevaron a Márquez a la victoria y a Cal Crutchlow al segundo puesto y se decantaron por el compuesto intermedio, con el que los pilotos de MotoGP apenas han trabajado -no existía esta especificación intermedia entre lluvia y seco en la era Bridgestone-.

«Hay que trabajar y ser humildes para saber qué nos pasa, para ser completos, para ser veloces en todas las condiciones y comprender qué me falta para no sufrir tanto en estas condiciones», aceptó un Lorenzo que no traslució mayor preocupación por la situación que se ha planteado en las últimas semanas. Confiado en que todavía hay mucho Mundial por delante, pese a que ahora viva envuelto en un mar de dudas.El discurso reconoce que necesita que vuelvan las condiciones 'normales' (sin lluvia y con la temperatura adecuada), cuando cree poder ser superior al resto, cuando es capaz de sacarle todo el jugo a una moto que pasa por ser la más equilibrada y que en los últimos años se ha diseñado alrededor de su estilo de pilotaje. Aunque es muy difícil esperar que, en las nueve carreras que quedan en 2016, esa normalidad sea la tónica. Se anticipan las posibilidades de lluvia en escenarios como Silverstone, Motegi o Malasia, las altas temperaturas de Brno, Misano o Malasia, o las siempre cambiantes condiciones de un trazado como el de Phillip Island. Porque para ganar un título de MotoGP, un campeonato de regularidad -el punto fuerte de este nuevo Márquez que interpreta de maravilla cuál es su tope cada domingo-, un piloto debe ser competitivo cada fin de semana, pase lo que pase.