Así fue el trágico accidente de Niki Lauda

Sufrió graves quemaduras en casi todo el cuerpo. Seis semanas más tarde, volvió a las competiciones

El 1 de agosto de 1976 Niki lauda sufrió el mayor revés de su carrera deportiva y de su vida personal, al ser víctima de uno de los accidentes más recordados en el historia de la Fórmula 1. En el Gran Premio de Alemania, que se corría entonces en el temido circuito del Nürburgring, graves quemaduras en la cara y en el cuerpo.

Esta es la historia de un circuito de más de 170 curvas en las que dejaron sus vidas 135 pilotos en 80 años de historia.

El castillo de Nurburg (siglo XII) ejerce de vigía en la panorámica del circuito. Aquí firmó su última gesta el inmortal Fangio, ganando el quinto título mundial que tardaría décadas en ser superado por un hombre de la tierra, como Michael Schumacher. La exigencia que procuraba a los pilotos era impensable en la actualidad. Además de por su longitud, por la presencia de cambios de rasante en los que los coches y motos -las primeras competiciones fueron motociclistas- volaban varios metros antes de aterrizar no siempre de un modo ortodoxo, las mismas máquinas que se enfrentaban a desniveles de hasta el 27%. Buena parte del trazado fue visitado también por el ciclismo en 1927, el año de su inauguración, con motivo del Campeonato de Mundo.

Sociopolíticamente, supuso un respiro para una Alemania quebrada que trataba de resarcirse de las secuelas de la Primera Guerra Mundial. Deportivamente, pocos han sido los visitantes de Nurburgring que mostraran aprecio público por el bautizado como «Grüne Hölle» (infierno verde). Con la modernización de la F-1 tampoco acabó por ser un escenario reconocido. Su excesivo recorrido complicaba un seguimiento mediático más allá de lo anecdótico y los equipos no sabían a qué atenerse al toparse con zonas anegadas por la tromba suministrada por alguna nube caprichosa mientras el resto del trazado estaba seco y quizá un par de kilómetros más allá se oscurecía fruto de una repentina neblina. Eso sí, sus triunfadores eran elevados al rango de héroes.

Eran otros tiempos- Los mismos del vetusto Spa-Francorchamps, donde la tragedia se podía haber teñido de comicidad de no haber mediado vidas humanas. Como la perdida por Mike Taylor al golpear un pájaro su casco y hacerle perder el control del coche. O cuando Helmut Marko se quedó tuerto tras recibir el impacto de una piedra que le atravesó la protección en Clermont Ferrand. En Nurburgring hay censados 135 duelos. Uno más pudo haberse contabilizado y al no hacerlo se cobró la continuidad de la F-1 en el límite de las tierras de Renania.

Rodeado de fuego

1 de agosto de 1976. Llueve. Niki Lauda lo tiene claro. Arriesga y monta gomas lisas. En la segunda vuelta pierde el control en la curva Bergwerk, se empotra contra los protecciones y vuelve a la pista envuelto en llamas. Tras él aparecen Merzario, Edwards, Ertl y Lunger. Éste le remata. El piloto vienés agoniza rodeado de fuego y sus cuatro rivales, más un policía, se convierten en sus ángeles de la guarda. Llega vivo de milagro al hospital, con medio cuerpo quemado y los pulmones abrasados. Lo de menos eran los huesos rotos. ¿Fue él quien surgió del incendio para seguir viviendo o lo hizo ya convertido en un fantasma? Cuarenta días después acababa cuarto en Italia con las vendas empapadas de sangre.

El piloto austriaco volvió a la vida. Pero en el kilómetro 11 del Nordschleife rubricó el cese del negocio. Adiós al histórico Nurburgring. Fin a la era de los Caracciola, Ascari, Fangio, Surtees y Stewart, quienes lograron ganar dos veces seguidas o tres alternas. Lo de ahora es otra cosa. Un circuito funcional y, como tal, aburrido.

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