Jesús Calleja: «A un rally Dakar no se va por ser famoso»

El leonés Jesús Calleja junto al vehículo que utilizará en la nueva edición del Dakar./
El leonés Jesús Calleja junto al vehículo que utilizará en la nueva edición del Dakar.

El popular aventurero leonés afronta su tercera participación en el rally con un coche 'top' y el objetivo de quedar entre los 25 primeros de la carrera más dura del planeta

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Jesús González Calleja (Fresno de la Vega, León) es de esos rostros populares que muestra por televisión sólo una parte de su trabajo. A sus 54 años afronta la gran aventura del Dakar por tercera vez, al volante de un Toyota Hillux, el mismo que uno de los grandes favoritos, Nasser Al Attiyah. Este año él mismo admite que juega en Champions y que todo lo que sea acabar en el 'top 25' será un éxito, pero sobre todo quiere demostrar que no está ahí por ser 'el de la tele'.

PREGUNTA: Tercer Dakar que hace...

RESPUESTA: Sí, tercero. He pasado del coche que menos corría, un secador de pelo, al mejor coche que hay. Es como si estás jugando en el equipo de tu pueblo y llegas a la final de la Champions League.

P.: ¿Teme que, al ser un Dakar más comprimido, pueda penalizarle más un pequeño fallo o un problema?

R.: No me da miedo nada. Nos han avisado de que el rally va a ser durísimo, que técnicamente va a ser muy complicado y concentrado. Al ser en diez días, tiene que serlo. Han tenido problemas para ajustar el rally entre Chile, Argentina y Bolivia, y al final sólo ha quedado un país, Perú. Para que no quede un rally descafeinado, y digan que no ha funcionado, lo suplen dándole un grado de dificultad extraordinario. De hecho, nos dicen que técnicamente será el más duro de la historia. Eso para mí es bueno. Porque sí, faltan días, pero va a ser muy cabrón. A mí eso me gusta. Las cosas con dificultad me vienen bien, porque nos igualamos un poco más en cuanto a velocidades y en las dunas es donde mejor me defiendo. Te cuento esto, y a lo mejor la preparo: llego así y me caigo en una como Loeb y acabó el rally ahí, como pasó el año pasado. Con este coche hay que tener cuidado, además. Como se lo come todo, te puedes comer un accidente de aúpa... (risas). Estoy adaptándome a correr menos, porque este coche no se sujeta. El año pasado hice la Baja Aragón en 16 horas, y este año la he hecho en seis y algo. He bajado más de la mitad y tengo la sensación de que he corrido menos, porque como el coche era nuevo iba con mucha precaución. Y resulta que he corrido más del doble del año pasado.

P.: Este año estrena copiloto, Edu Blanco, tras unos años con Jaume Aregall. ¿Cómo es el 'feeling' con él?

R.: Jaume Aregall es un amigo. Empecé con él en los rallies por amistad, por motivación de él y porque él me lo enseñó todo del mundo de los rallies. Cualquiera puede ir mejor o peor en el mundo de los rallies, cualquiera. Pero en las dunas no. Y quien me ha hecho amar las dunas, quien me ha contado todos sus secretos y quien me ha hecho domar una duna es Jaume. Tenerle al lado es la seguridad máxima, porque cuando tengo dudas, él me marca con el dedo por allí y, aunque yo nunca hubiera ido por ahí, él sabe más de dunas que yo y le hago caso a ciegas. Este año no le tengo, y tengo a Edu. Me va a faltar esa seguridad en dunas que me daba él. Y tiene una frase, que es maravillosa, y que me enseñó mucho: «Detrás de las dunas no hay indios». A veces nos quedamos cortos porque pensamos que vamos a volar la duna, y es muy difícil que pase, y siempre me decía eso: «No hay indios, no te preocupes». Eso me ayudó mucho. Con Edu tenemos muy pocos kilómetros juntos, pero los que he tenido me han parecido maravillosos. Le he visto muy fino y es un copiloto de una experiencia sobrada. Se dedica profesionalmente a ello desde siempre. Como navegante me pareció extraordinario. Ahora cuando nos conozcamos un poco mejor en las dunas, probablemente él coja ese punto que a mí me gusta en el que él ve algo que yo no veo, especialmente en las horas centrales del día y no diferenciamos los relieves. La gente no se da cuenta, pero yo tengo el ángulo que tengo, y cuando subimos una duna no vemos nada, sólo el cielo. Sólo por la esquina de la ventanilla se intuye un poco el borde de la duna. A veces necesito que el copiloto me dé información que yo no tengo, porque él se puede estirar más. Cuando cojamos esto, será perfecto. A mí me gusta que me marque con la mano para ver dónde cortar la duna. Edu y yo hemos practicado bastante esto y nos ha ido bastante bien.   

P.: ¿Ha cambiado algo su rutina de preparación física?

R.: No hago nada distinto, porque ya tengo una obsesión con el entrenamiento durante todo el año. No porque lo necesite, sino porque me gusta. Cuando llegué hace unos días de Marruecos, me cogí la ropa y me fui a hacer 20 kilómetros por la noche corriendo en León, con una helada de miedo. Yo entreno todos los días de la semana. Incluso para mí el descanso es ir al monte, donde o bien corro o bien hago bicicleta. Y entre medias, o me voy a escalar o hago otras actividades. Pero eso es porque me divierte tanto. Por eso estoy tan bien físicamente. No es que esté delgado de no comer, es que me meto unas palizas soberanas. Por eso no me preocupa la condición física en el Dakar. Si físicamente estás bien, mentalmente empiezas a sentirte mejor. Si el cuerpo está bien, la mente está más concentrada, te sientes mucho mejor de coco. Lo único que me preocupa es una avería mecánica. Sólo temo que una avería me deje fuera del Dakar, como las otras dos veces, que eran averías imposibles de reparar en pista. Con este equipo y este coche, entiendo que no va a pasar así. Puede pasar, pero estoy en el coche más fiable en el Dakar. De hecho, este Dakar lo va a ganar este coche en manos de Nasser (Al Attiyah) o un Mini en manos de Carlos (Sainz), Nani (Roma) o Peterhansel.

P.: ¿En qué etapa considera que ya habrá pasado lo más duro de este Dakar?  

R.: Si superamos la etapa maratón, antes de la de descanso, habremos pasado en teoría la mayor complejidad, como el año pasado. Si pasabas Perú, ya tenías pasado lo más duro. Aunque yo lo pasé y me quedé fuera (risas).

P.: Isidre Esteve y Cristina Gutiérrez serán dos que también estarán peleando por entrar en 'Primera', ¿no?    

R.: Estar en esos 25-30 primeros es mi objetivo, pero como dices también es el de Isidre (Esteve) y el de Cristina (Gutiérrez), que estrenan coches nuevos. Isidre lleva un año... Fue noveno en el rally de Marruecos, por ejemplo. Cristina está salvaje, va con unas ganas brutales y tiene un cochazo. Llevan el mismo coche los dos, y yo quiero que lo haga muy bien. Cristina tiene que hacerlo muy bien. Es mi apuesta de futuro para que una mujer española gane el Dakar. Ella o Laia (Sanz) en este momento.    

P.: ¿Volverá a participar en el Dakar en moto?  

R.: Yo empecé con moto, pero lo dejé porque (se va señalando en el brazo) me falta este hueso, tengo una fisura aquí. Este también me lo partí, esta cicatriz es de otra caída... No es que le cogiera más respeto o miedo, porque sigo andando en moto, pero ahora tengo una vida profesional muy activa. Tengo que viajar mucho, muchos compromisos... Y en la moto siempre estás arriesgándote a tener lesiones que te apartarían un tiempo. Y yo no puedo tener esas lesiones ahora, aunque antes las he tenido y no me importaba arriesgarme a ellas. Ahora no. Tengo una responsabilidad clara. Si pongo en peligro el proyecto televisivo, hay mucha gente detrás de mí: una productora, está mi socia... Hay mucha gente. Estoy en el momento más dulce de la televisión en mi vida. Este año me han dado el Ondas a mejor presentador, y estoy muy feliz con lo que hago. No puedo poner en peligro eso.   

P.: Hábleme del Toyota Hilux que va a pilotar.   

R.: Este coche es bestial. Tiene el equilibrio brillante. Unos frenos alucinantes, por ejemplo. Las pastillas van refrigeradas con un sistema líquido que permite hacer una conducción diferente. En un coche normal. Cuando vas a tomar una curva, tienes que ir reduciendo, porque si no, no frenas el coche. Aquí no freno casi nunca, lo hago justo antes del umbral de la curva, con lo que ahorro muchísimo tiempo en reducciones y las velocidades las bajo a lo que me conviene en la salida de la curva. No subirá nada, es muy neutro en las curvas. Tiene unas suspensiones que parece un buggy. ¿Su punto flojo? Que como te encuentres con baches o una frenada muy fuerte, con algún resalto, se levanta el eje trasero. Hay que calibrarlo mucho, y si te pasa, hay que dar todo el gas que puedas para que te saque antes de que te venza la inercia. Este problema también lo tienen los Mini. Son coches de batalla muy corta, tremendamente ágiles en curva y auténticos diablos en las dunas, pero se puede perder el control un poco sobre el eje trasero.

P.: Habrá quien alucine cuando vea que tiene 54 años ya. ¿Cuándo cree que, por ley de vida, le dará el bajón físico?     

R.: No me va a dar, ya verás. Lo que hago es subir el nivel de entrenamiento. Cuando voy a competir con chavales de veintitantos en carreras de montaña de bici, me lo planteo así. Si ellos se entrenan dos horas, yo me entreno cuatro o seis. No me ganan por entrenamiento, y estoy ahí con ellos.

P.: ¿Cómo se plantea su futuro cuando acabe este Dakar? 

R.: Primero lo tengo que acabar. Si no. Yo no sé si tendría moral ni capacidad ni honestidad para que los patrocinadores vuelvan a apostar por mí, porque hay una inversión. Tengo que demostrarles que puedo estar ahí. Ahora no puedo decir que el coche se rompió. El año pasado llegamos a estar el 38 cuando ya habíamos pasado las dunas infernales de Perú, por encima de coches muy superiores. Fue una forma de decir que yo podía estar ahí con las herramientas adecuadas. Esa es la presión que llevo: no la puedo pifiar ahora. Ahora tengo la herramienta adecuada y tengo que demostrar la posición que me corresponde. Siempre he dicho que no tenía ni coche ni equipo, y ahora sí lo tengo. Veamos de lo que soy capaz. Si no acabo bien o no acabo, me tengo que replantear si tengo que dejarlo. Soy muy cabezón y me gusta terminar los proyectos, pero tengo una preparación y un currículum que me he trabajado mucho. Me lo he currado mucho, y no estoy aquí por ser famoso. A un Dakar no se va por ser famoso. No duras ni un día.

 

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